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Entrevista a Luis Barriocanal (III)

Última entrega de la entrevista en torno a temas de orientación educativa · Entrevistas


Publicamos hoy la tercera y última parte de la entrevista a Luis Barriocanal que viene siendo la protagonista del blog durante esta semana. En la primera parte, hablábamos del sistema educativo y ayer publicábamos las impresiones de Luis alrededor de las nuevas tecnologías. Hoy terminamos con otro de los temas de los que es especialista: la orientación educativa. A buen seguro que sus respuestas serán interesantes para muchos profesores. Víctor Cuevas ha aportado varias preguntas sobre la orientación en los institutos de secundaria. Para que todas reciban la atención que merecen, las dividiremos en diferentes partes. Empezamos con las primeras, relacionadas con el trabajo de la orientación. Víctor lo ha escrito así: Llevas ya muchos años ejerciendo como orientador; ¿qué piensas de las funciones que tiene asignadas el orientador en un centro educativo desde los documentos oficiales y las que realmente demandan los compañeros del mismo? ¿Cuál es tu opinión acerca de que los orientadores tengan docencia en los centros aunque no tenga nada que ver con la formación recibida?

Respuesta: Supongo que la primera pregunta se refiere a las discrepancias que muchas veces se dan entre lo primero y lo segundo. Es algo consustancial a la situación paradójica en la que los asesores psicopedagógicos vivimos en los centros escolares y que tan magistralmente describe Mara Selvini Palazzoli en “El Mago sin Magia”.

Nuestra llegada a los centros, especialmente a los de secundaria, despertó muchas expectativas, también en muchos casos falsas, entre el profesorado. Otros, poco dados a la lectura de disposiciones normativas o de literatura pedagógica decían directamente no saber para qué estábamos.

Así que en nuestro trabajo debemos afrontar con más o menos equilibrio tres tipos de necesidades: las normativas, las reales y las sentidas por nuestros usuarios, clientes o como lo queramos llamar. Al fin y al cabo estamos para ayudar. Y aquí reside una de las principales dificultades de nuestro trabajo.

“Es un contrasentido que en estos tiempos en los que incluso las universidades están tomando conciencia de la importancia de tutoría y la orientación como un factor de calidad de la enseñanza y como una de las vías de intervención fundamentales para reducir sus altas tasas de fracaso y abandono, las administraciones responsables de la educación no universitaria, con el ministerio a la cabeza, se carguen de un plumazo la hora semanal de tutoría en el Bachillerato.”

Docentes, padres y alumnos tienen sus propias expectativas y sus propias teorías sobre cual debe ser nuestra función. No todo el mundo entiende de normas legales que, por otro lado, pueden llegar a ser bastante ambiguas a la vista de las múltiples y variadas interpretaciones que incluso los mismos especialistas hacemos de ellas. En pocas especialidades habrá tantas diferencias en la práctica profesional de unos y otros.

Pero sucede que hay demandas que no es razonable atender, como afirma M.A. Santos Guerra. Aunque no debería ser necesario, para evitar malos entendidos hay que aclarar lo que puedes y no puedes hacer de la forma más asertiva posible. Después de todo, unos y otros estamos en los centros para ser buenos profesionales antes que “buenos compañeros”. Y a partir de aquí el reto consiste en construir una relación profesional de cooperación para trabajar desde el modelo de Asesoramiento Colaborativo del que tanto se habla últimamente. Y eso es incompatible con asumir roles de control o de inspección, lo que para algunos/as no es tarea fácil. Todos hemos pecado de ello alguna vez.

El de la docencia es otro debate interminable en el que ni siquiera los miembros de nuestro colectivo nos ponemos de acuerdo. Compatibilizar nuestra función asesora con las tareas docentes tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La docencia permite estar más cerca de la realidad del alumnado, la posibilidad de investigar e innovar en la enseñanza y es una oportunidad para integrase en los equipos docentes de igual a igual.

Pero hablamos de compatibilizar, no de convertir la docencia en la ocupación principal asumiendo una carga lectiva superior a lo razonable o haciendo de chico o chica para todo encargándote cada año de asignaturas diferentes. En mi caso, y supongo que en otros muchos, son pocas las materias que me quedan por impartir. Por ejemplo, a finales de este curso habré tenido más horas de clase que algunos profesores de los Ciclos Formativos de FP que en el tercer trimestre se quedan sin carga lectiva. Casi todos los años tengo más alumnos que varios de mis compañeros profesores que trabajan con grupos de 7 u 8 alumnos. Y si me comparo con otros jefes de departamento, solo tengo 5 o 6 horas menos de clase a la semana en las que tengo que realizar todas las funciones propias de mi especialidad que comentaba más arriba. Así que, en estas condiciones, a uno le entran ganas de cambiar de especialidad y dedicarse únicamente a la docencia, que es lo que dicen nuestros detractores que es lo que realmente importa. Lo que pasa es que ninguno de ellos ha querido todavía intercambiarme el puesto.

Particularmente, me gusta la docencia. Es muchas veces el momento más grato de la jornada laboral. Pero entiendo que a quienes trabajan en institutos grandes estas tareas les restan un tiempo excesivo para atender las necesidades propias de su perfil. Por eso siempre he preferido que en estos casos haya 2 profesores de orientación educativa que realicen también tareas docentes a que haya un solo profesional sin clases. Sería interesante poder trabajar en equipo y los usuarios siempre tendrían una segunda opción cuando tú “la pifias”. También se paliarían en parte las dificultades que se ocasionan cuando el orientador accede a un cargo directivo. El problema es que a la hora de asumir docencia tampoco hay en el currículo tantas materias que podamos considerar “relacionas con nuestra especialidad”.

Continúa Víctor centrándose ahora en el lugar del orientador en el instituto: ¿Deberían tener los orientadores otros estatus dentro de los centros que fuera más allá del asesoramiento? ¿Acaso la presencia en el Equipo Directivo podría potenciar sus funciones; o quizás dificultarlas?

Respuesta: No lo sé. Creo que alguien debe realizar esta función asesora, pero no tengo claro si es compatible con la función de dirección y control que debe realizar el Equipo Directivo. Supongo que aquí también estas pensando en los problemas de competencias o de relación que a veces se dan entre el Equipo Directivo y el Departamento de Orientación. Hay centros donde la buena labor de todos consigue que la función asesora del departamento de orientación se integre de forma armoniosa y productiva en la organización. Hay otros en los que el Equipo Directivo margina y arrincona la labor de orientación. Y también algunos en los que la dirección trata de controlar e imponer su línea de forma inadmisible a través de mecanismos que una normativa ambigua e imprecisa propicia y que las instancias superiores permiten. Hemos conocido incluso casos de auténtico acoso.

Por otro lado, tenemos profesionales de la orientación que, legitimados o no por la dirección, están ejerciendo funciones de jefatura de estudios, dirigiendo a los tutores o haciéndose responsables únicos del funcionamiento de las medidas de atención a la diversidad. Pero no sé si en estos casos las cosas están o no funcionando mejor. Lo que cabe suponer es que cuando la cooperación y la coordinación con el Equipo Directivo es cercana las cosas funcionan mejor para todos.

Supongo también que a todos nos gustaría tener una mayor sintonía y una mayor capacidad de influencia sobre las decisiones que toma el Equipo Directivo del centro. Pero creo que es éste el que debe decidir si cuenta o no cuenta con nosotros. Los consejeros de orientación estamos a disposición de toda la comunidad educativa. También de la dirección del centro. Debe ser ésta la que decida si aprovecha o no los recursos a su disposición. No somos los únicos responsables de que esto sea así. Somos responsables de asesorar correctamente y de hacer buenas propuestas; ajustadas a la realidad del centro, técnicamente bien fundamentadas, dirigidas a atender necesidades del alumnado, etc. Pero tenemos que evitar hiperresponsabilizarnos, como señala Emilio Sánchez en sus artículos sobre las dificultades del asesoramiento colaborativo. Porque en lo referente a las relaciones con el Equipo Directivo, creo que también este concepto de Asesoramiento Colaborativo es la clave.

Sin embargo, a veces también pienso que quizá la normativa debería contemplar una mayor participación del especialista en Orientación Educativa en algunas decisiones que afectan a nuestro alumnado, en especial a los que presentan necesidades educativas especiales. En algunos casos nuestro informe debería ser obligatorio, aunque no fuera vinculante, como lo es en otros ámbitos como el judicial.

Y ahora la tercera de Víctor, relacionada con la tutoría del bachillerato: ¿qué piensas de la desaparición de las horas lectivas de tutoría en Bachillerato?

Respuesta: Me parece un error. Ya he escrito sobre ello. Es un contrasentido que en estos tiempos en los que incluso las universidades están tomando conciencia de la importancia de tutoría y la orientación como un factor de calidad de la enseñanza y como una de las vías de intervención fundamentales para reducir sus altas tasas de fracaso y abandono, las administraciones responsables de la educación no universitaria, con el ministerio a la cabeza, se carguen de un plumazo la hora semanal de tutoría en el Bachillerato.

“Alguien debería explicarles a muchos/as responsables de atención a la diversidad de Consejerías de Educación y Direcciones Provinciales que hay profesores y alumnos que utilizan sistemas operativos y aplicaciones diferentes a las suyas y que no pueden utilizar esos “magníficos” CDs que editan con el dinero de todos porque solo sirven para quienes usan su marca de software. Alguien debería formarles en competencias digitales básicas y aclararles que hay profes y alumnos que hablan un lenguaje tecnológico diferente al suyo, que las hojas de cálculo se llaman Hojas de Cálculo y no “excel”, que las presentaciones multimedia se llaman Presentaciones y no “powerpoints”, y que cuando se expresan así no quedan como expertos sino como ignorantes.”

Aunque la normativa siga asignando al profesorado tutor una hora lectiva para hacer tutoría individual me temo que no está siendo lo mismo. Por eso, en este segundo año de aplicación, volvería a plantearme las preguntas que planteaba en el artículo que cito más arriba: ¿Cuál es el grado de satisfacción del alumnado y sus familias con la orientación que reciben? ¿Cómo ha variado con respecto a la situación anterior en la que había tutoría lectiva? ¿Cuántas de esas horas de tutoría individual se han aprovechado efectivamente? ¿Cuántas entrevistas individuales ha mantenido el tutor con cada alumno o alumna en ese tiempo? ¿Conocen los alumnos cuál es la hora semanal en a que pueden hablar con sus tutor o tutora?

Dudo que haya respuestas basadas en datos. Las administraciones y los propios centros acostumbran a tomar medidas sin calcular sus repercusiones y sin evaluar los resultados. Hubo una época en la que en 2º de bachillerato tampoco había hora semanal de tutoría y en la que también a los tutores y tutoras se les reducía su horario para poder realizar tutoría individual. Ninguno de mis alumnos de 2º de bachillerato en aquel centro tuvo nunca una entrevista digna de esa consideración con sus tutor o tutora. Es más, la mayor parte de los tutores ni siquiera habían comunicado a sus alumnos cuál era su hora de atención semanal.

A menudo los alumnos experimentan dificultades al pasar de 4º de ESO a 1º de bachillerato. Como orientador, ¿cuál tu opinión al respecto? ¿Qué soluciones habría para evitar ese salto?

Respuesta: Creo que el problema conviene analizarlo en el nivel que corresponde. La mayor parte de las veces ese salto se está dando en materias comunes. El mismo salto o mayor se produce también al pasar de 2º a 3º de ESO en unas asignaturas que son impartidas por profesorado de un mismo departamento. Habría que preguntas a los departamentos didácticos si han analizado todo esto y qué medidas han tomado. Ese es uno de los motivos de que los centros de secundaria se organicen en departamentos ¿no?

Veo que estas cuestiones se resuelven mucho mejor en los centros de FP, donde existe mucha mejor coordinación entre el profesorado del 1er y del 2º curso y cuando se producen saltos a nadie se le ocurre buscar explicaciones fuera.

Una pregunta de actualidad: en este curso se han terminado de implantar los programas de cualificación profesional inicial. ¿Qué valoración haces de los mismos? ¿Responden a las circunstancias de los alumnos?

Respuesta: Particularmente, me gustaba más la antigua Garantía Social. Creo que hemos ido a peor. Los PCPI se han vendido como un gran avance de la LOE y como la tabla de salvación para el alumnado que fracasa en las etapas anteriores. Pero creo que se han despertado muchas falsas expectativas y que hay un gran desconocimiento sobre las particularidades de estos programas. Al menos, los que trabajamos con este alumnado, lo primero que observamos es lo desinformados que llegan. Les han contado que podrán conseguir el Graduado en Educación Secundaria, pero nadie les ha contado las dificultades que tendrán:

  1. Nadie les ha dicho que el título solo lo podrán conseguir al finalizar el segundo año y siempre que superen todos los módulos o asignaturas.
  2. Nadie les ha contado que para pasar a ese 2º año tendrán que superar todos los módulos del primer año.
  3. No saben que entre los módulos de primero que deben aprobar está el de Formación en Centros de Trabajo, un periodo de prácticas en empresas al que solo podrán acceder si en el mes de mayo tienen aprobados los módulos específicos relacionados con su perfil profesional y que en caso contrario tendrán que repetir curso.
  4. Tampoco saben que para los menores de 16 años, en el caso improbable de que superen estos módulos, será difícil encontrar una empresa que quiera hacerse cargo de sus prácticas porque, digan lo que digan algunos, un taller de soldadura no es lugar para un chico o chica de 15 años.
  5. Que para el alumnado inmigrante, aunque obtengan la cualificación profesional que los PCPIs ofrecen y aunque se les “oriente” hacia esta modalidad formativa para que puedan incorporarse pronto al mundo laboral, será muy difícil encontrar trabajo antes de tener cumplidos los 18 años.
  6. Que aunque obtengan el Graduado en Educación Secundaria o superen la prueba de acceso a los Ciclos Formativos de Grado Medio, pueden tener dificultades importantes para superar uno de estos Ciclos Formativos
  7. Que muy pocos de los que no hayan pasado al menos por 3º de ESO tienen posibilidades de conseguir finalmente el Graduado o de superar un Ciclo Formativo accediendo mediante prueba de acceso.

La realidad es que los alumnos cada vez llegan más jóvenes a estos programas. El 80 por ciento procede se 2º curso de ESO y el acceso con 15 años que, en principio, es algo excepcional, se ha convertido en norma para algunos centros que ven en los PCPI una forma de “librarse” de determinados alumnos. Pensar que a estos chicos y chicas que no han aprobado ni la tecnología de 1º de ESO podemos convertirlos en 7 meses en operarios de soldadura, de fontanería, etc y que puedan hacer prácticas en una empresa no es tener los pies en el suelo.

Podríamos hablar también del alto procentaje de alumnado inmigrante que llega a estos programas sin que en su escolarización previa se haya aplicado el artículo 78 de la LOE, de la ausencia de recursos de apoyo para el alumnado con Necesidades Educatitivas Especiales, de que en comunidades como Castilla y León no se reduzca el número máximo de alumnos por grupo cuando en ellos hay ACNEEs, que el número máximo de alumnos por grupo sea de 15 pero que se pueda llegar a 16 o 17 sin derecho a nada porque no se ha previsto el consiguiente aumento del número de repetidores, de que estos chicos y chicas con solo 15 años dejen de recibir enseñanzas fundamentales para su edad como educación física, artística, música o ciudadanía sin que ningún colectivo de profesores se haya quejado hasta la fecha, que tampoco tengan derecho a transporte escolar ni a becas que sí pueden disfrutar alumnos de otras etapas obligatorias y postobligatorias, de que en unas mismas aulas se mezclen como si diera lo mismo alumnos de 15 años con otros de 18 o 19, de que el profesorado que debe organizar y tutorizar el periodo de prácticas en empresas no tenga derecho a la compensación horaria que si que tienen otros profesores con menos alumnos, de que la formación en algo tan importante como la prevención de riesgos laborales se le encargue a profesores que, como me pasa a mí, no tienen ni idea de esa materia, etc, etc.

Y luego está la deficiente, imprecisa y tardía planificación y ordenación que en comunidades como Castilla y León han tenido estos programas. Por poner un ejemplo, al finalizar el curso 2008-2009 aún no se sabía en qué centros y en qué condiciones se impartiría el segundo nivel, lo que nos colocó en una situación ciertamente complicada ante el alumnado y las familias, hasta el punto de atribuirse en ocasiones a falta de diligencia y profesionalidad por nuestra parte.

Por todo esto, y aunque en mi centro estamos razonablemente satisfechos con los resultados que conseguimos dadas las circunstancias, me sorprende enormemente lo poco que se habla de toda esta problemática y que los PCPI se sigan vendiendo como un producto milagro sin ningún dato en la mano que avale tal afirmación.

¿Cuáles son, en tu opinión, las tareas más complicadas a las que ha de hacer frente el orientador de un instituto?

Respuesta: Creo que lo más difícil de nuestro trabajo tiene que ver con esa situación paradójica que comentábamos más arriba. La naturaleza de nuestra función consiste en realizar funciones de asesoramiento psicopedagógico en un contexto poco favorable, en principio. Llevar a cabo este cometido en una organización que se caracteriza por la fuerza de la costumbre, cuando no por abierta resistencia al cambio, donde prima el trabajo individual más que la gestión colegiada y donde el fracaso y la exclusión de esa parte del alumnado que justifica nuestra presencia en los centros se considera algo connatural al sistema es un reto ya suficientemente difícil. Hemos de tener en cuenta además que en muchos aspectos actuamos con el alumnado a través del profesorado o la dirección de los centros porque nuestro principal cometido es, como dice Emilio Sánchez, ayudar a ayudar.

Y todo esto es especialmente difícil cuando además hay que afrontar la enorme cantidad y variedad de tareas que tenemos por delante y cuando contamos con muy escasos recursos para llevarlas a cabo. Todos los que prestamos servicios en departamentos de orientación de los Institutos coincidimos en apreciar una gran desproporción entre la magnitud de las tareas y funciones que tenemos asignadas y los recursos personales disponibles para llevarlas a cabo. Los de orientación educativa somos los únicos profesionales del instituto cuya dotación no está en función del tamaño y la complejidad organizativa del centro. De esta manera resulta que la mayor parte de los alumnos y profesores de secundaria -los principales destinatarios de nuestros servicios- se ubican en centros en los que deben compartir un único profesional de la orientación con 700 o más estudiantes, o con 60 o más docentes. Por si fuera poco el trabajo que debemos realizar se nos asignan en muchos casos tareas que se hallan a margen de nuestras verdaderas funciones en los centros o tareas docentes en asignaturas ajenas a nuestra especialidad.

Y todo esto conduce a otras de las graves dificultades propias de nuestro trabajo, que es para mí la dispersión y la disparidad de tareas a las que hay que dar respuesta. El volumen y variedad de asuntos entre los que nos movemos no hay sistema de gestión de tareas que lo aguante. Ni GTD ni nada. Cuando hay que traspasarle los bártulos a un sustituto o sustituta es cuando la cosa se muestra con toda su crudeza.

Pero en casi 20 años esta situación apenas ha mejorado y la importancia, amplitud y complejidad todas estas funciones hace imprescindible que sigamos reclamando que los departamentos de orientación se doten de los medios necesarios para atenderlas adecuadamente, aunque da la impresión de que las organizaciones profesionales se están olvidando de ello.

Y a todo esto hay que unir el escaso apoyo institucional que en algunas autonomías recibimos de parte de la administración educativa y de los propios responsables de los centros escolares.

Terminamos con una pregunta que mezcla la orientación con las TIC: ¿Cómo sacarle rendimiento a las nuevas tecnologías para la orientación escolar? Te agradecería que dieras algunas ideas concretas, para orientadores que puedan leer la entrevista.

Respuesta:: He hecho algún artículo sobre el tema y alguna presentación a modo de resumen que puedes encontrar en Slideshare y en orientaeduc.com

Aunque a día de hoy seguro que habría que revisar algunas cosas de las que ahí se dicen, creo que la idea fundamental sigue vigente y no es otra que insistir en que los que nos dedicamos a la orientación debemos estar al día en el uso de las principales herramientas y tecnologías de la información y la comunicación. Debemos familiarizarnos con el medio y ser los primeros en adquirir todas esas competencias digitales de las que ahora se habla.

Hay muchas razones para justificar esta idea. Asesorar sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje implicará conocer previamente las herramientas con las que enseñar los profesores y la forma en la que en ese contexto aprenden los alumnos. Necesitaremos además saber cómo los cambios tecnológicos afectan a los jóvenes con los que trabajamos tanto en su vida académica como en el ámbito de lo personal y relacional. Tenemos que saber aprovechar también nuevas posibilidades que las TIC abren para mejorar la atención a la diversidad, la individualización de las formas de enseñanza y el ajuste de la ayuda pedagógica. Los profesionales de la orientación tendremos que conocer los sistemas de teleformación en los que cada vez más procesos de información y orientación van a tener lugar. Y tenemos que conocer bien los medios y recursos que cada vez más alumnos están utilizando para orientarse en su vida académica y en su elección profesional.

Y todo ello sin perder de vista que en esto de las TIC también hay usuarios, herramientas y tecnologías diversas. Deberíamos ser los primeros en dar ejemplo en las cuestiones relacionadas con la accesibilidad y la interoperatividad y en evitar cualquier práctica discriminatoria en los usos y en el lenguaje. Alguien debería explicarles a muchos/as responsables de atención a la diversidad de Consejerías de Educación y Direcciones Provinciales que hay profesores y alumnos que utilizan sistemas operativos y aplicaciones diferentes a las suyas y que no pueden utilizar esos “magníficos” CDs que editan con el dinero de todos porque solo sirven para quienes usan su marca de software. Alguien debería formarles en competencias digitales básicas y aclararles que hay profes y alumnos que hablan un lenguaje tecnológico diferente al suyo, que las hojas de cálculo se llaman Hojas de Cálculo y no “excel”, que las presentaciones multimedia se llaman Presentaciones y no “powerpoints”, y que cuando se expresan así no quedan como expertos sino como ignorantes.

Si luego además alguien se anima a elaborar materiales, propuestas de trabajo o guías didácticas para sacar un mayor provecho de algunos recursos informativos, a utilizar o desarrollar aplicaciones para la gestión del trabajo personal o para mejorar la comunicación y coordinación de los equipos docentes, etc, pues tanto mejor. Las TIC no solo son Internet y hay mucha gente que está desarrollando experiencias muy interesantes que no conocemos porque no aparecen el la Red.

Por otro lado, deberíamos tener claro que publicar blogs o páginas web no siempre es la mejor manera de contribuir a la orientación. Juana María Sancho decía recientemente en una entrevista en el diario Público que”las páginas web las debe hacer quien las tiene que hacer” y creo que no le falta razón. Los profesores y orientadores no deberíamos ser expertos en esto para poder hacer bien nuestro trabajo. En lo que a la orientación respecta tengo claro que necesitamos un sistema potente de información y documentación a nivel nacional como el ONISEP francés que edita y distribuye diverso material escrito, audiovisual y multimedia de forma que el orientador no necesite elaborar su propio material ni ser un experto en el diseño de recursos multimedia. Quien tenga más interés puede consultar este enlace.

“Después de todo, unos y otros estamos en los centros para ser buenos profesionales antes que “buenos compañeros”. Y a partir de aquí el reto consiste en construir una relación profesional de cooperación para trabajar desde el modelo de Asesoramiento Colaborativo del que tanto se habla últimamente. Y eso es incompatible con asumir roles de control o de inspección, lo que para algunos/as no es tarea fácil. Todos hemos pecado de ello alguna vez.”

Desde boulesis agradecemos la implicación y el esfuerzo de Luis Barriocanal al haber contestado a todas las preguntas con una profundidad inusual en este tipo de entrevistas. Sus ideas podrán ser discutidas en el ámbito educativo, pero de lo que no hay duda es de la seriedad y el rigor de sus planteamientos, así como de la honestidad y la franqueza de sus respuestas. Esperamos poder mantener el nivel de la entrevista en próximas ocasiones.

Para que quien lo desee pueda acceder a la entrevista completa, publicamos también una versión en pdf de la misma.

§ | Miguel | 10/Feb/2010 | 13:11 | Añadir comentario | Añadir trackback

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2 comentarios a “Entrevista a Luis Barriocanal (III)”

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Por contrastar con una perspectiva bien diferente -pero casi tan pormenorizado análisis- podemos echar un vistazo en este link

http://deseducativos.com/2010/02/10/roc-451-primera-entrega/

§1 | serenus | 10/02/2010 | 19:27

Como siempre, y ya son muchos los años, Luis reflexiona en voz alta verdades como puños, fruto de su inquietud y dilatada experiencia en la orientación educativa en secundaria. Es un inagotable corredor de fondo que sortea dificultades, no se pliega a conformismos ni decepciones, y mantiene la visión crítica y realista de su oficio. Resulta admirable, tanto por su excepcionalidad profesional como por su tenacidad. Suscribo cuanto opina, y aliento, pese a que no lo necesita, su generoso compromiso con la profesión.

§2 | Joan M. Sala | 22/02/2010 | 13:38

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