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Esto antes no pasaba

Aún a riesgo de ser pesado con el tema, vuelvo a incidir en algo que ha salido al menos dos veces más en este primer trimestre: la decadencia de la historia. O mejor dicho: la sensación de decadencia de la historia. Será por los años que pasan y la persona que dice la frase ha tenido ya tiempo más que de sobra de idealizar su pasado y de interpretar todos los fenómenos presentes desde una óptica un tanto pesimista. Esta sentencia se ve acompañada a menudo de una réplica, que devuelve al pasado cierto barniz de realismo: “sí que pasaba, pero no nos enterábamos”. Y todo viene a raíz de un suceso que se viene repitiendo en los últimos cursos: problemas familiares que no vienen al caso terminan afectando al desarrollo escolar de los alumnos. Me preguntaban esta mañana: ¿Pero antes también pasaba esto? Mi respuesta inmediata: “En los centros no, porque muchos de los alumnos con problemas familiares permanecían ajenos al sistema educativo desde los catorce años.” Es decir: antes pasaba, pero fuera del centro y no nos enterábamos.

Es curioso cómo cada tiempo ha tenido sus mecanismos de visibilidad e invisibilidad. En caso de la dictadura es obvio: desde censura de las diversa clase hasta leyes elaboradas con intenciones totalmente alejadas de las necesidades sociales. Comentaban cojosamente que el ministerio de propaganda se convirtió después en el de información para ser bautizado finalmente con el nombre de ministerio de cultura (anécdota que nunca he llegado a confirmar). Qué le vamos a hacer: cada sociedad tiene sus códigos de silencio, sus formas de ocultación: lo que molesta se esconde. [1] Un filósofo que suele parecer estrámbotico a los alumnos tenía un principio esencial: “ser es ser percibido”. Y lo que no se percibe, sencillamente, no existe. La política de la limpieza y la higiene: emulando a quienes amontonan la suciedad debajo de la alfombra para lucir la casa bien lustrosa. No es anormal, por eso, que se perciba el orden social como la tónica dominante, y se identifiquen tantos y tantos aspectos negativos como rasgos particulares de este tiempo que nos ha tocado vivir. Hace treinta o cuarenta años no había drogas, ni homosexualidad, ni delitos, ni abortos. Todo era una balsa de aceite.

Que nadie se lleve a engaño: este tipo de invisibilidades no son ni mucho menos, exclusivas de un periodo dictatorial. Nuestra democracia lleva dentro de sí sus propios mecanismos de invisibilidad. Dentro de treinta o de cuarenta años también habrá quien diga: “esto antes no pasaba”. Cómo no, también quien replique: sí que pasaba, pero no nos enterábamos. Ahora que se identifica el progreso con causas como la ecología, el aborto, la eutanasia, o la liberación sexual, el armario sigue lleno. Las cloacas de sociedades y gobiernos necesitan estar limpias, para que los problemas de siempre fluyan sin que la gran mayoría le preste demasiada atención. Es innegable que los gobiernos influyen en la vida de los ciudadanos. Pero es la “guerra” propia de cada uno la que se encuentra en la raíz de muchas de las “guerras” sociales, económicas y políticas. De manera que las desgracias o miserias ocurren y ocurrirán: somos nosotros quienes las soportamos, en el doble sentido de la palabra. El escándalo ante el presente tiene que ser, como mucho, fingido: claro que pasaba esto, y lo otro y lo de más allá. Igual que pasa ahora. Otra cosa es que no nos queramos enterar.


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Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Un filósofo que suele parecer estrámbotico a los alumnos: http://es.wikipedia.org/wiki/George_Berkeley

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