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Gloria y miseria del escepticismo

Sobre aquellos que saben que no se puede saber nada
Los filósofos escépticos han sido una "rara avis" en filosofía. No porque haya habido pocos, sino porque, por lo general, no se les suele prestar demasiada atención. Quizás por resultar demasiado extravagantes, o por motivos ajenos a la propia filosofía, los buenos de los escépticos nunca han gozado de mucho predicamento, a no ser que entendamos el relativismo, como una forma "actualizada" de escepticismo. De hecho, el escepticismo suele identificarse con una actitud vital tardía propia de la vejez: es raro el caso del filósofo que comienza siendo escéptico. Parece que la juventud infundiera un ánimo y un convencimiento sólidos en las tareas que se emprenden (también en las filosóficas...) y que luego los fracasos o pequeñas derrotas que se van acumulando logren que quien más quien menos termine abrazando los brazos del escepticismo y el desengaño: por ello resulta curiosa su poca difusión si consideramos la buena cantidad de filósofos que han acabado defendiendo alguna idea escéptica. Pero hoy no estamos aquí para hablar de la difusión o la aceptación de la filosofía, sino del escepticismo, y sobre todo de sus luces y sus sombras.

Y es que si por algo destaca el escéptico (y la crítica que formula) es por impulsar el progreso del mismo conocimiento que critica. Señalando la debilidad de las conclusiones o argumentaciones de los demás, el escéptico les obliga a mejorar su exposición a seguir estudiando el tema del que se discuta, a presentar una visión más sólida del mismo. La crítica negativa (desde Pirrón hasta Adorno o Cioran, aunque sean escepticismos distintos) sirve precisamente para subrayar lo precario, lo débil, lo que debe ser mejorado. Hay en este sentido un escepticismo fecundo, que no pretende ser sólo, tal y como se dice por ahí, destructivo, puramente negativo. Este tipo de escepticismo, dentro de la filosofía, es el que impulsó a Kant, por ejemplo, a elaborar sus grandes críticas. Una sociedad sin escépticos es una sociedad inmóvil, en la que los errores se repetirán de una forma cíclica, pues nadie se encarga de denunciarlos o quizás a nadie se le permite hacerlo. Una crítica escéptica sana promueve el desarrollo intelectual, científico, tencológico, artísticos... humano, podríamos decir, porque si hay una característica humana (a lo mejor tan importante como la razón misma) es la diversidad de opiniones, ideas, teorías, puntos de vista...

Lo anterios no impide, como es de suponer, que el escepticismo tenga también sus deficiencias. La más grande de todas es que si nada es demostrable o no podemos saber nada con seguridad, ni siquiera podríamos demostrat o saber aquello que estamos afirmando, es decir, podríamos ser "escépticos" también respecto a las propias posiciones escépticas. Pero, más allá de esta crítica, que no es ni mucho menos secundaria, se suele reprochar al pensamiento escéptico que no aporta nada, que desde el comienzo renuncia a la aventura del conocimiento, y que esa posición inicial le sitúa en la difícil posición de tener que rebatir, por "principios", cualquier propuesta "constructiva". Al escéptico todo le parece mal, y mientras desarrolla su filosofía envolvente, la realidad sigue ahí fuera, los problemas están por resolver, y algunas de las decisiones que hemos de tomar no permiten demora. Sería difícil vivir de un modo "coherentemente" escéptico, ya que, en último término nos veríamos obligados a una renunciar de la vida misma, falaz, mentirosa, engañadora, inescrutable, asquerosa, corrupta, insoportable. ¿Acaso existe alguien que quiera vivir con estas ideas en la cabeza" Sí, los escépticos.

Efectivamente un pensamiento escéptico llevado a las últimas consecuencias es dificil de llevar en la vida de forma coherente. Pero quisiera destacar una cosa que dices, y es el poder reivindicar que algo está mal sin necesidad de proponer (al menos no inmediatamente o con todos los detalles) una alternativa. Muchas veces los defensores de una teoria o una realidad piden rapidamente "bien no te gusta esto, ¿que propones?" Y si no propones algo la crítica ya no tiene valor? Eso no tiene sentido. Las críticas a veces tienen valor por el sólo hecho de poner en duda lo que critican, independientemente de que se proponga una alternativa o no. Evidentemente ir por ahí criticando todo e intentando bloquear todo sin decir algo en positivo de vez en cuando tampoco es plan.

Hola, me encanto tu texto, desde el propio titulo hasta el final... Tengo 19 años y soy escéptico, desde hace dos o tres, soy por tanto un joven raro. Creo que la gloria del escepticismo reside en mi caso en lo poetico de destruir la verdad, de tener esos pensamientos pesimistas pero que a la vez me resultan atractivos por su originalidad. Cuando pienso que no se le puede encontrar sentido a nada mi egocentrismo hace que "crea" que TODA vida no tiene sentido y me seduce pensar que soy "el unico que lo piensa" Los seres humanos somos un libro de contradiciones, asi que el sentido de mi vida (la justificación o mi autoengaño) es decir que nada tiene sentido para creerme original. La unica verdad que defendemos es que no hay verdad, pero tampoco creemos en esto, sabemos que todo es mas facil cuando todo se "desexplica" con una frase, asi nos creemos agenos a nuestras conclusiones, asi solamente especulamos (lo que es un descanso mental). Asi sabemos como pocos la diferencia entre CREAR y CREER pero como todos los humanos acabamos creyendo lo que hemos creado, creemos en nuestros pensamientos y creemos que estos pensamientos proceden de algo superior que los justifique (el bien, el mal, dios, O NUESTRA CAPACIDAD PARA COMPRENDERLO TODO....) Este final trágico... me encanta