Inflación educativa
La educación para la ciudadanía viene pisando fuerte: el MEC ya se ha encargado de crear una [1] página web específica, que aparece en la primer posición de Google (¿Será a cambio de dinero, por los enlaces recibidos, por la “política de Google” o simple y pura casualidad?) si se busca cualquier contenido sobre dicha asignatura. Si cualquiera de los que leen esto salen a la calle es más fácil encontrarse cursos, cursillos, charlas, coloquios concursos y recursos sobre la ciudadanía que un aire puro, limpio o respirable. Podría decir que hay más educación para la ciudadanía que ciudadanos, pero eso lo dejo para otro día. La [2] fundación cives, integrada por profesores que a su vez forman parte de puestos importantes en las aociaciones de filosofía, se están hinchando a dar cursos de ciudadanía a los profesores a diestro y siniestro. O lo que es lo mismo: los mismos que negociaron con el MEC el futuro de la filosofía no paran de ir por España hablando a los profesores de la nueva materia, parida con presuntas justificaciones europeístas. Una forma como cualquier otra de ganarse la vida. Y ya muchas bitácoras empiezan a defender su implantación aportando un argumento que personalmente me parece falaz: basta ver la actualidad de nuestra sociedad, se dice, para darse cuenta de que es necesaria la educación para la ciudadanía.
Pretender soluconar los problemas sociales a través de la educación demuestra una falta de reflexión alrededor de los fines y de la función de un sistema educativo cualquiera. La educación no está para tapar agujeros sociales, y si así es, entonces lo que estamos haciendo es devaluarla. No porque haya niños obesos hemos de dejar de estudiar ciencias naturales para hincarle el diente a la nutrición. El alto índice de alcoholismo de nuestra sociedad no se solucionará jamás con una clase en la que se hable del alcohol y de sus efectos sobre el cuerpo humano. No podemos pretender que la educación venga a reparar lo que funciona mal en la sociedad. Un sistema educativo no debería estar pensado para eso. Eso provoca lo que aparece más arriba: inflación educativa. Cuando todo es responsabilidad de la educación, al final, se termina por no enseñar absolutamente nada. Hay tantas necesidades sociales, que es absolutamente imposible diseñar asignaturas para todas ellas.
Ya [3] lo he dicho antes: las habilidades sociales elementales se aprenden en casa. Si la sociedad va mal, no es por culpa de la educación “formal”. Hay otras muchas causas: para empezar problemas políticos y económicos como la marginación, la pobreza (que, no lo olvidemos, en España alcanza a 8 millones de personas, casi uno de cada cinco), el paro o la inestabilidad laboral. Atajar estos problemas es mucho más difícil que engañar a los clientes (perdón, quise decir electores) prometiéndoles que la Educación para la ciudadanía impedirá que en nuestro país haya violencia de género, palizas, asesinatos, intolerancia o violencia gratuita. Algo que no es más que engañar a la población. No tiendo a ser pesimista, pero me atrevo a hacer el siguiente vaticinio: la educación para la ciudadanía se implantará, sí, pero no dejará de aumentar la criminalidad, y no se rebajarán las agresiones o las actitudes racistas o xenófobas. Esperar que una asignatura de una hora semanal pueda evitar todo esto es tan ingenuo como suponer que basta decir a alguien que todos somos iguales para que deje de tener prejuicio racistas. Eso pasa, sí, pero en las películas de Walt Disney. El mundo real va por otros derroteros bien distintos. Que las familias eduquen bien a sus hijos, y los políticos hagan bien su trabajo. Entonces no necesitaremos ni Educación para la ciudadanía, ni nada que se le parezca.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] página web específica: http://www.educacionciudadania.mec.es/
[2] fundación cives: http://www.fundacioncives.org/paneka/principal.php
[3] lo he dicho antes: http://librodenotas.com/opiniondivulgacion/9996/el-epcema-de-la-epc
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