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Internet e ideología

Libertad e igualdad "virtuales"

No hace ni dos décadas que la mayoría de los internautas navega por la red. Y aunque la experiencia es aún breve, no está de más ir planteando diferentes cuestiones para la reflexión. Una que puede resultar sugerente es la que relaciona Internet con la ideología. Y es que a priori, si nos hubieran hablado de un espacio virtual en el que poder crear contenidos, compartirlos, o relacionarnos con otros, no hubieran sido pocos los "liberales" que se hubieran entusiasmado. No sólo porque todo esto representa una excelente ocasión de negocio, sino fundamentalmente porque Internet suele presentarse como uno de los mayores símbolos de la libertad. Al menos en teoría: libertad de opinión y de expresión, independientemente de que diferentes plataformas o estados pretendan controlar qué ideas se expresan y quiénes acceden a ellas. Y esta libertad termina siéndolo también de mercado: la red elimina barreras, crea nuevas formas de comprar y vender. Y es que, visto así, la red debería ser un gran invento para los liberales.

En contra de esto, y sorprendentemente, la red nos muestra ciertas contradicciones internas de esta ideología. Eres libre de comprar, pero no de compartir gratuitamente. La libertad se canaliza en función de las necesidades y requisitos del mercado correspondiente, por lo que parece que los poderosos son quienes marcan unos límites bien claros. El encendido debate alrededor de los derechos de autor y las creaciones culturales (sobre el que ya hemos hablado alguna vez aquí) nos recuerda que Internet, como tecnología, puede estar más cerca de la ideología socialista, abogando por una nueva manera de concebir la propiedad intelectual. Movimientos que nos hablan del copyleft, y seres humanos embarcados en grandes proyectos como puede serlo, sin ir más lejos, el software libre: una manera de concebir el trabajo y sus frutos muy alejada del capitalismo, y mucho más próxima a la ideología socialista: todo para todos. Colaboración, solidaridad, igualdad. Anulación del individuo en favor de la colectividad.

Una misma red en crecimiento y desarrollo, integrada por los miles de millones de seres humanos que intercambiamos mensajes, noticias, imágenes, videos o "tweets". Y es que en el fondo, somos también nosotros, cada internauta, los que tejemos la red, los que contribuimos a configurarla y darle forma. Un espejo que refleja lo que somos: los que defienden que la libertad es el valor irrenunciable, superior incluso a unos derechos de autor que se consideran propios de otra época. Los que piensan que el futuro de la humanidad dependerá de una manera decisiva del verbo compatir. O los partidarios de que los autores puedan seguir viviendo de sus obras, sea software, libros, fotos o películas. Si algo podemos sacar en claro de todo esto es que la tecnología no es, como pretenden algunos neutral: la red de las empresas de software, la tecnología educativa, el gran mercado del mundo y los derechos de autor es una imagen virtual del capitalismo que nos domina. La del software libre y la "okupación" inelectual (como alguna vez he oído llamar a las páginas que violan derechos de autor) se identifica más con la ideología socialista. Aunque probablemente tendríamos que ir asumiendo que las ideologías no bastan para comprender la re: ¿cuál será su futuro" Probablemente una extraña mezcla de ambas. No muy distinta de la que vivimos hoy.

!Hola Miguel! Mi crítica se va a centrar en un aspecto muy concreto. Por lo tanto, espero que así se entienda. Concretamente gira en torno a la frase: “la libertad es el valor irrenunciable, superior incluso a unos derechos de autor que se consideran propios de otra época.” Considero que es insostenible afirmar que la libertad sea un valor irrenunciable. Y es insostenible porque la libertad no es un valor. La libertad es la condición de posibilidad de toda valoración humana, y por ello, no es un valor. Además de considerar que por esa vía se accede por una pendiente resbaladiza que acaba identificando a la persona con una “pura y abstracta” libertad. Ahora bien, si lo que se quiere decir es que libertad de acceso a toda información ( y también se tendría que incluir, porque si no, no lo entendería, el acceso a : archivos de la defensa o de la inteligencia nacional, archivos médicos, archivos bancarios….) está por “encima” de los derechos de autor sería algo que habría que probar. Lo que ocurre es que algunos creen que con anteponer la palabra mágica llamada libertad a cualquier discurso, pues ya está, asunto resuelto. Porque en el fondo, y lo que algunos de ellos defienden, es que su libertad está por encima de todo y de todos. Y francamente, eso no tiene absolutamente nada que ver ni con el socialismo, ni con la colaboración, ni con la solidaridad ni con la igualdad. Un Cordial Saludo

¡Saludos! Pues no termino yo de tenerlo claro. Esto de que la libertad sea condición de posibilidad de la valoración es un tanto cuestionable. En aquellos sistemas políticos en los que no se respeta la libertad sigue habiendo valores morales y los seres humanos seguimos teniendo capacidad de tomar posición al respecto. De hecho, estos sistemas totalitarios imponen una serie de valores que pueden ser, o no, aceptados por los ciudadanos. La libertad, en mi opinión, es un valor o una facultad humana que necesita ser protegida, por parte de todos, para poder existir. Y si lo aplicamos a la red, tiene su miga, ya que como bien dices no está tan claro que, en aras de la libertad, esté justificada la violación de los derechos de propiedad intelectual.

La libertad está necesariamente ligada a la voluntad humana. Es más, la voluntad es lo que determina directamente la libertad. En el preciso instante en el que yo quiero algo soy libre de tenerlo o, por lo menos, de intentar tenerlo. Por esto dentro de la libertad está también hacer el mal y oprimir con ello las libertades de los demás. ¿O es que acaso no tiene el ser humano la libertad, si no es de dominar, por lo menos de intentarlo? Lo que ocurre es que en este caso estaríamos hablando de libertinaje, y sin duda la línea entre esta última y la libertad es muy delgada, casi imperceptible. A este respecto estoy de acuerdo con Elías. Y con Miguel, cuando deja entrever que la última palabra la tienen los ciudadanos al decir sí o no a determinados sistemas políticos. Sin embargo, ¿a qué precio? Es obvio que no todo el mundo tiene la valentía o se encuentra en unas circunstancias lo suficientemente favorables como para pronunciar una de las palabras más osadas que existen, si cabe, en la sociedad: No. También me gustaría mostrar mi concordia con José Antonio Marina y hacer mención a una de sus muchas ideas que está relacionada con este tema. Es aquella que viene a decir que la libertad humana no debería ser el mayor valor de todos, porque los problemas vendrían entonces a la hora de ponerle límites. ¿Cómo ponerle límites al valor supremo de la humanidad? Hace tiempo me decía un amigo que el poder de unas personas sobre otras existirá siempre. Por más que el conjunto de personas que pueblan el mundo aúnen esfuerzos por evitarlo siempre aparecerán de entre todas ellas individuos con perfil de psicópatas -se estima que un 6% de la población mundial lo es- para intentar hacerse con el control, y, como no hay ninguna ley que impida esto último, no cabe duda de que acabarán lográndolo. Teniendo en cuenta la cantidad de personas inteligentes que pueblan estos lares, no creo que sea necesario explicitar qué clase de personas son ésas, pero lo que sí está claro es que todas ellas hacen un perfecto ejercicio de libertinaje. A modo de despedida, quería dar la enhorabuena a los artífices de esta página -como ya han hecho algunos-, y de paso, mi más sincero agradecimiento por permitirme escribir mis pensamientos entre tantas ideas de tan ingente calidad. No cabe duda de que me puede servir de un modo propedéutico y de preparación para escribir un ensayo que ya hace tiempo quiero realizar. No he estudiado filosofía. Sin embargo me fascina y es lo único que vengo leyendo en estos últimos años. Es de las pocas veces que escribo algo públicamente, así que pido perdón si hay fallos de expresión o de redacción de algún tipo. Asimismo, agradecería sobremanera que en caso de que los hubiera se me corrigiera. Un saludo y gracias nuevamente.

No existe un mundo objetivo de los valores e independiente del hombre. Es decir, no existe un mundo de los valores, y posteriormente, el hombre entra en relación con él adhiriéndose a unos valores sí y a otros no. El mundo de los valores es una “creación” humana. El hombre, a diferencia de los animales, es una animal simbolycus (animal simbólico). Por cierto, denunciaba Laín Entralgo, y con razón, una mala utilización del latín que conlleva un gran error. El hombre no es un animal simbólico, sino, una animal simbolizante (simbolizans). Un jaguar, por ejemplo, es un animal simbólico para determinadas comunidades humanas. Por tanto, decir que el hombre es un animal simbólico es un profundo error. El hombre es una animal capaz de simbolizar, y por tanto, habría que sustituir simbolycus por simbolizans. Sólo porque los hombres poseen unas determinadas facultades (inteligencia, sentimiento y voluntad (aquí es donde entra el momento de la libertad) es por lo que el hombre es capaz de “crear” valores. Y por tanto, la inteligencia, el sentimiento y la voluntad no son valores, sino, las condiciones de posibilidad de los mismos. Este es el sentido en el que yo afirmaba que la libertad (facultad humana) es condición de posibilidad, y no, un valor. Decías, Miguel, y con toda la razón: “En aquellos sistemas políticos en los que no se respeta la libertad sigue habiendo valores morales y los seres humanos seguimos teniendo capacidad de tomar posición al respecto. De hecho, estos sistemas totalitarios imponen una serie de valores que pueden ser, o no, aceptados por los ciudadanos. Pero es que en esa frase habría que diferenciar los dos usos que se hacen de la palabra libertad. Libertad-de y libertad- para. El hombre es constitutivamente libre (libre-de) dentro de unos márgenes. Ahora bien, lo que no es, es ser constitutivamente libre-para. Un sistema podrá anular la libertad-para, pero lo que no podrá hacer es anular (salvo con la destrucción de la persona) la libertad-de. Las personas somos libres-de pensar lo que deseemos pero no tenemos porqué ser libres-para expresar lo que pensemos. Lo que yo denunciaba es cuando la libertad-para se pretende convertir en un valor absoluto. O mejor dicho, cuando se pretende convertir sólo a “mi” libertad-para en un bien o valor absoluto. Y es precisamente en este punto donde aparece Nietzsche en su estado más puro con su transvaloración. Porque antes, el anteponer “su” libertad-para por encima de todo y de todos se denominaba egoísmo (disvalor), mientras que ahora, es el bien y el valor absoluto. Que desean que ello sea así, pues bien, que sea. Ahora bien, lo que no aceptaré es que a eso se lo identifique con el socialismo, con la solidaridad o con la igualdad. Cordiales Saludos

Buenos días a todos. Elías, fantástica diferenciación entre libertad-de y libertad-para. Bajo mi punto de vista deja muy bien sintetizado el debate. Un saludo.