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Filosofía y felicidad

Sobre las consecuencias de la afición por la filosofía

Hacia finales del curso pasado, L.D. (estuvo en clase de Historia de la filosofía hace algunos años y preservaremos su identidad) me abrió un chat a través de Facebook. Y si esto no es habitual, menos aún lo es el motivo del chat: quería darme las gracias. No sin cierto sarcasmo inicial (me recordó que en los exámenes apenas lograba superar el 4,5) me explicaba que a partir de aquel curso se había interesado por la lectura de Nietzsche. Es más que posible que este tipo de mensajes sea de los más gratificantes que puede recibir un profesor, adaptado por supuesto a cada una de las materias. El caso es que la charla con L.D. continuó: me comentaba que el agradecimiento no podía esconder cierto reproche. Después de leer a Nietzsche no podía ya vivir como hasta entonces. Cómo creer que hay una moral o un orden social. Cómo pensar que la vida tiene un sentido y que hay motivos para ser felices. La expresión no podía ser más gráfica: "gracias por amargarme la vida".

La experiencia de L.D. contrasta con la de varias personas con las que he hablado en los últimos tiempos. De vez en cuando, sale el tema de la filosofía y la educación entre personas que no han tenido ninguna formación académica en materia de filosofía. Son licenciados en especialidades ajenas a la filosofía o graduados en formación profesional. Con ciertas dosis de ironía, les pregunto con cara de asombro: "¿Cómo has podido vivir hasta ahora sin haber estudiado nada de filosofía"" La respuesta es fácil de imaginar: "Feliz, totalmente feliz". Vamos, que no echan de menos, ni mucho menos, la formación filosófica, ni consideran que sea imprescindible para alcazar la felicidad. Y esto por no preguntar a quienes han abandonado sus estudios antes de terminar la secundaria: a buen seguro no crean que la filosofía tiene mucho que aportar a sus vidas. No faltarán quienes piensen: incluso aquellos que no han estudiado filosofía, tienen una filosofía. Totalmente de acuerdo, pero parece que lo que las anécdotas referidas ponen en cuestión es precisamente la pertinencia o no de estudiar filosofía.

El caso es que lo contado hasta aquí no deja en muy buen lugar a la filosofía: o bien muchos la consideran prescindible e inútil, o quienes se adentran por sus caminos piensan que les priva de la felicidad. Está muy claro que la experiencia de L.D. no es la única que existe: en aquel chat le comentaba que está bien leer a Nietzsche, pero no sólo a Nietzsche. Es innegable que existen otros autores y títulos que pueden sacarnos de ese estdo "amargo" al que hacía referencia antes. Con todo, la filosofía nos obliga a tomar conciencia del mundo en que vivimos, a ver la realidad con unos ojos que quizás estén alejados de la mirada común, menos amiga de la reflexión. Surge, de fondo, el pesar que produce el conocimiento, el camino de no retorno que implica el saber: una vez que hemos leído o pensado alrededor de cualquier cuestión, no podemos volver atrás, regresar a un estado de feliz ignorancia. Podemos consolarnos pensando que la satisfacción del saber, por mucha amargura que produzca, es preferible al goce del que ni sabe ni se preocupa por ello. Hasta qué punto esto es verdad, o se trata de una manera de autojustificarnos. Quizás deambular por caminos filosóficos sea comprometerse a cargar una pesada losa de la que nadie te informa al principio de la marcha.

Dices que existen otros autores y títulos además de Nietzsche, pero no estoy segura de que estos otros puedan sacarnos de ese estado "amargo", o como mínimo "agridulce" que la filosofía nos descubre. ¿Filósofos felices? A veces casi parece una contradicción. Me gustaría, sin embargo, que me dieses ejemplos de esos autores y títulos a los que haces referencia. Y tal vez no sea la filosofía la que venga con esa pesada carga, sino el conocimiento, la sabiduría en general; si englobamos filosofía en sabiduría. Aunque claro... al menos para mí, la filosofía es esa sabiduría (o el amor hacia ;) ). No sé, tal vez sea cierto eso de que la ignorancia da la felicidad. Saludos, Miguel

¡Hola María! No sé si "felicidad" es la palabra adecuada, pero leer a autores como Montaigne o Epicuro, por ponerte un par de ejemplos, no te conduce a una posición tan marcada como el centrarse en Nietzsche. Creo que hay corrientes y corrientes y no todas las lecturas filosóficas nos llevan a esa asociación entre el pesar y el conocimiento. Y quizás, quien sabe, sea una de las tareas que tengan pendiente los filósofos: plantear el pensamiento de una forma lúdica. Algo que es contradictorio en Nietzsche: su vitalismo lleva consigo un pesimismo que te lleva a vivir apesadumbrado.... Me alegro de que vez en cuando sigas viniendo por aquí... Un saludo!

Hola: En mi humilde opinión, la función de la filosofía no tanto como teoría sino como práctica es la de despojar al hombre de la ilusión de control. Algunos filósofos, de los cuales Nieztsche es el principal exponente, han sido esforzados heróes que se molestaron en documentar el tortuoso camino hacia la aceptación de la realidad dinámica, no monolítica, sobre la que ningún adjetivo resiste el paso del tiempo y cuyo infinito espectro de posibilidades no admite respuestas absolutas. Esa aceptación a pecho descubierto de una consciencia dolorosa de incertidumbre es el mayor acto de heroismo posible, y además la única opción honesta, que no implica trampas en el juego entre nuestra imperfecta razón y nuestro incierto entorno. Hoy este camino es prácticamente ineludible para cualquier mente inquieta, puesto que hay mas cartas boca arriba. Coincido con el autor en que en el hecho de plantearse intimamente si tomar el doloroso camino heróico o el falsamente cómodo camino de la ignorancia hay ya implícita una elección y no hay vuelta atrás, pero aunque lo que espere al final no sea la felicidad, recorreremos el camino siendo íntegros, sin ceder a las fracturas del autoengaño. Para mí la cuestión está clara. Un saludo y enhorabuena por este blog, acabo de descubrirlo (esta es la primera entrada que leo) y tengo intención de bucear mas en él.

Hola a todos. Yo soy de los que piensan que la felicidad en todo tiempo y lugar es imposible. Schopenhauer ya lo dijo en su momento cuando afirmó que "toda felicidad es negativa". Lo que se puede pensar es que cualquier tipo de felicidad es efímera: tan pronto como te viene se va. Y el problema viene aquí, cuando se marcha; nuestra alma se inunda de pena y desesperación porque el goce que sentíamos hace unos instantes desaparece fulminantemente. Pero no creo yo por ello que debamos renunciar a esa felicidad mientras dure. Seguramente Nieztsche era feliz mientras escribía sus obras en las que ponía en entredicho la propia felicidad. En definitiva, cada uno se busca su propia felicidad como bien puede, aun a sabiendas de que ésta no va a durar toda la vida. Ése es el principal hándicap al que debemos hacer frente como poseedores de razón que somos. Va intrínseco en la naturaleza humana. Por consiguiente, en mi opinión sólo cabe una vía posible: que a través de la razón seamos capaces de combatir el lío en el que ella misma nos ha metido -la infelicidad o la imposibilidad de la felicidad en todo tiempo y lugar-, considerando sus limitaciones y aceptando o resignándonos a aceptar que unas veces seremos felices y otras no. No olvidemos que debemos aprender a vivir también como animales que somos, porque si en lugar de ello, nos empeñamos únicamente en vivir mediante el empleo de la razón, que una de las cosas que hace es desear unir y unir sin cesar (Kant), entonces nos hallaremos en una situación de desconcierto total cuando no podamos encontrar sentido a algo por las limitaciones a las que está sometida la propia razón. Por esto, yo invitaría a la gente a que disfrutara, como lo que más, comiendo, bebiendo o durmiendo, no sólo pensando. En cualquier caso yo coincido en que deberías leer más autores aparte de Nieztsche, María. Kant, por ejemplo, en su "Crítica de la razón práctica" te puede mostrar un modo de encontrar la felicidad o satisfacción contigo misma, si bien, según él, no es posible dar con la felicidad suprema. Por cierto Antonio, no he entendido bien tu primera frase. ¿Te refieres a que la filosofía en su uso práctico es la que le permite al hombre liberarse del control al que le somete la naturaleza o, por el contrario, que le "quita" al hombre la creencia de que tiene un control sobre la misma? Si es el primer caso, estoy completamente de acuerdo.