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La inmigración, signo de nuestro tiempo

¿Para cuándo una reflexión seria sobre la inmigración? · Actualidad


Como si de una cosecha “natural” se tratara, vuelve la temporada de la inmigración. De la escandalosa y vistosa, claro, porque por los aeropuertos y las fronteras por carretera han estado llegando varios miles sin que esto sea noticia. Un problema y una oportunidad. La inmigración debería convertirse en uno de los problemas a los que la filosofía debe prestar atención. Y una primera razón puede ser la fecundidad filosófica de este fenómeno: en la figura del inmigrante se pueden concretar unos cuantos problemas filosóficos. Por mucho que haya sido un proceso repetido innumerables veces a lo largo de la historia, parece que sólo ahora cobrara actualidad, lo que ya de por sí debería llamarnos la atención. Pero dejando esto de lado la inmigración nos obliga a replantear unas cuantas realidades, que están sustentadas por ideas que de un modo u otro se relacionan con la filosofía: economía, política y antropología se ven afectados, a mi modo de ver, por un fenómeno tan natural como polémico, que no es otro que la lucha por la supervivencia.

La inmigración es la crítica viva a un sistema capitalista que genera desigualdad, dependencia y dominación, y que ha reeditado el colonialismo político de siglos pasados. Es la negación de sistemas políticos supuestamente democráticos que están ahogados de corrupción, que son incapaces de organizar el propio desarrollo del país, porque miran más por el interés individual que por el colectivo. En la inmigración se encuentra la quiebra de un sistema político concreto construido sobre la frontera y la soberanía del estado nación. No hay límites ni fronteras que el hambre y la pobreza no se puedan saltar. Por mucho que queramos mirar hacia otro lado, la inmigración nos obliga a repensar la economía y la política, y nos sitúa en el disparadero de buscar soluciones conjuntas: ayudas internacionales, sí, y fronteras permeables también, pero sobre todo garantías de que los planes de desarrollo en los países de origen son realmente efectivos, y no terminan respaldando los intereses de los caciques de turno. Poner la vista en otras realidades no es más que una manera de esconder la cabeza debajo de la tierra.

Repensar el capitalismo, replantear el orden internacional… Economía y política que se pueden ver complementadas de una reflexión filosófica complementaria. Pero sobre todo antropología: ¿Qué modelo de ser humano subyace a la consideración de “ilegal”? ¿Qué especie es esta, a qué especie pertenecemos, siendo capaces de dividirnos a nosotros mismos en legales e ilegales? ¿Acaso no hemos de repensar también a ese animal racional, cuando en aras de la racionalidad se clasifica a los seres humanos en función de sus ingresos económicos? Unos cuantos esquemas filosóficos se podrían tambalear con la llegada diaria de cientos o miles de personas a nuestras costas: la concepción del ser humano, los derechos humanos, las teorías éticas (¿sería posible una ética pensada desde la inmigración? ¿cuáles serían sus normas o valores?), y los cimientos de nuestras democracias universalistas. Y mientras todo esto pasa, hay algo que llama la atención: el atronador silencio del mundo “académico” o “intelectual” hacia este tipo de temas. El pensador (de todas las áreas, no sólo de la filosofía) encerrado en su torre… a la que cualquier día de estos llegará, seguro, algún inmigrante. A ver si para entonces se deciden a prestarle más atención al asunto. Y a ver si para entonces no es demasiado tarde.

§ | Miguel | 15/May/2007 | 11:31 | Añadir comentario | Añadir trackback

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5 comentarios a “La inmigración, signo de nuestro tiempo”

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paradójicamente, en mi opinión, esta situación estacional tan ‘visible’ y tan presente contribuye a deshumanizar el problema. Las amenazas incontrolables contribuyen bastante a deshumanizar las situaciones.

Defiendes el liberalismo a ultranza? Que se quiten las protecciones arancelarias nacionales de los países ricos para que se desarrollen los países pobres y tal? O acaso que superemos el capitalismo premiando esa carrera infernal de cayucos con estancias pagadas y trabajos innecesarios?

Hace mucho que se sabe qué pasa en los países pobres. Si se ha llegado hasta donde estamos es por un liberalismo elusivo con la realidad, no porque existan naciones. Gracias a las naciones, hay sectores (o zonas) de la humanidad que se han desarrollado (aunque otras no). Yo lo veo como una garantía de flexibilidad global. Ahora toca entender que las diferencias entre unas zonas y otras son demasiado grandes. Hace tiempo que lo son, y de hecho se apuntaron medidas para paliar esas distancias (¿no resulta desfasado e insuficiente aquello del 0′7%? por ejemplo). Si hubo un colonialismo ‘malo’, ahora toca desarrollar un colonialismo ‘bueno’.

Dices “En la inmigración se encuentra la quiebra de un sistema político concreto construido sobre la frontera y la soberanía del estado nación.” Bien, tal como están las cosas, las fronteras y las naciones me parecen parte de la solución y no del problema. Con la clara condición de que las naciones (ricas) deben actuar en pro de las pobres (de sus habitantes, y en muchos casos en contra de sus dirigentes, aún siendo elegidos legalmente).

§1 | xojox | 15/05/2007 | 23:53

¡Hola!
Bueno, no defiendo el liberalismo a ultranza y el derribo de fronteras (no sé si precisamente el derribo de fronteras puede calificarse de liberal, yo diría que precisamente el liberalismo está interesado en que las fronteras se mantengan…).

La fronteras son, creo, parte del problema porque están construidas sobre ese colonialismo “malo” que señalas. Creo que la solución pasa por planes de desarrollo en los países de origen, que sean efectivos y en cierta forma “controlados” por organismos internacionales. La frontera implica pensar en el “nosotros”, y lo mismo ocurre con el capitalismo agresivo que se ha desarrollado. La inmigración nos obliga a ampliar este “nosotros” y por tanto a superar el concepto de frontera.
¡Saludos!

§2 | Miguel | 16/05/2007 | 09:33

No nos obliga a superar el concepto de frontera. Si la solución pasa por unos planes de desarrollo controlados por organismos internacionales… no estamos creando un ‘nosotros’ global. Nosotros (tras la frontera, si se quiere) actuamos allí y allá, y aún buscamos a un tercero (ni nosotros ni ellos, para que controle el asunto).

Francamente, da igual que haya o no un tercero que controle. Lo importante es que se haga lo que se tiene que hacer, ya y bien. No veo el ‘nosotros’. Sería bueno que fueran como nosotros, que sacaran lo bueno que tenemos sin copiar lo malo. Y convendrá que se nos parezcan, ya que si siguen siendo tal como son a la larga servirá de poco todo esfuerzo.

Por una parte, entiendo que cuando dices lo de ampliar el ‘nosotros’ haces referencia a reconocerles derechos que en la práctica no se les reconocen. Estoy plenamente de acuerdo en esto. Pero por otra pienso que es ahora, precisamente, cuando deben ser objeto/objetivo de los países desarrollados. De una manera subrepticia, no gubernamental, lo son, y eso va en contra suyo y en contra nuestro.

Lo malo, o lo peor, es que no hay plan de supervivencia para estos países. (Apenas lo hay para nosotros.) Si por la razón que fuera Occidente tomara el mando y decidiera, de una manera limpia y garantista, arreglar la situación de esos países… qué hacer? Los liberales hablan de abrir las fronteras eliminando aranceles (los agrarios), y propagando el sistema de democracia occidental capitalista. Así esos países pobres podrían obtener riqueza con sus materias primas y sus sueldos ínfimos. Sería tratarles de tú a tú, y una forma de hacerles ‘nosotros’. A mí esto no me convence del todo, pero al menos es un plan (y de envergadura).

§3 | xojox | 17/05/2007 | 00:56

Claro que la inmigración no es un fenómeno sólamente “Capitalista”, también los otros sistemas políticos económicos tienen afluentes de personas que se van a otro lugar lejos de su sitio de residencia u origen. En cubua, por ejemplo hay inmigración, En Estados Unidos también.

Existe también muchos factores que inducen a una persona o un grupo de personas a inmigrar a otros países. no necesarimente está en la ficción de la crisis. Puede estar más en lo hedonístico, en la búsqueda de arcadia, o simplemente porque le gustó.

Es interesante decir que la filosofía debe abordar a un fenómeno social. Sin embargo no creo que ofrezca nada para comprenderlo en sus dimensiones, especialmente si lo abordamos con categorías que no tienen que ver con el fenómeno, pues los instrumentos de estudio están fuera de su estudio. Al menos que se apele a otra cosa en conjunto (sociología etc..). Pero eso sería volver retórico o hermenéutico para justifica decir cualquier cosa en aras del nombre de la filosofía.

Saludos.

§4 | gabriel | 23/05/2007 | 04:14

Las implicaciones filosóficas del tema son muchas, y el debate generado muy interesante. Quisiera complementar con otra cuestión filosófica y ética pero muy práctica. El fenómeno de la inmigración nos debería obligar a plantearnos “la Lotería geográfica del nacimiento”. ¿Qué hemos hecho los habitantes del mundo rico para merecer nacer en él, y los pobres para nacer en el mundo pobre? Si no creemos en reencarnaciones y similares debemos contestar: nada. Y a partir de ahí deberían activarse pensamientos y acciones coherentes con esos pensamientos, encaminadas a entender el mundo en clave global y no sólo en clave egoísta (sea el ego uno mismo, la propia familia o la propia patria), y a producir cambios hacia un mundo más justo.

Todo esto es muy bonito pero si no se empieza por conectarlo con la propia vida sirve para muy poco… y de momento a mí me parece muy difícil que con el barullo mental-vital de la sociedad moderna (la mitad de la vida trabajando o con malos rollos, la otra mitad escapando como sea del trabajo y los malos rollos) estemos maduros para plantearnos cuestiones globales como esta. El mundo rico es rico en lo material, pero intelectualmente y espiritualmente (no hablo de religión, que conste) todavía muy pobre.

Saludos

§5 | diego | 25/05/2007 | 20:47

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