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El valor de las cosas

Decir a estas alturas que la economía es una disciplina muy compleja sería descubrir el mediterráneo. Uno de los aspectos que restulan muy llamativos y curiosos es la teoría del valor. Hay una pregunta esencial que trata de responder esta teoría, que no es otra que la siguiente: ¿De dónde procede el valor económico de las cosas? ¿Qué es lo que hace que una cosa valga más que otra? Lo curioso es que solemos adoptar ante las distintas realidades económicas lo que desde la fenomenología se llama “actitud natural”: pensamos que hay realidades que “valen” más que otras, y que es normal que así sea. Llegamos a pensar que este “valor” es incluso objetivo o natural: es normal y de sentido común que una televisión sea más cara que una manzana, porque entre otras cosas estamos acostumbrados a ir al supermercado y ver el precio de las manzanas.

Sin embargo, esta “actitud natural” no es la más adecuada cuando de conocer los mercados se trata. Por así decirlo, no es objetivo y “normal” que unas cosas valgan más que otras, sino que es el resultado de la acción convencional del ser humano. De hecho, a lo largo de la historia los economistas no se han puesto de acuerdo en qué es lo que determina el valor de una cosa: [1] Marx pensaba que era la cantidad de trabajo necesaria para producir la mercancía. Dicha cantidad se puede medir por el número de horas trabajadas. ¿Basta con eso? Evidentemente no. Entre otras cosas por un motivo central: no todas las horas de trabajo son “valoradas” de la misma manera. Por poner un ejemplo: el trabajo manual o el físico se remunera mucho menos que el trabajo intelectual, lo que tendrá una consecuencia directa: lo que se produce con trabajo “físico” es más barato que aquel producto en el que sea necesario un trabajo distinto.

Otro criterio bien distinto, sería el que relaciona el valor de cualquier mercancía con su oferta y su demanda. La mercancía cuya demanda es muy alta y cuya oferta es escasa resulta ser más cara que aquella cuya oferat es alta y cuya demanda es escasa. ¿Contesta esto al problema contenstado? Me parece que no. Lo que habría que preguntarse es por qué un producto es demandado u ofertado en una sociedad concreta y en un periodo de tiempo concreto. Desmbocaríamos, probablemente, en otro criterio bien distinto: la oferta y la demanda depende de la utilidad. Nadie ofercería cubitos de hielo a los esquimales, ni sistemas de calefacción a los habitantes de un país donde las temperaturas mínimas sean de 20 grados. Por otro lado, estaría la cuestión de si la utilidad es una propiedad objetiva de las cosas, o depende de nuestra apreciación. Como véis, una cuestión tan sencilla como ¿por qué las cosas valen lo que valen? resulta ser bastante más complicada de lo que cabría esperar. Cantidad de horas trabajadas, oferta, demanda, utilidad… ¿Cómo lo véis vosotros? ¿Qué determina el valor económico de cualquier objeto?


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Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Marx: http://www.filosofia.org/hem/dep/lah/ora0106a.htm

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