Matiz a un tópico de nuestros días · Filosofía
De tanto repetirlo van a conseguir que nos lo creamos: alguien se ha empeñado en hacernos pensar que vivimos en una “crisis de valores”, fuente primigenia de no pocos de los problemas que nos rodean. Cualquier debate televisivo suele incluir siempre algún contertulio que hacer referencia, directa o indirecta, a la consabida “crisis de valores”, sin que nadie haya explicado nunca en qué consiste. Se me ocurren al menos dos maneras de entender la desdichada expresión. La primera de ellas se limitaría a fijarnos en los dos grandes sustantivos: crisis y valores. Si nos atenemos al significado más literal, la crisis de valores significaría su desaparición completa, su hundimiento en el olvido. Si tal crisis de valores existiera, el ser humano viviría “desfondado” o “desplomado”, es decir, carecería de criterios desde los que orientar su vida. La mayor refutación de esta interpretación consiste en abrir los ojos y mirar por la ventana: el mundo sigue ahí. La gente se levanta por las mañanas, hace cosas. Vive. Sin valores no sería posible vivir, ya que son imprescindibles para tomar decisiones. ¿Acaso alguien no decide nunca porque ya no tiene valores desde los que elegir?
Esta interpretación “rígida” parece no tener mucho sentido. Seguramente, los que se refieren a la crisis de valores quieren añadir una última palabra al sustantivo ético: “tradicionales”. Desde esta perspectiva las formas de vida actuales habrían acabado con otros modos de vivir y de interpretar el mundo: la crítica de la religión, el debilitamiento de la familia como nucleo de la educación moral o el desvanecimiento de cualquier clase de autoridad moral son sólo síntomas que nos hablan de que lo que antes “valía” ha dejado de estar vigente. Ya no vale más. Esta crítica velada al tiempo presente nos recuerda irremediablemente esa sensación de decandencia que Popper calificó de “historicista”. La nostálgica reivindicación de un pasado que no era tan “bueno” como se piensa frente a un presente que tampoco puede ser tan malo como se pretende. ¿Puede esto calificarse de “crisis de valores”? No faltará quienes piensen que sí.
Valores, haberlos haylos. Otra cosa es que “gusten” o no, como si la ética fuera un asunto casi gastronómico. Y para muestra un botón: el dinero, la imagen, el éxito, la fama, la popularidad, la belleza. Todos ellos son valores que nuestra sociedad prestigia y enaltece. Como decía antes: es suficiente ver cómo vive la gente, a qué dedica su tiempo y su esfuerzo. Con eso podemos saber al momento qué es lo que valora. Observación que debemos situar en un contexto amplio, flexible, en el que seamos capaces de superar clichés maniqueos de buenos y malos: los tiempos cambian, y puede darnos algo de “vértigo moral”. Vivimos en una sociedad abierta, en la que las creencias y las ideologías han dejado de jugar un papel homogeneizador. No faltan quienes intentan que estemos todos cortados por el mismo patrón “moral”: instancias de poder que de una forma más o menos visible nos “producen”. Modas, consumos, pautas, fiestas, alegrías y penas. ¿Hay suficiente “sustancia” como para hablar de “crisis de valores”?
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4 comentarios a “La inexistente crisis de valores”
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Como bien dices siempre falta la palabra ‘tradicionales’. La expresión toma entonces sentido. Otro tema es si algunos de estos valores tradicionales deberían mantenerse o publicitarse, más allá de una imposible y reaccionaria vuelta al pasado.
Otra forma de que la expresión cobre sentido es tomando a la palabra “crisis” con otros significado del que habitualmente se le da. Si acudimos al diccionario de la RAE, varias de las acepciones del término parecen ajustarse más a la realidad:
2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.
4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.
7. f. Situación dificultosa o complicada.
Para mí tampoco existe la crisis de valores como tal. Siempre hay valores, como indicas. Lo importante es saber si los valores predominantes son los necesarios para poder formar una sociedad, un mundo más justo y definir un camino común en el que no sólo se avance individualmente sino como grupo y que pueda definir qué es ser humano.
También hay que tener en cuenta qué significa tradicional. Para mí un valor tradicional de nuestra cultura es el espíritu crítico, lo que ha posibilitado un avance científico y tecnológico no existente en otras culturas. Y no creo que ninguno de nosotros querrá que ese valor desaparezca, sino que incluso se fomente. Aunque eso sí, quizás sea necesario modificarlo un poco.
Otra cuestión es intentar combinar los valores procedentes de diferentes culturas. Hace falta un análisis (¿ético?) para primero definir valores deseables procedentes de diferentes culturas y luego combinarlos, para de esa forma sean utilizables por todos los seres humanos. Un análisis en el que todos aporten su punto de vista, por supuesto, y en el que nuestro mundo occidental también sea humilde y escuche.
En definitiva la crisis de valores para mí es que no hay una reflexión, tanto individual como colectiva, que permita definir los necesarios y deseables para nuestro tiempo. Y si la hay, no se hace lo suficientemente comunicable y
entendible.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en la afirmación según la cual no es que no existan valores sino que los que existen a lo mejor no son los tradicionales, o los que gustan o los que deberían existir. En cualquier caso, valores existen porque las personas viven y para vivir hay que tener valores. Como decía Ortega nos regalan la vida pero no nos la regalan hecha sino que tenemos que ir haciéndola, cada cual la suya. Y para hacer esa vida hay que elegir constantemente y para elegir hay que tener valores. Luego, si se vive es porque valores hay.
Ahora bien, ¿son los que debería haber?, ¿son peores los valores de hoy que los valores de hace 30, 50, 100 o 500 años? Pues no sé, aquéllos que se pasan la vida añorando tiempos pasados olvidan con demasiada facilidad que no hace muchos años muchos niños no iban a la escuela, trabajaban a edades muy tempranas, no tenían una alimentación ni una higiene adecuadas, pasaban frío en sus propias casas… Es decir, que no está tan claro eso de que cualquier tiempo pasado fuera mejor. ¿Eso significa que el presente y el futuro no deban ser mejorados? Pues tampoco, el mundo que tenemos dista mucho del mundo que deberíamos tener pero eso no significa que el pasado fuera mejor. Hay mucho que hacer en el presente y mucho que cambiar de cara al futuro. En nuestra vida predomina el materialismo, el consumismo salvaje, el individualismo… pero el pasado no era la personificación de un mundo justo y humano, eh!!!
Tengo claro que no me gusta el mundo que tenemos pero cuando analizo cómo era el que tuvo mi abuela o mi madre no lo envidio en absoluto.
Un saludo con valores humanos, Montse
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