¿Es Internet un recurso ilimitado?
¿Qué y cuánto consumimos cuando navegamos? · Internet
El que, como yo, no sea especialista en disciplinas científicas o simplemente quien tuviera cierta curiosidad de niño puede que haya pasado por esta misma experiencia infantil: apretar un botón y encender la luz. Recuerdo en mi niñez que una de las experiencias que me intrigaba era algo tan cotidiano como enceder la luz: ¿Cómo era posible que con el simple movimiento de un dedo se encendiera la bombilla? ¿Por qué manaba agua del grifo (casi de un modo milagroso) al girar uno de los mandos del lavabo? ¿A quién se le había ocurrido, por ejemplo, eso de que la televisión fuera gratis? Preguntas inocentes que con el paso del tiempo (mal que bien) van encontrando su respuesta. En aquella experiencia había una intuición que hoy se revela completamente errada: había agua y luz para todos. De ciento en viento había apagones (cosas de crecer en la época de la transición), pero el milagro de la luz, el agua o la tele perdían rápidamente su halo misterioso: se convertían en lo normal. Está ahí, podemos usarlo y no se acaba nunca.
Hoy hemos tomado conciencia, de un modo dramático en algunos casos, de que la luz y el agua no son infinitos. No sólo eso: la energía se agota, se consume, se acaba. Y de un tiempo a esta parte buscamos estrategias para consumir menos. Hoy sabemos que el planeta no da más de sí. En el polo opuesto de esta idea y de esta actitud podríamos situar lo que nos ocurre ante una nueva posibilidad tecnológica: navegar por Internet. Para muchos de nosotros, que lo tenemos incluso en nuestros hogares, es de nuevo una cuestión de botones: encender el ordenador y pinchar con el ratón en nuestro navegador favorito. Basta ese sencillo gesto para tener acceso (al menos potencialmente) a miles de millones de páginas web. Y no sólo eso: extendemos esta posibilidad a bibliotecas, centros educativos, casas de cultura, universidades… Y no faltan quienes reivindican un acceso público y gratuito a la red: de hecho existen ya en varias ciudades y pueblos lugares públicos con conexión wifi disponible.
Me sugiere esto una reflexión que me devuelve a la infancia: ¿Es “infinita” la posibilidad de conectarse a Internet? ¿Es Internet una especie de maná inagotable sin ningún tipo de efecto sobre el consumo energético o sobre los recursos del planeta? La pegunta parte de mi ignorancia más absoluta: ¿Qué estamos consumiendo cuando navegamos por la red? ¿Se trata “sólo” (y entrecomillo este “sólo” por no ser nada desdeñable) del consumo de electricidad del ordenador? Los componentes electrónicos necesarios para saltar a la red ¿son infinitos e inocuos o por el contrario pueden agotarse e implican consecuencias para la naturaleza? Y habría aún preguntas más delicadas: ¿Qué coste “ecológico” implica el mantenimiento de un servidor? Y si hacemos un análisis puramente económico: ¿Es asumible ese coste (si es que existe) en comparación con los servicios y la información que ese servidor nos proporciona? Supongamos que el mantenimiento de boulesis en la red a lo largo de un año implica un coste energético: ¿merece la pena matener esta página, o sería mejor cerrarla (y con ella, otras muchas) por respeto a la naturaleza? ¿Puede llegar el “consumismo” a internet, el navegar por navegar? Si hay algún científico en la sala, se agradecerá su participación…


