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Kant y la desobedencia civil

Sobre el uso público y el uso privado de la razón en Kant

Terminábamos la explicación de Kant con una pequeña decepción para algunos de los alumnos. Kant, el ilustrado, el entusiasmado defensor de la revolución francesa. Kant, el que comienza un texto con el viajo lema de Horacio: atrévete a pensar. El mismo Kant que unos párrafos después nos viene a decir: piensa por ti mismo cuanto quieras, e incluso expón tus pensamiento en público, pero obedece. Me estoy refiriendo a la distinción que establece Kant entre el uso público de la razón y el uso privado de la misma. En su uso público, viene a decirnos el autor alemán, todos tenemos el derecho (y casi podría decirse que la obligación) de esforzarnos por formarnos en los temas de interés general y compartir nuestros argumentos y críticas con los demás. En esto consiste la libertad de pensamiento y expresión: pensar por uno mismo, (in)formarse y después poner en común todo lo que se ha llegado a conocer. Sin embargo, hay un segundo uso de la razón: el privado. En este, valga la redundancia, estamos "privados" de razonar y hemos de obeceder ya que, según nos viene a decir Kant, en ciertos ámbitos de la sociedad y especialmente cuando el individuo trabaja para la misma, se ha de obedecer para mantener el orden social.

Surgía en la clase de ayer una voz crítica: entonces Kant, al final, no deja de ser un servilista más. Y se discutía el ejemplo de los desahucios. No hace tanto que el juez que iba a levantar acta de un suicidio, manifestaba públicamente su repulsa ante la actual ley hipotecaria, que consideraba anacrónica, pensada para un tiempo que distaba mucho de ser el que vivimos hoy, con unas circunstancias bien particulares. Esa queja del juez, que todos pudimos ver por televisión o leer en un periódico, podría entenderse en Kant como un legítimo uso de la razón en el contexto público. Sin embargo, es más que probable que ese mismo juez, al día siguiente o a los pocos días, se viera obligado a firmar sentencias de desahucios, en aplicación de la legalidad vigente. De no firmar dichas sentencias, estaría cometiendo uno de los delitos más graves que se pueden imputar a un juez: prevaricación. "Pues entonces, ese juez es un hipócrita: no puedes estar un día denunciando la ley y otro día firmando sentencias que consideras injustas". Esta fue, más o menos, la respuesta del alumno que se sentía un tanto decepcionado con los ímpetus ilustrados de Kant: de qué sirve tanto pensamiento, si al final, como servidores públicos, hemos de obedecer.

Es verdad que estamos, quizás, ante una de las ideas kantianas más alejadas del tono general ilustrado que impregna toda su filosofía. Pero no menos verdad es que parte de la respuesta del propio Kant, está en ese mismo texto, unas lineas más abajo: cuando la sociedad alcance un grado suficiente de formación, cuando "se ilustre a sí misma", este uso privado de la razón irá disminuyendo, ya que estaremos más cerca de ordenamientos legales racionales. En el fondo, la tesis kantiana no se detiene tanto en si en una acción concreta se puede uno saltar la ley o no. Su pensamiento va un poco más allá: lo que realmente importa es que todos pongamos lo mejor de nosotros mismos en nuestra educación, en nuestra formación. La auténtica revolución viene de la mano de la cultura, no de las armas o la violencia. En una sociedad ilustrada, el uso público de la razón debe conducir el proceso de creación de leyes y normas comunes, y el uso privado de la razón debe garantizar el orden y la cohesión social. Y este el problema de la desobedencia civil que no suele apuntarse: si todos desobedecemos en aquello que no compartimos, la sociedad se desintegra. Así de sencillo y así de complejo. De manera que la obediencia por la que parece inclinarse Kant no es una obediencia ciega: cumple la ley como trabajador público, pero haz todo lo posible por cambiarla en tu labor como ciudadano. Un deber público, el de formarnos y formar a otros, que está quizás en declive en nuestro tiempo. No es que Kant esté contra la desobediencia. Quizás su fórmula es más sútil: la manera más eficaz de desobedecer es educar(se). Saber. Por eso es el conocimiento el acto más revolucionario del ser humano y de la sociedad.

Estupenda reflexión, Miguel. Como otras tantas que cada día podemos disfrutar en tu página. Gracias por todo lo que aprendo de tus comentarios.

Para algunos estudiosos del Derecho Kant no terminar de culminar su concepción del Derecho frente a la Moral. Para estos estudiosos Kant se mueve entre el iusnaturalismo (relación entre la moral y el derecho) y el iuspositivismo (disociación entre la moral y el derecho, y por tanto, autonomía del Derecho frente a la moral) de forma que no queda muy perfilada su teoría jurídica. Por una parte Kant considera que la acción moral viene determinada por el deber. Y la nota constitutiva o fundamental de este deber, debe de ser, la universalidad: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal” (imperativo categórico). Es decir, debe de ser válida para todos. Pues bien, esta concepción en una concepción iusnaturalista del Derecho. Ahora bien, por otra parte kant considera que el Derecho es el conjunto de condiciones sobre las cuales el arbitrio de uno puede ser unido al arbitrio de otro según una ley universal de libertad. Asimismo considera que el arbitrio mío encuentra un límite en el arbitrio del otro. Y la manera que tiene de resolver dicho enfrentamiento entre mis intereses y el de los otros está basada en la coerción por parte del Estado. Así, y de esta forma, el Derecho tiene prioridad sobre la moral que queda refugiada en el ámbito de lo privado. Pues bien, esta es una concepción iuspositivista del Derecho.