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Filosofía special K

El buen funcionarmiento del cuerpo y la felicidad de su dueño

Más de una vez ha circulado por ahí la pregunta sobre cosas cotidianas que nos hacen felices. Por muy sotisficado que quiera aparentar, por mucho que desee disfrazarse de complejidad, el ser humano está, en el fondo, obligado a llevar una vida diaria marcada por rutinas comunes a todos los mortales. Y es probable que sea en estas actividades en las que se juega parte de nuestra felicidad. Un sencillo cálculo puede darnos una pista: pensemos por un momento en la cantidad de horas que dedicamos a actividades tan sencillas como dormir, comer o trabajar. Si sumamos estos periodos lo más probable es que sumen alrededor de dos tercios de nuestro tiempo. Una conclusión provisional parece clara: una persona que descansa de forma regular, que disfruta de su trabajo y del tiempo que dedica a alimentarse tiene más "papeletas" para ser feliz que quien tiene problemas para descansar, odia su trabajo y entiende como un suplicio el sentarse delante del plato. Se nos dice que vivimos en la era del ocio y algo de verdad puede haber en esto, pero no se puede olvidar que algunas actividades que no son precisamente "ocio" absorben la mayor parte de nuestro tiempo.

Mal nos iría si para ser felices tuviéramos como única oportunidad lo que suele englobarse bajo el concepto de "tiempo libre". Las recomendaciones epicúreas aconsejan disfrutar de los placeres de la vida en su justa medida. Como punto de partida no andan muy desencaminadas: valorar el desayuno de las mañanas, el momento del trabajo en el que podemos dar o encontrar un sentido al esfuerzo que supone. La charla con compañeros o amigos, la siesta de media tarde o el momento de lectura semanal. Hay rincones y tiempos para la felicidad, y hemos de saber encontrarlos. Esta concepción "pequeña" o "humilde" parece alejada de la filosofía, y más propia de los diferentes manuales de autoayuda o libros de ficción que, de una forma más o menos clara, suelen incluir este tipo de mensajes. Da la sensación de que a la filosofía no le fuera bien este planteamiento "mundano" del tema: cuando se habla de felicidad en filosofía suele ser de una manera más difícil, abstracta, alejada de lo sencillo y cotidiano.

Toda esta reflexión pretende tan sólo situar un poco un texto que me ha ocupado el pasado verano. Una de las novedades del curso en 2º de bachillerato es la aparición estelar de Bertrand Russell. Para ir preparando los apuntes correspondientes, he leído su autobiografía que, contra todo pronóstico, fue escrita por Bertrand Russell. Se trata de un libro en el que, entre otras cosas, se ve con qué cosas disfrutaba el filósofo inglés: lejos de las abstractas reflexiones filosóficas la vida de Russell fue intensa, exprimiendo la mayor parte de su tiempo y sabiendo encontrar esos momentos sencillos de felicidad. Salpicado todo ello por una inteligencia tan aguda e ingeniosa como irónica. Y para muestra, terminamos la reflexión de hoy con un fragmento de una de sus cartas, dirigida a un editor norteamericano, y que ayudará a entender el título de la anotación de hoy:

"No creo que la ciencia per se sea una fuente adecuada de felicidad, ni pienso que mi propia perspectiva científica haya contribuido mucho a mi propia felicidad, la que atribuyo a defecar dos veces al día con infalible regularidad"

P.D: Es difícil leer el texto de Russell sin recordar cierta colonoscopia psicodélica.

Je, je (por la colonoscopia psicodélica... hay algunas ventajas en la edad). Respecto a Russell - al que debo meter mano para dar el tipo en las clases - recuerdo un texto en el que hablaba de cómo cabe legítimamente la ruptura de ciertas normas (creo que el ejemplo era acudir a una clase) por motivos de búsqueda del desarrollo personal. Así si la hermosísima puesta de sol me entretiene violaré la norma de acudir a la clase pero eso, en la economía de la felicidad y la construcción del yo, tiene una legitimidad (¿estética?). Supongo que saber conjugar estas violaciones de la norma con el cumplimiento de las normas es la tarea de la conquista de la felcidad. Me cae bien Russell (aunque, como en casi todo, sea un casi ignorante de su obra) ¡Salud y colonoscopia para todos!

A este respecto hay un libro muy interesante de Bertrand Russell, que seguro que conocerás: La conquista de la felicidad. Expone el tipo de felicidad a que haces referencia. Es muy interesante (aunque personalmente creo que se ha quedado anticuado en unas cuantas cosas, sobre todo, recuerdo vagamente, la consideración que hace de la mujer). Saludos

¡Hola! Pues sí, tiene un punto Russell que merece la pena. Cuanto más le leo, más me engancha, aunque haya planteamientos o ideas en las que no coincida mucho con él. Aún no he leído La conquista de la felicidad, a ver si algún día logro sacar tiempo para él (aunque tiene que ponerse en el último puesto de una larga cola de lecturas pendientes...). Uno de los aspectos de su personalidad que llama la atención es que logró estar en todos los fregados: allá donde se ha escrito la historia del siglo pasado termina colándose el bueno de Russell. SE nota que 98 años dan para mucho :D ¡Salud! (a poder ser, sin colonoscopia...)

Respecto a la felicidad, siempre he pensado que muchas personas, por buscar la gran felicidad, se pierden las pequeñas felicidades diarias de la vida. Creo que la felicidad, o una clave para ella, es conseguir hacer de lo cotidiano algo especial. Eso se consigue con el entusiasmo, con la pasión y el interés por cada pequeña cosa. Es fácil acostumbrarse a algo, y por verlo todos los días, precisamente, dejar de verlo. Debemos evitar caer en la ceguera de la costumbre. Y disfrutar de cada cosa como si siempre fuera nueva. Es una cuestión de actitud vital. Respecto a Russell, puede que él fuera feliz o se aproximara a ello; era apasionado, de eso no cabe duda. Tiene algunos escritos maravillosos acerca de este tema en la introducción que él mismo escribió para su obra. Sin embargo, dicen que era un hombre de difícil personalidad. Ahora llega mi pregunta, ¿Se puede ser feliz de manera egoísta?¿Sin hacer felices a los que nos rodean? ¿No sería un sentimiento de felicidad por inconsciencia?

¡Saludos! Comparto tu idea: probablemente la felicidad sea algo más sencillo de lo que nos pensamos y el "complicarnos la existencia" sea uno de los obstáculos para alcanzarla. En cuanto a Russell, me falta una perspectiva neutral para hacer este tipo de valoraciones... Al leer su autobiografía me he encontrado con una personalidad arrolladora y si damos por cierta su "versión" de su propia vida, parece un hombre íntegro y honesto, difícilmente calificable de "egoísta". Pero claro, habría que escuchar a todos los que compartieron su vida.