Pasar al contenido principal

Entrevista a Juanjo Muñoz (I)

Juanjo Muñoz responde a las preguntas sobre educación
Aparece a continuación la primera parte de la entrevista que hemos realizado a Juanjo Muñoz, profesor de filosofía del IES Antonio Domingo Ortiz. Durante unos días los lectores pudieron plantear sus preguntas, y hoy Juanjo ofrece sus respuestas a las preguntas en torno a la educación. La primera pregunta que sirve para abrir la entrevista es la que lanzó Ricardo, que puso sobre la mesa el tema de la figura del profesor, de aquellas buenas prácticas que nos despiertan entusiasmo por las asignaturas y quizás por la docencia. Ricardo la formuló en los siguientes términos: "Remóntate por un momento a tus estudios de B.U.P. y C.O.U. ¿Qué aprendiste de tus profesores/as que hayas llevado a tu práctica docente posterior en el aula y en los despachos""

Respuesta: Quizás mi aprendizaje fue en negativo. Poco, muy poco, salvo algunos compañeros, recuerdo como algo positivo de aquella época. Y Ricardo, que fue compañero de aquella época es, precisamente, uno de esos recuerdos y un presente que mantengo como amigo. Quizás él mismo podría contarnos cómo lo vivimos. Creo que con el tiempo me he ido convirtiendo en el profesor que me hubiera gustado tener y no tuve. Estudiábamos de memoria, en Filosofía no nos explicaron Marx por ser un colegio religioso, teníamos que ir a misa a la fuerza, etc, etc. No me gustaba el modelo que nos ofrecían, de educación y de ser humano, así que creo que, por rebote o reacción, poco tengo que ver con aquello. Eso sí, aprendí mucho de algunos compañeros, unos pocos rebeldes a aquella institución absurda y oscura que poco potenciaba el pensamiento crítico, cuando no lo castigaba. No digo que aquellos profesores fueran malas personas, que no lo eran. Pero sí que eran demasiado sumisos a la dirección religiosa del centro, lo que puede humanamente entenderse en una época en la que no era fácil acceder a un puesto de trabajo. No les guardo ningún rencor. Hicieron lo que supieron o pudieron. Pero, muy mayoritariamente, fue muy poco y muy malo.

Respecto a los despachos, no aprendí nada. Quizás sí, en el mismo sentido de lo anterior, he hecho lo contrario de lo que vi. He intentado ser un director cercano, con la puerta del despacho abierta, accesible. En estos años si algo he hecho por encima de todo es hablar con alumnos, en los despachos, pasillos, patio, en la calle. Uno tiene la sensación y la obligación moral, en cuanto empieza a ejercer el cargo, de no querer alejarse de los alumnos. Eso lo he tenido muy presente, porque viví esa lejanía cuando era alumno.

Una buena iniciativa en tu centro ha sido el Banco Común de Conocimientos (BCC) ¿Podrías explicarnos en qué consiste esta experiencia"

Respuesta: Básicamente, la experiencia, que nos vino propuesta por ZEMOS98, es una idea original de Platoniq. Se trata de aprender de las redes digitales y, sin tecnología, llevar a la práctica lo que éstas han posibilitado: oferta, demanda e intercambio de conocimientos sin otorgar un papel privilegiado a nadie como poseedor del conocimiento que los demás reclaman o necesitan. Se trata de eliminar roles, si se quiere de "desectructurar”, o no sé si deconstruir, la escuela, el currículum, las asignaturas…

Había un grupo de alumnos, llamado grupo-motor, que se encargó de dinamizar el centro para recabar demandas y conectarlas con quien podía satisfacerlas. Con papelitos post-it se construía una especie de mapa de ofertas y demandas, que se satisficieron en la medida que dio tiempo. La idea, en el fondo, es simple: si podemos olvidarnos de las asignaturas un tiempo y saber qué queremos saber y qué podemos enseñar todos en igualdad de condiciones, conseguiremos aprender todos de todos. Es fantástico ver que un alumno puede enseñarle a una profesora cómo se arregla el carburador de una moto, por ejemplo.

No puedo dejar de agradecer aquí el inmenso trabajo que en este proyecto han desarrollado Olivier y Susana, de Platoniq, y todos los miembros de ZEMOS98, especialmente Rubén y Patricia. Compartimos con ellos días inolvidables, y ahí también creo que tejimos una buena red entre nosotros.

¿Cuáles han sido los resultados concretos de este BCC respecto a los alumnos" ¿Ha habido una respuesta positiva"

Respuesta: La respuesta de los alumnos no es que haya sido positiva, es que ha sido fantástica, muchísimo mejor de la esperada. Lo han vivido como una auténtica, fiesta, como una experiencia, nos decían, "única en su vida”. Los resultados concretos tienen mucho que ver con la autoestima mejorada de muchos de ellos, con las redes que se han establecido, con el entendimiento de que pueden autogestionarse entre ellos para aprender, con la idea de que todos podemos aprender de todos.

Y a día de hoy, menos espectacularmente, de una forma más silenciosa, hay un grupo que sigue trabajando en el BCC. Nos reclaman cosas que quieren hacer y les devolvemos la pelota: busca, pregunta, conecta con compañeros, que vosotros podéis hacerlo. En el fondo, el peligro sería que el BCC lo gestionáramos los profesores desde una supuesta posición privilegiada respecto al conocimiento. Ya digo, la respuesta ha sido excepcional y muy emocionante. Todo esto desmonta de una forma clarísima esa vieja letanía docente que circula por ahí afirmando que "los alumnos no quieren aprender nada y no quieren hacer nada”. Pues sí, quieren y quieren mucho. Lo que a lo mejor no quieren es ser los únicos que aprenden en las instituciones educativas ni aprender exactamente lo que nosotros les queremos enseñar y en el momento en que se lo queremos enseñar. Es un error educativo la actual distribución de tiempos y espacios. Eso lo ha demostrado esta experiencia de una forma muy clara y exitosa.

¿Cómo fue la experiencia de presentar el BCC en el Simposio de Educación Expandida organizado por ZEMOS98" ¿Habéis logrado que los alumnos se involucren y tomen conciencia de la importancia de compartir el conocimiento"

Respuesta: La presentación fue la guinda final de un proyecto que supuso meses de reuniones y sesiones previas y una semana de intensísimo trabajo en el instituto. En realidad, lo verdaderamente importante no era tanto la presentación como la experiencia previa. En ese momento se trataba de hacer más público aún, de ocupar el espacio del Festival, de presentar en un tiempo limitado algo que habíamos vivido con la seguridad de haber hecho algo grande y novedoso. El Festival fue interesantísimo y pudimos disfrutar en él de propuestas absolutamente geniales. Pero en ese momento aún nos faltaba la distancia necesaria, que vamos teniendo, para darnos cuenta del enorme interrogante que estábamos lanzando sobre el sistema educativo en su conjunto. La Educación Expandida es hacer realidad el lema del simposio: "la educación puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar”. Esto, que evidentemente no excluye a la escuela, sí la sitúa como un agente más en nuestros tiempos, quizás no como el más importante. Necesitamos más festivales como éste y más iniciativas como las de ZEMOS98 en las instituciones académicas. Nos ayudan a abrirnos, replantearnos, revisar, autocriticarnos, vivir otras soluciones educativas.

Por supuesto que los alumnos se han involucrado y tomado conciencia de esa importancia. Sin su actitud hubiera sido imposible hacer nada. Ellos son los verdaderos protagonistas y actores de este proyecto, el resto nos hemos limitado a coordinar e ir progresivamente desapareciendo, porque llegado un momento ellos se autogestionaban casi sin necesitarnos.

En algunas anotaciones de tu bitácora has criticado abiertamente ciertas actitudes del profesorado. Entiendo que la crítica se dirige contra una parte, no contra la totalidad, pero me parece interesante. ¿Cuáles son las actitudes profesionales y docentes que, en tu opinión, representan un obstáculo en la enseñanza"

Respuesta: Por supuesto que la crítica se dirige contra una parte. Cualquier generalización tiene algo de mentira, y soy poco amigo de meter a todo el mundo en el mismo saco. Lo que ocurre es que, esa parte del profesorado contra la que abiertamente voy es normalmente muy ruidosa en los centros de enseñanza. Es decir, los creadores de opinión en las salas de profesores suelen ser los que lanzan mensajes negativos, porque los que triunfan con los alumnos no suelen decirlo tan abiertamente. En realidad, esa crítica solamente pretende que se lo replanteen para que sean más felices. Porque un profesor feliz es un mejor profesor. Alguien tiene que decir determinadas cosas que no son fáciles de decir. Y hay mucha gente, en los blogs y en persona, que me agradece que lo diga yo, y que lo diga alto y claro. Me niego a la autocomplacencia de nuestro gremio.

Esos mensajes negativos de los que hablo, de queja sistemática contra los padres, la Administración, los alumnos, etc, son paralizantes y autoexculpadores. Creo que esos mensajes son una ceremonia de distracción que lanza fuegos artificiales para que no miremos lo principal de la educación: la responsabilidad del profesorado. Hay soluciones, hay recetas. Pero hay poca observación entre nosotros, poca ciencia pedagógica seria y demasiada leyenda urbana y mito educativo. Resumidamente esas actitudes son la queja sistemática, la autoexculpación, la poca profesionalidad, la repetición de tópicos, etc. Todas conducen al mismo mensaje: yo no puedo hacerlo mejor. Creo, por otro lado, que la funcionarización de nuestro gremio, el sistema de acceso y la formación son un auténtico desastre que tendríamos que replantearnos si queremos de verdad mejorar en algo.

Mi idea y actitud básica es dejar de mirar todo lo negativo que hay en alumnos, padres, Administración, etc, y empezar a mirar qué tenemos que cambiar los profesores, porque eso sí está en nuestra mano. Y es muy llamativo observar cómo si cambiamos nosotros, el resto de elementos empiezan a observarse de otra manera. Un ejemplo: si llamamos a las familias con mensajes positivos, y no siempre para hablarles mal de sus hijos, rápidamente notaremos cómo se acercan a la escuela, colaboran, se responsabilizan, etc. Hay ejemplos de éxito, y sigo sin entender por qué no los generalizamos.

En los últimos tiempos, parece haberse convertido en un tema esencial del debate educativo la relación entre el sistema y la sociedad. Por un lado, hay quien afirma que la educación debe compensar desigualdades e incluso ser un factor de dinamismo y cambio social. Otros piensan que la educación no puede sobrecargarse con este tipo de problemas, y que el sistema educativo no puede "hipotecarse" para resolver problemas de carácter social. ¿Cuál es, en tu opinión, la función de la educación" ¿A qué podemos o debemos aspirar al organizar un sistema público de educación"

Respuesta: Tengo muy, muy claro, que soy más educador que enseñante, que me interesa mucho más formar ciudadanos responsables que expertos en asignaturas, sea la que sea. Y debemos aspirar a todos los alumnos, sin excepción ninguna. Siempre he tenido muy presente que somos un Servicio Público, con mayúsculas, que nos debemos a la sociedad, a los alumnos y sus familias. Y no entiendo, por ejemplo, que se pueda organizar un instituto en función de determinados intereses docentes, por ejemplo horarios. Oigo demasiado por ahí que hay "alumnos objetores”, pero muy poco o casi nada que hay instituciones supuestamente educativas que objetan de alumnos, que los expulsan sistemáticamente, que son excluyentes, segregadoras. Hay que incluirlos a todos, individualizar estrategias y formar ciudadanos críticos. No quiero que sepan de memoria la Apología de Sócrates, por ejemplo, sino que tengan voz propia, crítica, fundamentada. De poco sirve la Filosofía si no se lleva a la vida. Y de poco la educación o enseñanza si no formamos ciudadanos, que no es poco ni intrascendente. Supongo que alguno podrá leer en lo que digo una intención de determinado adoctrinamiento ideológico. Y ni mucho menos, no se trata de imponer actitudes ni valores, pero me interesan mucho más los valores que la lista completa de los diálogos de Platón.

Ideológicamente, todo educador tiene que creer, obligatoriamente, que hay un futuro mejor posible y confiar en su alumnado. En caso contrario es imposible hacer nada. Tenemos una gran responsabilidad y una maravillosa tarea: apostar por un futuro mejor. Y ese futuro, indiscutiblemente, es posible. Me revienta leer y escuchar a aquellos defensores del Apocalipsis según San Docente, que afirman la existencia de un paraíso perdido del que el demonio-LOGSE nos expulsó. No, la escuela de antes no era mejor. Era para unos pocos, en otra sociedad mucho más dócil, menos crítica, con menos fuentes de información. Digo a veces más en serio que en broma, que el jamón se democratizó en España a la vez que la escuela, y de lo primero nadie se queja, mientras que de lo segundo se quejan muchos profesores.

Mañana publicaremos la segunda parte de la entrevista, que incluirá las preguntas relativas a las TIC's.

Gracias de nuevo, Miguel. Permaneceré atento, como te he dicho por otro medio, por si tuviera que aclarar algo en algún comentario. ¡Un abrazo!

(1)De acuerdo en la apreciación de que "la crítica ceniza" - paralizante y autoexculpatoria - es tediosa. (2) Casi de acuerdo en que el profesor debe ser públicamente "optimista antropológico" ( "todo educador tiene que creer, obligatoriamente, que hay un futuro mejor posible y confiar en su alumnado") aunque que quizás, para compensar, debe preservar un fondo nihilista y pesimista, evitando así caer en el coro de "viva la gente" (no sé si recuerdan la canción) o en el mundo bambi.(3) Lo de formar ciudadanos, vale, pero si se tiene una visión no prostituida o enriquecida del término y se considera casi sinónimo de "hombres" (u hombre y mujeres). (4)Dice:"No quiero que sepan de memoria la Apología de Sócrates, por ejemplo, sino que tengan voz propia, crítica, fundamentada". Me pregunto: ¿cabe adquirir esa voz - ni más ni menos que propia, crítica, fundamentada (¡ya la quisiera yo!) - sin una subordinación (o sumisión) controlada a la "voz" de ese que habla en la apología .... y de tantos otros que hablan en "el canon"? ¿Cabe voz sin tradición y memoria, sin subordinación a la lectio--- aunque luego venga la quaestio? (5) Pregunta sobre la experiencia: el trabajo ¿supuso la ruptura de las horas de clase, la mutación de las asignaturas en talleres o grupos de trabajo interdisciplinar o se hizo fuera de hora?

Hola Luisg, encantado con tus apreciaciones. Te respondo añadiendo números que remiten a tus observaciones. (2) Ese fondo nihilista y pesimista que comentas lo entiendo yo quizás como sentido crítico. Si es así, estoy de acuerdo. Por supuesto que ese mundo de Bambi que comentas es acrítico, aunque no sé si apartarse de él tiene que ser forzosamente nihilista o pesimista. (4) Por supuesto que la tradición está ahí, y no hay que ignorarla. Lo que planteo es que necesitamos que la Filosofía se entienda, no se memorice. Demasiadas veces he visto y veo "lecciones" que se olvidan en cuanto pasa el examen. Y me parece que eso es una pérdida de tiempo. No demonizo la memoria, pero tampoco estoy de acuerdo con hacerla la columna vertebral de la enseñanza de la Filosofía. me refería a eso. (5) El BCC sí supuso la ruptura de horas de clase. Ocupó una semana completa en el horario normal del centro. Esas horas no se daban esas asignaturas, sino que se trabajaba en la dinámica que explico arriba. La colaboración de los profesores fue, en algunos casos muy buena. En otros, los menos, hubo un cierto rechazo inicial que fue cambiando en cuanto los alumnos iban transmitiendo su emoción por la experiencia por todo el centro. Espero haber dejado más claro lo que explico arriba, Luisg. Y, en cualquier caso, gracias por las observaciones. ¡Salud!

Conocí a Juanjo a través de una red social que se llama Twitter y, por pura intuición (y porque seguía el blog de Iguales en las 3.000), pensé que era la persona ideal para hacerle la propuesta de BCC de platoniq.net (un colectivo que conocemos desde hace muchos años y que ya había estado en el Festival en 2005 con otro proyecto que se llamaba Burn Station) para el IES Antonio Domínguez Ortiz. Teníamos clara la idea de trabajar en un centro de secundaria y que no fuese del centro de la ciudad. Y necesitábamos cierta complicidad y confianza para con el proyecto. El primer día que nos vimos en persona (Juanjo tuvo la amabilidad de venir hasta nuestra oficina) creo que no paré de hablar en media hora (o más). Quería convencerlo de que nuestra propuesta era seria, yo qué sabía, entonces lo veía como un director de un instituto, esos tipos son serios, ¿no?. Ahora me pregunto qué pensaría Juanjo de todo aquello que le conté, como si yo hubiera descubierto algo con lo de "educación expandida". Para él, todo aquello de la oportunidad de recuperar experiencias de pedagogías libertarias a partir de la filosofía del software libre y las tecnologías que tenemos a mano era, sin más, su día a día. Aún así me escuchó y dio absoluta confianza para hacer un proyecto que a muchos nos ha cambiado, de alguna manera, la vida. Ahora Juanjo no es sólo uno de los profes que me gustaría haber tenido cuando estuve en el instituto, sino el profe y el amigo del que quiero seguir aprendiendo a aprender. ¡Genial la entrevista! r.

¿Cómo que qué pensé? Que ojalá hubiera mucha más gente así en los institutos, optimistas, creyendo que es posible, planteando alternativas radicales y serias, con ganas de hacer cosas nuevas, etc, etc, etc. Efectivamente el proyecto, de alguna manera, nos ha cambiado la vida y muchas visiones. Y ya sabes que lo de aprender y amigo es mutuo. Un abrazo. PD: Fue poco más de media hora lo que me contaste, pero yo, ahora lo confieso, ya estaba convencido de antemano :)

[...] la tercera y última parte de la entrevista a Juanjo Muñoz. Si en los días anteriores hablábamos de educación y de nuevas tecnologías, hoy nos centramos en la filosofía, en cómo la concibe Juanjo dentro del [...]

Hola, soy Ricardo, el amigo de Juanjo. La respuesta ha mi pregunta ha sido justa y efectiva. Tal vez esperara algún recuerdo concreto. El otro día hablaba un rato con mis alumnos/as de 1º. de Bachillerato y les decía que me gustaría explicar bien, ser claro, saber transmitir, pero que lo que más me preocupaba es que se sitieran bien en clase, respetados y valorados por encima de sus errores. Les decía que esto lo aprendí con un contraejemplo. Es verdad que nuestro profe de C.O.U. de Filosofía no nos explicó Marx, autor que caía en la Selectividad, como también es verdad que una de sus prácticas preferidas era ésta: después de un examen, el día que los traía corregidos, gustaba de comentar los disparates o desaciertos escritos. Acto seguido leía el nombre del/de la alumno/a errado/a y después lo/la llamaba a su mesa para que recogiera el examen, que se lo entregaba de malas maneras. En algunas ocasiones incluso llegaba a tirar el examen al suelo. Cuando empecé a dedicarme a la enseñanza supe que jamás conscientemente faltaría el respeto al alumnado de aquella forma u otra similar. Supongo que es algo similar a lo que Juanjo dice que con el tiempo quiso convertirse en el profesor que no tuvo y que le hubiera gustado tener. Un abrazo y muchas gracias a Juanjo y a Miguel.

¿Cómo me voy a poner aquí, Ricardo, a contar cosas concretas? Jeje. Y, efectivamente, es algo similar a lo que yo dije. Hay que ver la cantidad de docentes comprensivos ha formado la escuela incomprensiva, la excluyente, la segregadora, la humilladora. Y gracias a ti, Ricardo.

[...] muy amplio en el que participa otro profe con experiencia en estas lideas: Juanjo Muñoz (al que entrevistamos hace ya un tiempo, antes de que comenzara a trabajar en el proyecto I.E.D.A.). Una transformación de la enseñanza que [...]