Boulesis.com

Entrevista a Juanjo Muñoz (III)

Hoy publicamos la tercera y última parte de la entrevista a Juanjo Muñoz. Si en los días anteriores hablábamos de [1] educación y de [2] nuevas tecnologías, hoy nos centramos en la filosofía, en cómo la concibe Juanjo dentro del aula y en sus conexiones con el arte. Dejamos la palabra a los lectores que plantearon sus preguntas hace unos días: Desde México, José Luis Betancourt plantea una pregunta interesante. Trabaja en la educación de presos que cumplen su condena, y se cuestiona lo siguiente: ¿Cuál es o podría ser el papel de la filosofía en un contexto de educación para adultos que han cometido un delito y por ello purgan una condena? Y una segunda pregunta: ¿Qué les puede decir la filosofia y más específicamente que autores?

Respuesta: Me encanta la pregunta por varios motivos. Cuando me preguntan por algún libro de Filosofía suelo recomendar “Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión”, de Michel Foucault, que además tiene muchísimo más que ver con la institución escolar de lo que suele reconocerse. Quizás no se trate de un libro demasiado conveniente para las personas que cumplen allí condena, pero sí es absolutamente recomendable para sus educadores.

Si la Filosofía es pensamiento, tiene todo el sentido llevarla a personas que están en esta situación. Lo que ocurre es que puede llevarse en varios sentidos: para que no vuelvan a delinquir, solamente para que se entretengan, para que cuestionen qué es y qué no es delito y por qué, para entender razonamientos de otras personas, etc. Yo no les llevaría una Historia de la Filosofía en el peor de los sentidos historicistas. Una Filosofía aplicada, divulgativa, de autosuperación y optimismo vital, una ética muy práctica sí creo que podría ser una buena ayuda allí para estas personas. Puede desempeñar el papel de autoconocimiento, replanteamiento de posiciones vitales, consideración del otro como algo respetable. Yo empezaría con libros de ética aplicada. A partir de ahí, y dependiendo del interés individual, puede profundizarse hasta donde la persona quiera. Pero todo esto depende, y mucho, del tipo de delito que hayan cometido estas personas. No es lo mismo alguien que haya robado para conseguir dinero porque necesita drogarse que un banquero que ha estafado a medio país. Evidentemente, me quedo con el primero.

Respecto a los autores, es complicado. Yo diría que mejor aquellos que, además escriben bien y entretenidos. Es una locura empezar con Kant o Hegel. Quizás estén bien Platón, Descartes, Bergson, Foucault, mezclado con algo divulgativo… Una recomendación general es muy complicada, quizás deba partir de los intereses individuales. No obstante, me quedo pensando una mejor respuesta, y agradeceré recomendaciones y otras opciones en los comentarios.

En la línea de la pregunta de José Luis, parece que la filosofía tiene que estar hoy, más que en ningún otro momento, atenta a los cambios que hay en la realidad. En concreto, [3] Víctor Cuevas pregunta sobre la necesidad o posibilidad de enseñar filosofía en la era de las TIC’s. Víctor se interroga en los siguientes términos: ¿Hay espacio para la Filosofía en un hipotético currículo básico, transversal, dinámico muy alejado del actual? ¿Tiene sentido enseñar cómo se ha pensado en otras épocas para entender cómo se piensa hoy? Si lo tiene, ¿con el enfoque historicista-memorístico actual?  Por último, la más importante, habiendo Google, ¿Necesitamos Filosofía?

Respuesta: Por supuestísimo que la Filosofía tiene que estar atenta, vigilante a la realidad actual. Y también por supuesto que tiene sitio en un currículum dinámico y actual. Precisamente como planteamiento de sentido general, como cuestionamiento de posiciones ideológicas que están implícitas en el desarrollo al que llevamos, o van llevando, estas tecnologías. Yo siempre me he negado a entender la Filosofía como una sucesión de autores muertos que de nada nos sirven hoy. Evidentemente, después de la neurofisiología, buena parte de Descartes deja de tener validez más que como ejercicio de razonamiento, lo que no es poco aunque no sea válido. Precisamente la Filosofía puede ocupar ese espacio transversal, dotando de sentido muchas de estas nuevas prácticas para no caer en el tecnologicismo vacío. Sé que muchos compañeros de asignatura no quieren abandonar la posición disciplinar historicista. Pero creo que ése no es el camino. Estoy muy apartado de ese enfoque memorístico. Aprender Filosofía de memoria nada más es, en sí mismo, contradictorio.

Respecto a lo de Google, si no entiendo mal la pregunta de Víctor, por supuesto que seguimos necesitando Filosofía. En sí mismo, Google es una herramienta con un sentido filosófico muy claro: acceder, con unas determinadas condiciones a conocimientos y relaciones. Aunque en un cierto sentido, muy limitado a internet, Google nos responda o nos acerque a conocimientos, ni Google es el mundo ni es neutral, como sabemos. Además, no cuestiona, ni critica, ni debería pensar por nosotros, ni ofrece sentidos, ni construye alternativas serias. Es demasiado fácil engañarlo. No, Google no es Filosofía, aunque esté construido con una determinada filosofía, en minúsculas. Muchas veces, llegan a Iguales en Las Tres Mil, gente que ha escrito en el buscador “putas”. Y no las encuentra, porque Google no piensa por nosotros. Es una herramienta, no el pensador contemporáneo por excelencia. No vivimos ni respiramos en Google ni lo haremos, afortunadamente.

Otro de los lectores, [4] Pedro Villarrubia, propone una pregunta que acerca el pensamiento a la vida cotidiana, cuestionando tanto el discurrir de la vida como la enseñanza que hacemos de la misma. Pedro lo escribe así: ¿Existe una razón que justifique que lo bueno suela venir junto, casi sin tiempo para disfrutarlo, y lo malo venga por separado y suela durar más tiempo? Ampliando un poco: ¿por qué se enseña tan poco sobre la felicidad y tanto sobre la desgracia?

Respuesta: Tiene miga la pregunta, y es difícil. Una estadística de la felicidad y la desgracia seguramente nos mostraría que en realidad eso no es tan así. No hay plan previo, vivimos en medio de azares de distinto tipo. Hay un refrán que dice que todas las desgracias vienen juntas y otro que lo contradice afirmando que no hay mal que por bien no venga. No creo que lo malo dure más tiempo, sino que el sufrimiento ralentiza subjetivamente el paso del tiempo. Ése “subjetivamente” es muy importante y creo que la clave de la pregunta de Pedro. Cuando empieza un dolor, por ejemplo, estamos desde su comienzo deseando su final, y a más deseo más sensación de que ese final tarda. Es eso. En cambio, cuando experimentamos alegrías solemos olvidarnos de su final, y lógicamente no deseamos que terminan. Dicho de otra manera: el dolor lleva en sí una conciencia temporal que no creo que lleve el placer.

Google nos responda o nos acerque a conocimientos, ni Google es el mundo ni es neutral, como sabemos. Además, no cuestiona, ni critica, ni debería pensar por nosotros, ni ofrece sentidos, ni construye alternativas serias. Es demasiado fácil engañarlo. No, Google no es Filosofía, aunque esté construido con una determinada filosofía, en minúsculas.

Por otro lado, yo no sé si se enseña más sobre la desgracia que sobre la felicidad. Pero es cierto que una experiencia cotidiana muestra que comentamos más lo negativo que lo positivo. A veces tengo la sensación de que hablamos de desgracias porque así nos ponemos delante de nuestros ojos el contraste con nuestra situación presente, siempre que ésta no sea desgraciada también. Los dramas refuerzan que nosotros estamos bien. Y por otro lado, creo que hay algo instintivo en observar desgracias. Si alguien se cae de una moto la gente se para a mirar hasta que llega la ambulancia, y si el accidentado está en el suelo y sangra, verás a su alrededor miradas que, manifestando cierta repugnancia o dolor por lo que ven, no se terminan de apartar del morboso espectáculo.

La Historia de la humanidad, como la del arte, es una yuxtaposición de alegrías y desgracias. Pero si le cuentas a alguien que Van Gogh se amputó una oreja, o que a Warhol le disparó Valerie Solanas, se acordará mejor y puede que se interese más que si le cuentas que Duchamp era feliz o que Picabia disfrutaba muchísimo y era un vividor.

Por su parte, [5] Luis G. muestra interés por tu “pasión” repartida entre el arte y la filosofía. En concreto pone sobre la mesa la cuestión de la posibilidad de una enseñanza filosófica desde el arte. Expresándolo con sus propias palabras: La filosofía me parece que tiene una relación directa con el arte de la escritura (discurso, aforismo, comentario…) ¿Consideras posible la introducción de otras prácticas más relacionadas con la “plástica” (teatro, pintura, escultura….) como elemento fundamental (no sólo incidental) de la clase de filosofía? ¿Cómo se haría? Por otro lado, como complemento, ¿cabría ubicar el pensamiento en/con imágenes (artística o no) como eje del trabajo en el aula de filosofía?¿Cómo?¿Tienes experiencias relevantes?

Respuesta: Por supuesto que considero que es posible, y también es interesantísimo el asunto. Hay experiencias híbridas entre arte y Filosofía que me parecen de indispensable conocimiento para los filósofos. Por ejemplo, el arte conceptual es una clarísima apuesta por ese terreno intermedio tan fecundo e interesante. Duchamp, por ejemplo, dijo muchísimo sobre el amor, la soledad, las instituciones, el movimiento, el conocimiento. Lo que ocurre es que no es sistemático y no solemos considerarlo filosófico por la vieja manía disciplinar de necesitar sistemas holísticos absolutamente coherentes. Y ojo, en sí mismos, la coherencia y el sistema son opciones que muchas veces me parecen más ideológicas que filosóficas. Por el camino de la ciencia vamos mal. Hay opciones mejores que ir retrocediendo cada vez que la ciencia avanza. ¿Para qué competir con nuestras hijas? En cambio, moviéndonos en los intersticios ofrecemos mucho más: somos medio literatos, pensadores, artistas, creadores, poetas, sociólogos. Me gusta mucho la idea de Innerarity de la Filosofía como nexología, como construcción de puentes, como una de las Bellas Artes. Recomiendo mucho ese libro suyo que se titula así precisamente: “La Filosofía como una de las Bellas Artes”. Aunque entiendo que no se valore desde lo tradicionalmente academicista. En este libro pueden encontrarse claves que ilustran mejor lo que yo digo, y creo que en sí mismo es una respuesta a la pregunta que plante Luis G.

Separar la Filosofía de la palabra es complicado, pero posible, y creo que hay muchísimo por hacer aún en ese camino. Verás, hace poco planteaba una tarea en la que pedía a los alumnos que debían “comentar” con fotografías diez conceptos de Platón. Y ahí, en ese intermedio verbal-visual, creo que podemos construir mucho. Las secciones de este fantástico blog sobre [6] cine o [7] fotosofía son un buen ejemplo de lo que digo. Y no hay que interpretarlo en el sentido meramente ilustrativo, sino esencialmente filosófico. Sí, hay que tender esos puentes y expandir lo filosófico más allá de lo literario. Y ahí está el reto. ¿Podemos hablar de estoicismo, epicureísmo, racionalismo, vitalismo por ejemplo con canciones que no sean solamente una ilustración? Pues vamos a hacerlo.

El mismo BCC, del que hablo arriba, es por supuesto una experiencia filosófica, nada académica, pero que trata sobre el conocimiento, el ser humano, la sociedad, la educación, lo común, los valores, la autoridad, etc. ¿No son estos temas tradicionalmente filosóficos?

Cotinuando con la relación entre arte y filosofía, [8] Manuel lanza la siguiente reflexión: Tal vez arte y filosofía compartan el ser formas distintas de abrir “ventanas” donde asomarse al mundo y asombrarse ante lo que se muestra o se deja de mostrar. Ahora bien, el problema son los “marcos” que circunscriben las practicas artísticas y filosóficas a reductos decimonónicos y excluyentes, sin una palpable conexión con la vida real y la gente de a pie. En el arte esos marcos son palpables y físicos: empiezan en la obra y acaban en el museo o institución de turno. La pregunta es: ¿Ha conseguido la filosofía escapar o prescindir también de esos marcos?”

Respuesta: No sé si arte y Filosofía son ventanas desde dónde mirar o formas de construir el mundo, quizás un poco las dos cosas. Tiene toda la relación esta pregunta de Manuel con la inmediatamente anterior. La desinstitucionalización de la Filosofía es imprescindible si no queremos que muera entre libros y academias rancias y nostálgicas que a pocos interesan. Pero creo que, al no ser un objeto comercializable, o en el que se pueda invertir como sucede con el arte, nos hemos escapado mejor del mercado, la especulación, el coleccionismo, etc. Aunque sea a costa de simplificar, sí, hay que acercarla al público. Yo no veo como vulgarización algunos intentos muy sanos de ser amenos, de hablar de cosas que interesan a mucha gente.

Aprender Filosofía de memoria nada más es, en sí mismo, contradictorio.

Una última pregunta, que en realidad son tres: ¿Por qué tiene que estudiar filosofía un estudiante de primero de bachillerato? ¿Cuál es el sentido de esta asignatura en el actual sistema educativo? ¿Para qué estudiarla si su presencia social es apenas imperceptible?

Respuesta: La visión global, general y crítica, que proporciona la Filosofía raramente la ofrece otra asignatura. Simplemente esto ya es un buen motivo para estudiarla. Es necesario pensar con otros, ponerse en distintas perspectivas y visiones del mundo. Siempre tendrá sentido fomentar el pensamiento libre. Además, por supuesto, la capacidad de abstracción que hay que poner a funcionar para comprender la Filosofía es fundamental para un estudiante de Bachillerato y para cualquiera.

Lo de la presencia social es cierto, pero es otro cantar. Si estudiáramos solamente lo que tiene presencia social jamás saldríamos de determinados caminos a los que nos va conduciendo la sociedad y son empobrecedores a más no poder. Es necesario ofrecer alternativas, y ahí creo que la Filosofía juega un papel importante y fundamental. Es imposible que toda la sociedad, con este mercantilismo brutal que nos invade, sea crítica, pero no podemos renunciar al pensamiento, a la crítica constructiva y a la libertad. Por eso la Filosofía es muy necesaria.

Con esta tercera entrega se termina la interesante entrevista a Juanjo Muñoz, al que quiero agradecer su excelente disponibilidad para compartir con todos los lectores de este blog sus inciativas e ideas. Es mucho aún lo que se puede hablar sobre educación, nuevas tecnologías, filosofía y arte. Ojalá los argumentos educativos provinieran desde profesores que compartan el entusiasmo de Juanjo por la enseñanza. Su capacidad de innovación y experimentación también deberían referente en el campo de las TIC. Y su visión cercana de la filosofía podría servir de ejemplo para quienes la conciben como una actividad exclusivamente teórica. Habrá que seguir de cerca a Juanjo Muñoz y sus próximos proyectos.

Enlaces relacionados:


Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule

Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] educación: http://www.boulesis.com/boule/entrevista-a-juanjo-munoz-i/
[2] nuevas tecnologías: http://www.boulesis.com/boule/entrevista-a-juanjo-munoz-ii/
[3] Víctor Cuevas: http://victorcuevas.es/
[4] Pedro Villarrubia: http://discentia.blogspot.com/2009/02/bachillerato-en-canarias-educar-crear.html
[5] Luis G.: http://www.ctsiessandoval.blogspot.com/
[6] cine: http://www.boulesis.com/boule/categoria/peliculas-y-filosofia/
[7] fotosofía: http://www.boulesis.com/boule/categoria/fotosofia/
[8] Manuel: http://flordeladulcamara.blogspot.com/
[9] Entrevista a Juanjo Muñoz (I): http://www.boulesis.com/boule/entrevista-a-juanjo-munoz-i/
[10] Entrevista a Juanjo Muñoz (II): http://www.boulesis.com/boule/entrevista-a-juanjo-munoz-ii/

Click aqui para imprimir.