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La buena muerte

Otras condiciones para una muerte digna · Personal


La polémica por la eutanasia parece eclipsar cualquier otro aspecto que rodee a la muerte humana. Nos olvidamos de su dimensión social, personal, familiar… para centrarnos sólo en los últimos momentos, en cómo hemos de pasar los últimos días. Problema importante, cómo negarlo, pero no el único. Sin embargo, al problema de la dignidad en el momento de morir, problema que intenta solucionar la bioética, se le une otro problema del que no habla absolutamente nadie: qué hacer cuando la muerte ya ha llegado. Evidentemente, la respuesta parece inmediata: cumplir con los rituales que en cada sociedad sean preceptivos. Sin embargo, ésto no es tan evidente como pudiera parecer, y puede ocurrir que a menudo se vulneren los deseos o la forma en que vivió la persona fallecida.

La idea que quiero defender aquí es sencilla: la muerte digna va más allá de lo que ocurre en un hospital o en la cama de un enfermo. Es más: tan importante o más que el dolor y el sufrimiento de los últimos momentos puede ser la manera en la que después se cumpla con lo que la persona fallecida había dispuesto. Cuántos tanatorios están llenos de personas que harían que el fallecido salte de su caja, si éste supiera que fulanito o menganito está allí, velándole. Cuántas tumbas no se revolverían, si pudieran ver los homenajes políticos o culturales que se organizan, convirtiendo el pensamiento o la obra de uno, en un motivo más para la charlotada cultural. Cuánta lucha de carroñero sucede a la muerte de tantos, y cuánto muerto vive secuestrado durante su entierro y hasta después de enterrado.

Y es que el ser humano, nos guste o no, es así: a veces pretendemos arreglar tarde, mal y nunca, lo que hubiera sido fácil de solucionar mucho antes, con gestos sencillos. O qué fácil sería guardar silencio y discrección, cuando las cosas ya no tienen remedio. Pero no. Preferimos aparentar lo que no fuimos durante mucho tiempo, ocupar un lugar que debíamos haber ocupado antes, pero que, por las circunstancias que sean, quedó vacío. Queremos, de una forma u otra, salir en la foto (¿qué si no eso es “dar buena imagen”?), porque en el fondo no nos diferenciamos tanto de los políticos a los que tanto y tan a menudo criticamos (no olvidemos que son personas, como cada uno de nosotros…) Claro que a veces se intenta hacer justicia: para eso está la historia, o los defensores de la memoria histórica. Pero ¿qué ocurre con los demás? ¿Qué pasa con los que no pasaremos a la historia, con los que jamás seremos investigados por alguien que reivindique nuestra memoria, nuestra autonomía, nuestra dignidad? Pues que corremos el riesgo de ser ultrajados antes y después de nuestra muerte, con total impunidad y por las mismas persona. Como le ocurrió a una persona muy cercana (mía y también de la página) justo hace una semana.

§ | Miguel | 20/May/2005 | 14:29 | Añadir comentario |

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10 comentarios a “La buena muerte”

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La discusión sobre la eutanasia puede que eclipse otras reflexiones sobre la muerte (es el juego de la voluntad de poder, el choque de perspectivas y horizontes). Pero la asociación sin matiz ni punto y a parte del debate - en suspenso - sobre la eutanasia y la explosión ético-metafísica acaba por anular el ya de por sí maherido debate sobre la eutanasia. Lo mata o embrolla por explosión hacia lo sobreabundante (Más en Vivo en el mundo )

§1 | Luis González | 21/05/2005 | 09:58

La “dignidad” o “indignidad” de la muerte es una ficción. La muerte es. Está. Es inevitable. Desde que naces sabes que tienes que morir. Puedes suicidarte antes, no como una renuncia ni nada de eso, sino como un acto de vida, un auténtico acto de voluntad, de enfrentamiento hacia eso que sabes inevitable. No hay muertes dignas porque no las hay indignas.

Lo de los fastos y todas esas parafernalias tiene más que ver con el concepto de “salvación” y de “juicio final”, como todos esos actos presuntamente bondadosos por parte de los que van a morir y que no son más que cargar con responsabilidades a otros fingiendo ser “buenos”.

No en todas las culturas se hace así: hay una etnia mandinga que se come al familiar muerto como una forma de sellar la memoria, de llevar al difunto dentro.

Y el luto o las representaciones de la muerte son necesarias, para mucha gente lo son. Negarlas es negar de alguna manera que ha existido una muerte. Negar el dolor que supone la pérdida, ocultarlo, esconderlo no es más que una consecuencia de la cultura de lo banal que no rodea. Sí, está bien que sienta el dolor pero ¿cuántos días son soportables para los demás, para los que vemos ese dolor? ¿30 días de luto? ¿100? ¿o sólo 2 o 3 y después a beber unas cervezas “que la vida sigue”?

§2 | Cecilia B. | 22/05/2005 | 11:40

<i>tan importante o más que el dolor y el sufrimiento de los últimos momentos puede ser la manera en la que después se cumpla con lo que la persona fallecida había dispuesto</i>
Debes de estar de broma. O eso o no te has visto (aun) confrontado a la enfermedad y a la muerte. Good for you.

§3 | zen-cerro | 23/05/2005 | 09:50

Te aseguro que si la persona en la que pensaba cuando escribí esto lo leyera, estaría muy de acuerdo con lo que pone, pero prefiero no entrar en detalles.
¡Saludos!

§4 | Miguel | 23/05/2005 | 14:13

Cecilia B. dice que no hay muerte dignas porque no las hay indignas. Salvo que la palabra dignidad carezca de sentido - que sea como decir blublublu - morir torturado es mal rollo (o indigno) y tener consuelo en el dolor es guay (o digno). Claro, que al menos para mi. Por otro lado, creo que pensar que después de la(mi) muerte propia alguien - un tutor postmortem de la(mi) voluntad última o penúltima (la última sería: más luz o apaga la luz o quítame este cáliz) - se ocupará de hacer algo que yo estimo valioso me reconforta. Si no lo hace, desde luego, no me afectará (es su problema). Si se lleva luto 1000 días, si me comen o si me achicharran no me afecta. Aunque ahora, antes de mi muerte, lo del luto me provoca carcajada (no risa), asco la perspectiva de ser comido e indiferencia el churrasco.

Por cierto: esto es literatura, pasa-ratos o divertimento para cálida tarde de primavera. No es ética ni bioética.

§5 | Luis González | 23/05/2005 | 16:06

I see your point y te entiendo. Es solo que cuando has visto sufrir a alguien de verdad en una cama de hospital nada te parece tan importante como acortar ese dolor horrible. Dicho lo cual, tienes toda la razon en que a veces deberiamos respetar mas a los muertos.

Un saludo.

§6 | zen-cerro | 23/05/2005 | 16:08

la muerte es digna en la medida que seamos honestos con nosotros mismo, haciendo el bien en todo momento, logrndo perfecionarnos cada día mas en los cosas simples de la vida, haciendolas agradables a nosotros mismos y a los demás

§7 | ranita | 12/06/2005 | 04:03

hola a todo el mundo.

me encuentro en una situacion cercana, por una enfermedad grave -cancer-, y me siento impotente para ayudar a mi gente. alguien ha asistido a alguien durante los meses nteriores a su muerte y ésta ???
todo lo q me puedan contar kiza me ayude, aunke kiza mede miedo, no seria de extrañar.

saludos

§8 | titamarian | 20/12/2005 | 23:23

en mi caso, si lo veo necesario, intentare una eutanasia. soy la unica persona q puede tomar esta decision, y se q sera respetada.

saludos

§9 | titamarian | 11/01/2006 | 14:47

TAN IMPORTANTE ES VIVIR BIEN COMO MORIR BIEN ESO ES LO QUE CREO. SALUDOS.

§10 | LE_MANUEL | 5/02/2006 | 07:13

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