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Habermas y los santos inocentes

Las bromas y las condiciones del discurso
Como manda la tradición, hoy es un día especial, lleno de suspicacias y desconfianzas. Las bromas e inocentadas están hoy permitidas, e incluso los medios de comunicación suelen incluir entre sus noticias alguna que otra broma, una noticia falsa que por increible termina siendo rápidamente detectada (o no, todo depende del ingenio de los periodistas...) Google sindica varios miles de páginas sobre inocentadas, pero también bitácoras como barrapunto han tenido ya hace un tiempo iniciativas al respecto. Es más, seguro que alguna bitácora aprovecha para gastarnos alguna que otra broma, y publica hoy alguna noticia que al final termine siendo una inocentada. Desde aquí intentaremos algo que quizás sea una deformación profesional (siempre termina la filosofía buscándole 3 pies al gato): rastrear el sentido filosófico de algo tan cotidiano como una broma. Partamos de una pregunta sencilla: ¿Cuál es la condición de posibilidad de una broma" Dicho de una forma más sencilla: ¿cómo es posible que nos seamos víctimas de una inocentada" Pues, entre muchas condiciones, hay una que vamos a comentar hoy: toda broma requiere que estemos convencidos de que la otra persona nos está diciendo la verdad. En definitiva, tenemos que fiarnos de la otra persona. Creemos, entre otras muchas cosas, que lo que se nos está contando es verdad. Una condición que aparece en las bromas, pero también en los timos, también en los de internet. Cuando manejamos el lenguaje, presuponemos que lo que se nos dice es verdad y eso podría terminar implicando incluso consecuencias morales... Esta es (explicada de un modo muy rudimentario) una de las ideas centrales de la ética del discurso de Habermas: el mismo uso del lenguaje, la práctica cotidiana de la comunicación, incluye dentro de sí un conjunto de presupuestos que terminan desplegando consecuencias de tipo moral. Cuando hablamos con alguien pensamos que la otra persona nos dice la verdad, que hablamos de igual a igual, que todos podemos intervenir en el discurso, en la conversación, en condiciones de igualdad, libertad y simetría. El uso del lenguaje implica el reconocimiento de la dignidad del otro como hablante, el respeto a nuestro interlocutor. El lenguaje nos sitúa en una comunidad de hablantes que termina caracterizándose por cualidades morales. Si las bromas son posibles es precisamente porque violan uno de los presupuestos que cotidianamente ponemos en juego con el mero hecho de hablar. Y si hoy todos estamos atentos para que no nos la peguen, es porque sabemos que es el único día del año en el que el prespuesto de "verdad" se pone entre paréntesis. ¿Tenían o no tenían las bromas un significado filosófico"

Me gusta mucha esa bitácora sobre filosofía, y efectivamente las bromas tienen su contenido filosófico, aunque es bastante complejo de explicar.(la mente humana es compleja) Personalmente, a parte de mi página de filosofía que no acabo de arrancar :-( , tengo una bitácora sobre ironía. Si me lo permito te dejo un artículo que quizas explique, el humor y sobre todo la ironía. http://www.blogia.com/troposutil/index.php?idarticulo=200410171