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Hume y la incertidumbre

Jugar al billar y vivir: espacios para la incertidumbre
Juego de billar, una de las mayores aficiones de HumeMientras Hume jugaba sus partidas de billar (esta era una de sus ocupaciones favoritas) se dedicaba tambiéna escribir libros de filosofía. De la misma forma que quien se agacha disponiéndose a golpear una bola jamás tiene la certeza de que la jugada pensada vaya a lograr su objetivo, el ser humano ha de asumir que la propia vida es como una partida de billar. Vivimos rodeados por la incertidumbre entre otras cosas porque si examinamos con detenimiento las cosas que nos parecen más ciertas y que damos por evidentes, nos damos cuenta de que su único fundamento es la experiencia y la razón no es capaz de convertir la acumulación de experiencias en una ley universalmente válida. Lo cierto es que nada hay cierto, parece decirnos Hume mientras entiza su taco favorito. Una conclusión teórica que bien le hubiera impedido disfrutar de sus partidas. ¿En función de qué criterios golpear la bola en uno u otro punto" ¿Cómo saber qué efecto dar a la bola para lograr la jugada buscada" Sólo en función de la experiencia es posible jugar, y las carambolas de Hume parecen ser la mejor crítica a su filosofía.

La contradicción entre el juego cotidiano basado en la experiencia y la imposibilidad no impide que la filosofía de Hume esté instalada en la vida humana marcada, entre otras cosas, por la incertidumbre. No sólo porque hay cosas que nunca sabremos, sino también por la propia cotidianidad en las que incorporamos comportamientos, hábitos y actitudes cuyos efectos no nos son totalmente conocidos. Es difícil determinar, por ejemplo, la conveniencia de los alimentos que tomamos: tan pronto es bueno comer pescado azul como blanco. Los huevos fueron proscritos de la dieta y parece que últimamente han recibido el indulto. Los estudios sobre los beneficios y perjuicios de los alimentos son tan diversos como contradictorios. Y eso por no hablar de la tecnología: nadie sabe si realmente los móviles o sus antenas son perjudiciales para la salud, pero todos los llevamos bien pegaditos a nuestra cabeza. Las pizarras digitales empiezan a ocupar su lugar en las aulas junto a niños de corta edad quizás más vulnerables a las ondas.

Estos ejemplos resultan anecdóticos frente a otras incertidumbres quzás más alejadas respecto a las que Hume examina en sus tratados filosóficos. La vida humana, pese a cualquier intento positivizante de implantar la certeca científica como criterio último de verdad, es un enorme interrogante abierto. Es más lo que dudamos o aquello sobre lo que no podremos alcanzar certezas que lo que sabemos, y sobre todo es más importante. El clima de mañana es un mero juego de niños ante otras preguntas como ¿Qué va a ser de mí". Nuestro futuro personal no puede venir sugerido ni por el hábito ni por la costumbre, que nos pueden ayudar en las cuestiones más sencillas de la vida cotidiana pero son incapaces de ayudarnos a proyectarnos en el futuro a planificarnos y elegirnos. Y eso por no hablar de la otra gran incertidumbre que nos dispara la muerte. Por eso no es de extrañar que ante tanta incertidumbre Hume prefiriera agarrar su taco favorito y echarse una buena partida de billar con los amigos. Porque si hay algo de lo que no cabe dudar es que la vida ofrece varias formas de disfrutarla...