Sobre la caída del muro y el fin de las ideologías · Actualidad
Las celebraciones por la caída del muro de Berlín han llegado a vencer incluso a las noticias deportivas en los telediarios. Algo que debería parecernos sospechoso: o bien la noticia mueve más dinero que el fútbol o bien hay intereses que justifican la atención y el tiempo dedicados en los medios. El caso es que una palabra, con ciertas resonancias filosóficas, ha sido la reina de la semana: libertad. Entre los vivas, los homenajes y los discursos una cosa nos ha quedado clara a todos: la libertad es el valor en medio de la crisis de valores, es lo más sagrado que puede existir en una sociedad tan laica y aconfesional como la nuestra. Supuestamente, la segunda mitad del siglo XX se caracteriza por un enfrentamiento real e ideológico: la democracia liberal y capitalista contra el comunismo. Lo más curioso de todo no es que la caida del muro significara para muchos la derrota del comunismo sino la expresión que se ha utilizado para describirlo: el fin de las ideologías.
La metáfora deportiva puede aclararnos lo que quiero decir hoy: si el equipo A y el B juegan un partido y el árbitro pita el final, pocos serán los que califiquen ese partido con la expresión tan vacía como aparentemente neutral de “fin del partido”. Los que quieran dar la información de verdad hablarán de derrota o de victoria. No es así, por lo visto, en el campo de las ideas: si el comunismo fue derrotado (lo cual sería discutible) habría que hablar de la victoria del capitalismo. No es que las ideologías se hayan terminado. Se trata, por el contrario, de que ahora todos vivimos dominados por una única ideología: la democracia liberal y capitalista, con diferentes grados de intervención por parte del estado. Es lo que algunos llaman el pensamiento único. La expresión “fin de las ideologías” parece aludir a un estadio final de la historia en el que el ser humano viva al margen de cualquier tipo de dominación ideológica. Muy al contrario, nuestro tiempo se caracteriza por el predominio incontestable de una sola ideología.
Hablar tanto de libertad nos tiene que llevar a mirar un poco qué hay debajo de esta idea. Spinoza diría probablemente que las sociedades actuales han logrado aumentar más que ninguna otra la ilusión de la libertad, una falsa sensación que consiste en la autosatisfacción de quien se cree libre por poder escoger entre bagatelas y nimiedades, estándole completamente vedado elegir o elegirse en otros terrenos. Es la libertad dirigida de las grandes superficies comerciales, la de los más de veinte canales de la TDT o las formas de pensamiento prefabricadas de las tribus urbanas. La vía de la cultura y la formación es la única que nos haría humanamente libres. Está ahogada por dirigentes políticos conscientes de que el fin primordial de la formación es la producción económica, origen de un salario que es la fuente de todo el engaño: puede usted elegir dónde gastar su dinero. El fin de las ideologías es el dominio absoluta de una ideología concreta y fácilmente detectable. El muro cayó para que ahora estemos todos dentro del mismo muro. Celebrémoslo.
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4 comentarios a “Ideología y dominación”
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Recuerdo que cuando cayó el muro (y todo lo demás) lo que más me sorprendió fue la simplicidad y hasta limpieza del proceso. Pareciera que “los malos” se rendían sin mayores contratiempos a “los buenos” sin que estos los humillaran en exceso y que el sistema comunista se hundía porque estaba muerto ya. Sin embargo, no muchos años antes, la amenaza de la guerra y “la destrucción(nuclear) mutua asegurada” parecía evidente-evidente. Yo sentía, a veces, miedo nuclear(es un decir). Siempre se comenta que ningún miembro de la inteligencia occidental pudo detectar la caída ni unas horas antes de que se produjera. Al año siguiente - es decir, diez meses después - pude visitar Berlín. La sensación al pasar por las fronteras de la RDA era la del pueblo fantasma en el que el comisario se ha ido y todos salen a las calles como en la noche de los muertos vivientes. El Este ( y sus habitantes) parecía que estaban hechos en blanco y negro (por sus ropas, sus formas de mirar… En el este todo me pareció feo y lleno de polvo) Pero eran gente como tu y yo que, al salir de su barrio cerrado, iba a los grandes almacenes a comprar (aunque se frustraban porque no tenía mucha pasta). Me confunde aún esta experiencia. ¿Era algo no real? Pareciera que, lógicamente, algo debía ser falso: o el peligro comunista o la extinción rápida y como en volatilización del socialismo real o esa gente que se movía como en otra época en busca de batidoras y planchas… Recuerdo que caían los sistemas en los distintos países como burbujas de jabón (lo más salvaje fue la ejecución de Ceaucescu pero…¡duró tan poco el proceso!).
Creo que me alegro que cayera el muro y que se hundiera el comunismo. Celebro, pues, hoy aquel hecho de la humanidad (¡Y mi bonito viaje!).
La inteligencia parece que no se “jala” nada al hacer la filosofía de la historia. Ni a la hora de explicar el presente. La inteligencia está hoy de capa caída (¿será porque le falta algún tipo de fe - y tuviera razón Agustín con aquello de necesito creer para entender?). Fin de las ideologías… quizás. El fárrago de ideas de las democracias ¿tiene alguna estructura?¿es algo más que huecos y palabras vacías: Libertad, Diálogo entre Civilizaciones, Obligatoriedad Hasta los 18, Consumo de Calidad, Consumo INteligente, Pensamiento Verde…. La inteligencia no pilla cacho(y la filosofía es inteligencia). Salvo que optemos por una nueva fe (al modo Agustín…. ¿quizás el ecologismo? ¡Necesitamos profetas y mártires!) la inteligencia debe esforzarse por probar combinaciones posibles de vocabularios para ver cual funciona mejor, cual nos hace más felices y reduce la crueldad en el mundo. La filosofía se hace creativa - como el arte - o seguirá perpleja.
No sé, Miguel. Yo sí celebro la caída del muro. Aunque lo hago más desde la nostalgia que desde la inteligencia (o, quizás, mi inteligencia trabaja últimamente en clave de melancolía)
¡Salud y librepensamiento!
Estoy tan de acuerdo con tu entrada que me atrevo a pedirte que escribas otra de divulgación, explicando pasito a pasito esto de la libertad de elección y de la libertad verdadera. Yo lo he intentado a veces pero seguramente por falta de formación no consigo explicarlo clarito y trillado como yo querría. ¿Serías tan amable de hacerlo por mí?
Gracias y un cordial saludo.
¡Saludos!
No es que crea que no hay nada que celebrar. Es decir, me alegro de que el muro fuera derrumbado y más aún de que todo ocurriera sin muertos de por medio. Lo que me incomoda es el discurso pseudotriunfalista de los defensores del liberalismo. Es decir, tengo la desagradable sensación de que nos están vendiendo la moto. Detrás de los conceptos que tú mismo señalas, Luis, hay algo que huele mal. Ya sabes que Nietzsche decía que él mismo era un filósofo de olfato. No sé que nos diría él. Mi nariz me dice que se ha sustituido el conflicto ideológico por una dominación que esconde miseria y barbarie. Eso sí, todo de una manera muy civilizada y estética.
En cuanto a tu propuesta, Animal de Fondo, me atrevo a asumir el reto. algo escribiré al respecto en los próximos días, pero no me comprometo a que sea bueno ;)
¡Saludos!
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Enviado desde Boulé » La libertad, engaño e ilusión · Blog de boulesis.com · Filosofia, deliberacion y pensamiento :
[...] Hace ya varias semanas que me comprometí con Animal de fondo a publicar un pequeño texto sobre la libertad. No sé si estará a la altura, pero allá va. Empecemos por la política: las sociedades liberales en las que vivimos recelan del estado como uno de los enemigos de la libertad. En tanto que no se entrometa en la vida de los ciudadanos podrán tomar sus propias decisiones. ¡Dejadme decidir por mí mismo!, parece decir el individuo liberal, sin darse cuenta de que para poder ejercer esa capacidad hace falta algo más que la mayoría de edad biológica o jurídica. Abrir espacios para la libertad no significa, ni mucho menos, que seamos libres o que vivamos en sociedades libres. Si la libertad es la ilusión de la decisión autónoma probablemente sea nuestro tiempo una de sus mayores expresiones. Por el contrario: si esperamos más de esta palabra, seguimos manteniendo diferentes formas de esclavitud y servidumbre: no exteras y visibles, sino mucho más sutiles, prácticamente imperceptibles. [...]
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