La industria cultural
Hoy volvemos a ser una bitácora eminentemente filosófica (ojalá que no tengamos que fijarnos en la actualidad por los motivos que lo hemos hecho hace cuatro días). Hoy queremos plantear una reflexión en torno al arte y su función en la sociedad. Como ya vieran en su día [1] Adorno y [2] Horkheimer, el arte se ha terminado convirtiendo, en muchos casos (pero no siempre), en un producto más diseñado por la industria cultural. Ya no se trata sólo de la reproducibilidad técnica asociada al cine y que tanto criticara Adorno, sino del espectáculo convertido casi en teoría artística. Hoy, el cantante no tiene sólo que cantar, tiene que montar “un buen espectáculo”. ¿Y para qué todo esto? Pues para “entretener” (para “tener” a la gente “entre” las ideas que la industria desee), y, en segundo lugar, para forrarse. Cuando se habla de que el cine es el séptimo arte, y sacan imágenes de [3] Hollywood (la catedral de la industrial cultural mundial), es como para morirse de risa.
Como resultado de todo esto, logran precisamente lo que buscaban: todos vemos las mismas [4] películas (y yo el primero, tal y como conté [5] aquí), oímos la misma [6] música y leemos los mismos [7] libros. Lo peor del caso es que, además, esta industria termina casi convirtiéndose en norma. Que nadie se atreva a decir, por ejemplo, que [8] Mozart es mejor músico que [9] Eminem. Al momento, saldrá alguien que dirá con un tono desafiante: “Porque tú lo digas”, o “Será para tu gusto”. Consecuencia: aplicamos el clásico “para gustos hay colores” al terreno artístico, y amontonamos un batiburrillo en el que todo vale. Y, llegados al extremo, te podrán llamar “fascista” (calificativo que está muy de moda, por cierto) por querer imponer tus gustos a los demás. Que para eso estamos en democracia, para que Eminem sea mejor que Mozart. A mí, sinceramente, me da igual que este tipo de respuestas se extiendan. Bien argumentadas y defendidas tienen incluso su parte de razón.
El problema, y en lo que no solemos fijarnos, es que a todos nos gusta lo mismo, no porque sea una creación valiosa, sino porque la industria se encarga de que nos guste, de inculcarnos una serie de gustos que, además, suelen venir relacionados unos con otros. La industria cultural elabora productos para todos los gustos: “pijos”, “alternativos”, “progresistas”, “conservadores”… Todos encuentran su artóculo en los grandes supermercados culturales dominados por el dinero (televisiones, radios, revistas “especializadas”…) Entre las muchas salidas se me ocurre una: se ncesita urgentemente un concepto de arte, o criterios que nos ayuden a separar lo artístico de lo que no lo es. Criterios que separen lo valioso de lo propagandístico. A mí se me ocurre uno: Mozart no tendría en su página web una parte en la que pone “Merchandising”. Eminem sí.
Actualización (27-05-2004): Más información sobre el concepto de arte en la filosofía de Adorno, se puede encontrar en nuestro especial sobre la [10] Escuela de Frankfurt
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Adorno: http://www.boulesis.com/didactica/glosario/?n=5
[2] Horkheimer: http://www.boulesis.com/didactica/glosario/?n=6
[3] Hollywood: http://www.hollywood.com/
[4] películas: http://www.lordoftherings.net/
[5] aquí: http://boulesis.com/boule/nota/68_0_1_0_C
[6] música: http://www.madonna.com/madonna/
[7] libros: http://harrypotter.warnerbros.com/home.html
[8] Mozart: http://www.mozartproject.org/
[9] Eminem: http://www.eminem.com/frameset.asp?PageName=eminem
[10] Escuela de Frankfurt: http://www.boulesis.com/especial/escueladefrankfurt/
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