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Falacias climáticas

El miedo ha estado presente en el andar del hombre desde el comienzo de los tiempos. Es un sentimiento que nos ayuda a adaptarnos, pero que también puede atenazar la acción y el pensamiento. El miedo de lo galos a que el cielo se desplomara sobre sus cabezas es sólo un ejemplo más de otros muchos miedos. El del terrorismo (magistralmente utilizado por Bush), el del fin del mundo (baza “secreta” de tantas y tantas sectas destructivas…) y tantos otros miedos que nos asalatan en la vida diaria. Ahora, los medios de comunicación han logrado inocularnos un nuevo miedo: el climático. El apocalipsis será una playa inmensa, con la salvedad de que no habrá nadie vendiendo panchitos ni coca colas. La vieja frase de “vamos chicos, al tostadero”, ha perdido su tono lúdico, y se pregona ahora en los medios de comunicación con tonos milenaristas. Que suenen las alarmas. Ya no nieva en invierno, y los calores veraniegos son cada vez más insoportables. Y todo por culpa nuestra, tuya y mía, por consumir energía de un modo irresponsable, no reciclar las basuras y derrochar el agua como si fuera un recurso inagotable.

Pese a todas estas emergencias, basta sentarse a pensar un poco para darse cuenta de que el mensaje pseudocientífico, culpabilizador y sensacionalista de los medios de comunicación (principalmente periódicos y telediarios, pero también de políticos como Al Gore, ¿será que quiere ganar votos?) no es serio ni riguroso. Hace un par de años, asistí a una conferencia de [1] Manuel Toharia, en la que decía que la teoría del cambio climático debía ser tomada con mucha precaución, pues nos faltan datos y un número suficientemente amplio de estudio científico para poder extraer conclusiones. Es más, existen científicos que ponen en duda dicha teoría. Es decir, junto a los apocalípticos y los catastrofistas, hay también científicos precabidos, prudentes, que aunque advierten los peligros y constatan las diferencias en las distintas variables de nuestro planeta, no se aventuran a realizar predicciones más propias de brujas y adivinos que de una disciplina científica. Pretender que 150 años de observaciones (dudo que sean fiables más allá de los últimos 50, pero bueno…) sirvan para diagnosticar la evolución de un planeta con millones de años a sus espaldas es algo arriesgado y, cuando menos, limitado. El problema es, como en otras ocasiones, que los medios de comunicación no están haciendo bien su trabajo.

Utilizar el miedo como estrategia no es el camino. Los periodistas concienciados deberían mirar más a las industrias pesadas y a los grandes países contaminantes, en cuyas manos está que la acción individual de cada uno de nosotros sea completamente inútil. Sería más de agradecer una labor formativa: que se eduque a la población, con buenos reportajes científicos, de lo que está ocurriendo, evitando el alarmismo y la ingenuidad. Ni el planeta va arder mañana, ni todo sigue igual que hace 50 años. Entre estas teorías extremas (los medios eligen la primera porque vende más, los contaminadores eligen la segunda, porque venden más) deberíamos conocer los datos reales, saber las consecuencias de nuestras acciones, y actuar de un modo conjunto, desde el ciudadano de a pie hasta el presidente del país más contaminante del mundo. Todo lo demás es una pura falacia: la de los medios de comunicación, que nos abrasan con el cambio climático, o la de los políticos que señalan el cambio climático como el mayor problema mundial en un planeta en el que cada dos segundos muere un ser humano como efecto del hambre y muchos millones no tienen acceso al agua potable. Pero claro, el poder político y el cuarto poder conviven más cómodos pudiendo asustar a la gente. Ambos, si nos fijamos, tienen algo en común: el sustantivo “poder”. Meter el miedo en el cuerpo es una forma de controlar. Informar es una forma de liberar. Que cada uno saque sus propias conclusiones…


Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule

Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Manuel Toharia: http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Toharia

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