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La genealogía de Nietzsche (y su voluntad de poder)

Crítica a Nietzsche desde Nietzsche

Una vez al año, por estas fechas, más de un profesor de filosofía no puede evitar sentirse un tanto contradictorio. Especialmente si se empeña en "vivir" o en "asumir" las ideas del autor que toca explicar en cada caso. Y este es uno de los problemas de presentar las ideas de Nietzsche: cualquier interpretación desde la lógica o la coherencia que se espera de la filosofía está condenada al fracaso. Algo que con toda seguridad preocupaba muy poco al filósofo alemán, sí que se convierte en una complicación para los alumnos de bachillerato. Resulta inconcebible que alguien que suele presentarse como una de las mentes más desarrolladas de su tiempo pudiera vivir plácidamente instalado en la contradicción, en la afirmación de un presente absoluto conceptualizado por el eterno reterno, sin renunciar a una voluntad de poder que irremediablemente nos obliga a mirar al futuro. tensiones que de una forma u otra terminan apareciendo en todas las filosofías que en el mundo han sido, pero que en caso de Nietzsche son clamorosamente comprobables.

Le ocurre a Nietzsche lo mismo que al resto de filósofos: no soportaría su propia mirada. Basta indagar un poco en su biografía para encontrar que sus ideas tienen también un origen "humano, demasiado humano". Como no podía ser de otra manera, sus vivencias se cuelan en sus lineas y sus ideas. La "genealogía" de la filosofía nietzscheana apunta tanto a sus profundos conocimientos filológicos y filosóficos como a su enemistad con Wagner, su fracaso sentimental o el rechazo que sufrió por parte de la mayor parte de la "academia" de su tiempo. Una vida tan humana como la del resto, muy alejada por cierto de cualquier rasgo que podamos asimilar al superhombre que nos propone. El contraste entre la vida y el pensamiento es abrumador si reparamos en la enfermedad que terminó conduciéndole a la locura. El filósofo a martillazos terminó golpeándose en el pie: su filosofía nace de unas motivaciones y de un contexto histórico tanto como lo hizo la moral en su día o también la propia tragedia griega.

Todo es voluntad de poder y no existe la verdad. La misma voluntad de poder alienta el idealismo platónico que el irracionalismo nietzscheano. Son pobres camellos los cristianos, al cargar sobre sus espaldas una pesada misión que ellos nos han decidido. Tan camellos como los borregos del rebaño nietzscheano, que cacarean sus citas sin cesar, ignorando en ocasiones las resonancias y las referencias de sus textos. Y si la verdad depende del deseo, podemos decir sin empacho ninguno que la que propone Nietzsche es tan repugnante e inaceptable como la de Aristóteles o Santo Tomás. La decandencia y el nihilismo angustiado que Nietzsche denunció crecen a sus anchas en su propia filosofía. La sospecha que el filósofo alemán quiso extender a la práctica totalidad de la filosofía, a la moral, la religión o la ciencia debe husmear también en las lineas de Zaratustra o de la gaya ciencia. Y terminará descubriendo que también las ideas de Nietzsche son sólo un decorado, tan falso como los que pretende desmontar. y que habiéndonos mostrado este gran teatro del mundo, tan sólo nos queda una cosa detrás de sus apariencia: nada.