En una de sus frases más citadas, afirmaba Nietzsche que sólo creería en un dios que supera bailar. En ciertos contextos, el baile puede llegar a ser incluso subversivo, y encontramos no pocos ejemplos de bailes que han estado prohibidos a lo largo de la historia. El baile simboliza el cuerpo, la expresión fugaz de un movimiento armonioso y es siempre señal de alegría. En el baile se reflejan algunos de los valores centrales de la filosofía nietzscheana: ¿hubiera sido Michael Jackson el Dios de Nietzsche, si este hubiera vivido a finales del siglo XX?
Hablando en clase del genio maligno cartesiano, una alumna me habló de Shutter Island, una película que se sitúa a medio camino entre la cordura y la locura. De partida, nos presenta la cruzada de dos agentes que llegan una isla un tanto secreta y misteriosa, en la que están internados delincuentes peligrosos aquejados de enfermedades psiquiátricas. La extraña desaparición de una de las internas abre una investigación en la que van asomando los fantasmas del pasado de uno de los agentes, Teddy Daniels, a la vez que se descubre que el centro podría estar siendo utilizado para realizar experimentos con seres humanos. Y para terminar de rematar el asunto, se desvela que el agente Daniels ha entrado en la isla con la intención de solventar una vieja rencilla personal, ya que en ella se encuentra el pirómano que prendió su casa. Un cóctel explosivo como para que el genio maligno cartesiano haga de las suyas.
Otra vez las asignaturas filosóficas en el centro del debate · Enseñanza
Andamos en tiempos de reforma educativa. Como si alguno de los últimos quince años no lo hubiera sido. Y una vez más, se van afilando espadas y argumentarios. La filosofía no puede permanecer ajena: está ya acostumbrada a estar en el punto de mira. En esta ocasión, lo hace desde una doble perspectiva: la controvertida Educación para la ciudadanía y la presencia de la filosofía en el bachillerato. Sobre la primera, poco más se puede decir aquí que no se haya dicho en su día, mientras el engendro se estaba gestando: ya sabíamos que era una asignatura polémica, con algunos epígrafes cuestionables, que sin embargo se ha impartido con una normalidad absoluta. Ahora le cambian el nombre y elminan algún contenido: ¿de verdad era tan necesario? A excepción de sucesos muy puntuales, no ha generado ningún tipo de problema educativo. Y la razón es sencilla: la asignatura de 4º de E.S.O. ha conservado el enfoque filosófico que ya aparecía en aquella otra asignatura, la Ética, que fue sustituida por el invento de la L.O.E. Dicho en otras palabras: los profeores de filosofía hemos seguido haciendo lo que ya hacíamos. Formar ciudadanos a partir de las ideas. De poco o nada servirá cambiar el nombre y el temario sin modificar la asignación horaria: las asignaturas de una hora semanales sirven de muy poco.
No hace ni dos décadas que la mayoría de los internautas navega por la red. Y aunque la experiencia es aún breve, no está de más ir planteando diferentes cuestiones para la reflexión. Una que puede resultar sugerente es la que relaciona Internet con la ideología. Y es que a priori, si nos hubieran hablado de un espacio virtual en el que poder crear contenidos, compartirlos, o relacionarnos con otros, no hubieran sido pocos los “liberales” que se hubieran entusiasmado. No sólo porque todo esto representa una excelente ocasión de negocio, sino fundamentalmente porque Internet suele presentarse como uno de los mayores símbolos de la libertad. Al menos en teoría: libertad de opinión y de expresión, independientemente de que diferentes plataformas o estados pretendan controlar qué ideas se expresan y quiénes acceden a ellas. Y esta libertad termina siéndolo también de mercado: la red elimina barreras, crea nuevas formas de comprar y vender. Y es que, visto así, la red debería ser un gran invento para los liberales.
Decíamos hace unos días que el deporte deja de serlo cuando se convierte en un negocio puro y duro. Ocurre especialmente en las competiciones que los medios de comunicación “mundializan”: desde el momento en que los derechos televisivos superan ciertas cifras, la competición se pervierte. O bien porque pierde su sentido y el dinero impera, como se ha criticado por aquí hablando del fútbol, o bien porque los deportistas son instrumentalizados, utilizados como una tuerca más de la gran maquinaria audiovisual. Esta crítica es rechazada por algunos cuando se plantea en un blog de filosofía, pero es respetada cuando quien la expresa es el mejor tenista español de la historia: Rafa Nadal se ha quejado más de una vez de un calendario inhumano, un circuito de tenis mundial que parece concebir a los deportistas como monstruos de feria que se van exhibiendo de ciudad en ciudad. Calendarios inhumanos y competiciones inhumanas para quienes no son superheroes, ni mucho menos superhombres, sino tan sólo hombres, como tú o tu vecino. Humanos, demasiado humanos: tanto que a veces incluso reflexionan filosóficamente tras la derrota.
A riesgo de que alguien se enfade conmigo, he de reconocer que durante los seis años que viví en Miranda de Ebro no fui ni una sola vez al estadio a ver al Mirandés. Nunca terminé de entender del todo cómo era posible que hubiera tanto entusiasmo por un equipo que jugaba, de aquellas, en tercera división. El caso es que ahora, que no está mucho más lejos se ha convertido en el equipo de moda. Y he de decir que me alegro, principalmente por todas las personas que conozco y que sí sienten la emoción de seguir al equipo de su vida. Aunque sólo sea por ellos, la fiesta del pasado martes ya está justificada. Lo que no comparto, y me resulta casi hasta molesto, es el discurso generalizado que se va imponiendo alrededor del mirandés. Los periodistas deportivos han destrozado los tópicos de tanto repetirlo: “esto es el fútbol”, “la magia del fútbol”, “este es el fútbol de verdad”… y otras tantas frases, a las que también se han sumado las grandes figuras nacionales.
“Aquel trabajo le estaba matando. Decían que no lo pensara. Un botón, una jeringuilla. Le inmunizaban habitualmente: “este representa lo peor de la humanidad, cumples una labor pública”. Pero siempre que lo hacía era como matarse a sí mismo. La sociedad le convertía en lo mismo que eliminaba: un asesino.”
Una de las consecuencias que no comentábamos ayer sobre el cierre de Megaupload: la gente se aburre. No son uno ni dos los que estaban acostumbrados a ver las seres de televisión o las películas de estreno a través del ordenador. Y los que no manejan todavía bien las alternativas a la famosita página andan sumidos en el ostracismo. Se aburren. Como si la televisión hubiera existido siempre. Dando por supuesto que los móviles han sido uno de los motores de la historia y que las videoconsolas de las más diversas marcas hubieran sido una oferta habitual de la jugueterías. Es difícil para muchos de los que viven su adolescencia y juventud en estos inicios del siglo XXI imaginar tan siquiera la posibilidad de que hace sólo un par de décadas la diversión había que buscarla de otra forma. Tanto ocio no impide sin embargo que se manifieste una de las características más propias del ser humano: el aburrimiento.
Clausurado el mayor "almacén" de documentos de la red · Listas para pensar
Desde hace días, el cierre de Megaupload viene ocupando buena parte de todo lo que se publica en Internet. Aunque no sea éste, ni mucho menos, uno de esos blogs capaces de crear opinión o seguidos por miles de personas, sí podemos abordar el asunto, aunque sea para decir cosas de que ya se han escuchado más de una vez. Tan sólo por lanzar al aire cinco ideas, que nos sirvan para comprobar al menos que cierto aire filosófico sigue sirviéndonos para pensar incluso sobre estas cuestiones “virtuales” que tan “reales” se han vuelto de un tiempo a esta parte.
Algo que decíamos hace muy poco: la mejor manera de luchar contra los productores es no comprar sus productos. La red está llena de materiales y recursos alternativos, abiertos y gratuitos.
Toma fuerza un ludismo de nuevo cuño: ya que la tecnología termina con formas tradicionales de producción se ataca esta nueva tecnología. Con una salvedad: el ludismo original atacaba formas capitalistas de producción. Son ahora éstas las que en cierta forma se defienden.
Darwinismo empresarial: si megaupload facturaba cientos de millones, ¿no deberían pensar las productoras de música, series y películas que deben “adueñarse” de ese negocio, capitalizar sus productos copiando el modelo, en lugar de destruirlo?
Cambio social y cultural: quizás nos estemos acercando a tiempos en los que no se puede vivir de escribir o de editar canciones en un soporte físico. ¿Es posible y pensable un mundo en que se escriba sin pretender un beneficio económico de ello?
Poner puertas al campo: muerto megaupload, existen alternativas de todos conocidas. ¿Hasta qué punto puede el poder político o económico luchar contra la red y contra herramientas sencillas que cuentan, por otro lado, con usos absolutamente legítimos? La resistencia de los productores a asumir las nuevas pautas de consumo e intercambio tan sólo lograrán acrecentar y prolongar la agonía.
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”
Nos encontramos ante un artículo polémico, que bien podría dejar insatisfechos a muchos. Estamos más que habituados a pensar que las sociedades occidentales cumplen con los derechos humanos, mirando siempre a países lejanos cuando hablamos de quienes los ignoran sistemáticamente. Frente a esta actitud, algo acrítica y quizás etnocéntrica, este artículo apunta a una libertad cuya realización en la sociedad democrática en que vivimos no contenta a nadie. Reconociendo la libertad de conciencia, la declaración está aludiendo de manera indirecta a la tolerancia y la convivencia entre distintos credos, y la experiencia demuestra que esto resulta más complicado de lo que pensamos.
Debate pedagógico, realidad de aula y reformas educativas · Enseñanza
Rematábamos en los últimos días el tema del aprendizaje en clase de psicología. Y pasábamos al siguiente, que no es otro que el de la memoria, con el que nos ocuparemos en esta semana y las próximas. Suele ser el momento adecuado para hacer una valoración conjunta del sistema educativo, que en primero de bachillerato los alumnos ya han sufrido y disfrutado, y por tanto conocido, suficientemente. De una manera muy resumida, explico en primer lugar los cambios pedagógicos más importantes del sistema en los últimos veinte años, en los que en realidad no ha habido ninguna ley que haya llegado a implantarse en sus totalidad de un modo completo, lo que requeríría como mínimo un par de décadas. Básicamente, nos centramos en la manera de enseñar y en el tipo de habilidad que, en teoría, debería trabajarse en el aula. Lo sorprendente es que los alumnos se sorprenden: en su opinión, hoy, como hace varias décadas, el sistema sigue centrándose en las respuestas correctas, sin ser capaz de indagar en habilidades como la comprensión o, como se dice ahora, en las competencias.
A partir de la hipótesis del genio maligno · Filosofía
Una de las ideas que más extrañeza y perplejidad suele despertar entre los alumnos de 2º de bachillerato es la hipótesis del genio maligno de Descartes. Tan acostumbrados como estamos a pensar que vivimos en la verdad, nos produce cierto rechazo plantearnos, aunque sólo sea a modo de experimento mental, la posibilidad de que toda nuestra vida sea en el fondo una farsa. No nos maravillamos de esta “confianza innata”, que nos invita a dar por sentado lo que nos dicen que ocurre. Lo que nos choca es precisamente aquello que de alguna manera nos invita a salir de nuestra comodidad intelectual, a romper con un estilo de vida y unas ideas que llevan años asentadas y que están respaldadas por todo un sistema cultural, político y social. Todo un síntoma sin duda. Porque al final se trata esencialmente de eso: produce una innegable pereza intelectual y un cierto vértigo el pensar en contra de la vida, de uno mismo, de las creencias más asentadas que se puedan tener.
El arte nos cura y nos enferma: ¿qué somos? · Arte/cultura
Ya estamos acostumbrados a oir de vez en cuando noticias en las que nos hablan de las diferentes terapias que utilizan el arte. Sea como actividad curativa: producir arte es una forma de terapia. Pintar no es un mero entretenimiento: libera nuestros miedos internos, demonios… nuestros dolores. No es una cuestión de pasar o matar el tiempo: la obra que cada uno crea va más allá de la expresión personal y, según se nos cuenta, contribuye a nuestra propia curación. Pero la terapia no se conforma con esto: otras artes como la música son terapéuticas, si escuchamos durante varios minutos al días las melodías adecuadas. Dependiendo del tipo de enfermedad, el arte puede sumarse a las medidas que adoptamos para luchar contra ella. Pero no es esta la única relación posible entre ambos conceptos.
Reflexiones a partir de la ley antidescargas · Internet
El concepto de “industria cultural” es uno de los que está en el punto de mira de la teoría crítica propuesta por la Escuela de Frankfurt. Curiosamente, los frankfurtianos recelaban de este concepto: en su opinión podía desempeñar una función predominantemente ideológica, escondiendo los conflictos reales y tratando de “entretener”, en el peor sentido de la palabra, a las sociedades. Los grandes espectáculos de masas serían el mejor ejemplo de lo que venimos hablando: grandes estadios que bailan y corean las canciones del lider de turno creado por una campaña de mercadotecnia. Todo un símbolo de la dialéctica de la Ilustración: lo que en un principio debería liberar las mentes termina transformado en uno más de los mecanismos del poder, especialmente del económico. A esta crítica se le puede dar todavía un par de vueltas a partir del impulso que la lucha contra la piratería va a recibir en los próximos meses.
¿Por qué los políticos incumplen sistemáticamente sus promesas electorales? · Actualidad
Quien haya pasado por las clases de filosofía de bachillerato en los últimos años estará ya familiarizado con uno de los conceptos más importantes de la Ética a Nicómaco: la prudencia. Su función en la obra aristotélica es tan importante que hay autores como Pierre Aubenque que le han dedicado todo un estudio: La prudencia en Aristóteles. Tomar la decisión adecuada y llevarla a cabo. En esto viene a consistir la prudencia. Se ha convertido en una de esas palabras clave en la ética, y hoy quería poner en discusión su papel dentro de la política. Principalmente porque ya hemos asistido a la primera “imprudencia” del nuevo gobierno: después de prometer durante meses que jamás subirían los impuestos, una de sus primeras decisiones ha sido aprobar una de las mayores subidas de los últimos años.