Feminismo de hojalata
De caras en las monedas y de rostros sin monedas · Actualidad
En estos días hemos podido leer que el gobierno planea incluir el rostro de mujeres en las monedas de euro. Parece una medida razonable en esta sociedad paritaria en la que vivimos, donde la condición sexual del invididuo es tenida en cuenta a la hora de decidir qué puede y qué no puede hacer. Se trata de medidas barnizadas de progresismo: un signo más de la opresión masculina aparece en las monedas, que no recogen la influencia de la mujer en la historia. Busquemos por tanto ejemplos de mujeres que hayan destacado en nuestro pasado, e imprimamos su cara en las monedas. La hegemonía masculina debe desaparecer también en la fábrica de moneda y timbre. La medida no deja de tener una fuerte carga simbólica: ¿Mejora en algo la situación real de la mujer en nuestra sociedad? En absoluto. Existen estructuras heredadas originadas en la marginación que siguen intactas. Sin embargo, resulta mucho más sencillo repartir mujeres entre las monedas que monedas entre las mujeres. Veamos a qué me estoy refiriendo.
A cuenta de la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía (y del texto que estoy preparando para la misma) me he sumergido en lecturas de pensadoras feministas. En estos días ando rematando El segundo sexo, del cual recientemente aparecía una cita por esta misma bitácora. Cuando se lee este libro se toma conciencia de dos cosas: de lo que se ha conseguido, sí, pero también de la tremenda opresión a la que la mujer ha vivido sometida. Las mujeres de hoy no son como las de ayer, y medidas simbólicas como la planteada podrían tener su sentido si todas las mujeres gozaran del reconocimiento y oportunidades de las mujeres actuales. Y es que la historia de la liberación de la mujer, que en España es muy reciente, cuenta con grandes olvidos imperdonables: la generación de mujeres que cuentan en la actualidad con más de 50 años no han disfrutado de las mismas oportunidades educativas, sociales, económicas y políticas que los hombres. ¿Por qué no se toman medidas efectivas que reparen esta injusticia?
Hay un caso que es bien conocido: si en un matrimonio de pensionistas, fallece la mujer que, por lo arriba señalado, no ha trabajado de un modo remunerado (aunque con toda seguridad ha trabajado más que su marido), el marido conserva íntegra la pensión que cobra tras su jubilación. Pero en el caso contrario, si es el marido el fallecido, nuestro igualitario y paritario sistema concede a la viuda (trabajadora no remunerada y “no cotizante”, valga la expresión) un tanto por ciento de esa misma pensión, que escasamente le permitirá vivir con dignidad (aunque dependerá, por supuesto, del total de la pensión). La generación de nuestras madres y abuelas ha sufrido la discriminación sexual como una marca de por vida, y asiste estupefacta a discursos de igualdad basados en principios paritarios que levantan las sospechas de nombramientos (¿Habrá sido elegid@ por su valía o por su condición sexual?), y en símbolos que en nada reparan esa desigualdad y marginación que existen en la base. ¿Acaso no tiene esa presuntamente neutralizadora memoria histórica un sitio para esas mujeres que han sacado adelante millones de casas, que han permitido con un trabajo despreciado y desprestigiado el despegue de un país? Nuestros políticos le han encontrado un lugar: el reverso de la moneda. Esas que ellas tienen que contar con los dedos de la mano para llegar a fin de mes.


