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La libertad, engaño e ilusión

Sobre la apariencia de libertad de nuestro tiempo · Filosofía


Hace ya varias semanas que me comprometí con Animal de fondo a publicar un pequeño texto sobre la libertad. No sé si estará a la altura, pero allá va. Empecemos por la política: las sociedades liberales en las que vivimos recelan del estado como uno de los enemigos de la libertad. En tanto que no se entrometa en la vida de los ciudadanos podrán tomar sus propias decisiones. ¡Dejadme decidir por mí mismo!, parece decir el individuo liberal, sin darse cuenta de que para poder ejercer esa capacidad hace falta algo más que la mayoría de edad biológica o jurídica. Abrir espacios para la libertad no significa, ni mucho menos, que seamos libres o que vivamos en sociedades libres. Si la libertad es la ilusión de la decisión autónoma probablemente sea nuestro tiempo una de sus mayores expresiones. Por el contrario: si esperamos más de esta palabra, seguimos manteniendo diferentes formas de esclavitud y servidumbre: no externas y visibles, sino mucho más sutiles, prácticamente imperceptibles.

El individuo liberal que exige la libertad negativa es similar al polluelo que quiere volar solo cuando aún no ha desarrollado suficientemente sus alas. Desde hace décadas creemos volar solos, sin que se hayan dado condiciones para que podamos hacerlo de un modo real y efectivo. La libertad es cierta clase de espejismo. Pensamos decidir por nosotros mismos cuando son otros los que deciden algo mucho más importante: cuáles van a ser las opciones que vamos a tener a nuestro alcance. El análisis de Foucault al respecto es revelador: la libertad tiene mucho que ver con el poder y vivimos sujetos, agarrados por diferentes procesos unificadores, normalizadores del ser humano. Poder elegir entre veinte tribus urbanas distintas nos parece un gran logro, sin que apreciemos que de una forma indirecta pasamos a fundirnos con el grupo, con la corriente que se encargará de decirnos cómo pensar, cómo vestir, cómo divertirnos y cómo vivir. En nuestros días no se dan las condiciones políticas, sociales, económicas ni educativas como para decir que la libertad sea un valor en alza.

Queremos libertad para no saber utilizarla. La tradición filosófica nos ha legado grandes textos al respecto: desde el mito de la caverna a ¿Qué es Ilustración?, la filosofía ha pretendido ser siempre un ejercicio de liberación. Algo que no es, por otro lado, exclusivo de la filosofía. Si algo aprendemos de los textos que acabo de citar es que la cultura nos libera. Acceder al arte, la ciencia o la filosofía es tener al alcance de la mano una pluralidad irreductible de ideas, de métodos, de visiones de la vida que lamentablemente no aparecen entre los catálogos de la gran superficie que buzonean en el barrio. La formación nos enseña a mirar más allá, sin que esta expresión pretenda revestirse de trascendencia: aprender a ver por encima de los mecanismos de poder, de las pautas marcadas de consumo, de las formas dominantes de pensamiento. La libertad se convierte en algo paradójico: mientras las maquinarias uniformadoras producen sujetos clónicos, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de hacernos libres en gestos sencillos. Abrir un libro, acudir a una filmoteca, charlas informales, recursos gratuitos en Internet… Teniéndola tan cerca, renunciamos a ella por el esfuerzo que implica, creyéndonos libres bailando al son que nos marcan. Todos nos creemos libres, porque se le puede aplicar a la libertad el viejo refrán: “el que no se consuela, es porque no quiere”.

§ | Miguel | 30/Nov/2009 | 14:44 | Añadir comentario | Añadir trackback

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7 comentarios a “La libertad, engaño e ilusión”

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Pareciera que asocias el ejercicio de la libertad al esfuerzo formador, a las (supuestas)glorias y bendiciones que aporta el “ejercicio de la cultura” ( Entendiendo cultura como creación-contemplación de artefactos artísticos, filosóficos, científicos etc.) Lo veo. Bien.

Sin embargo, podemos enfrentarnos a la libertad bajo la forma de “experiencia” que viene impuesta por el exterior sin nuestra intervención. Así personas sin formación alguna, por gracia o desgracia de sus circunstancias, viven una libertad que no quisiera llamar “auténtica” pero que lo voy a hacer. Libertad auténtica por revitalizante y dolorosa, enriquecedora, capaz de generar objetos artísticos o narraciones filosóficas muchísmos años después. Quiero decir, la vida nos enfrenta a situaciones duras o traumáticas, expansivas y gozosas hasta lo insoportable (amor y muerte para abreviar) que desvelan la riqueza de la existencia con más fuerza que diez mil libros, cinco mil contemplaciones estéticas o mil conversaciones. Son esas experiencias de amor y muerte, de desamparo y extravío, de heridas y cicatrices, las que rompen los tejidos normalizados a los que te refieres, las que hacen de la libertad algo más que una palabra.

En gran medida esas experiencias nos vienen al encuentro (en general, pasamos de largo).

Los artefactos de formación - el arte y la filosofía en lo que nos ocupa por cercanía - deben ser capaces de permitirnos reconocer esas experiencias y llevarnos a crear una lectura de las mismas:lectura salvaje o civilizada (mística o ilustrada). ¿Lo consiguen? Sí, creo, el arte (al margen o no de todo su circo). ¿La filosofía? ¿Hay hoy una filosofía para esas experiencias que buscadas o no finalmente nos encuentran y nos zarandean? ¿Acabaron los años salvajes de la filosofía con SChopenhauer y Nieztsche — por seguir el título del libro de Safranski?

Salud, Miguel. Y librepensamiento.

§1 | Luis G | 30/11/2009 | 16:58

¡Saludos!
No era mi intención “glorificar” la cultura, aunque releyendo el artículo así puede parecer. Con todo, no sé hasta qué punto denominaría a las personas que describes como “libres”. Ahora que se acercan los exámenes de Aristóteles, a lo mejor les vienen mejor otros calificativos: “prudentes”, “virtuosos” o sencillamente “buenos”.

Quiero decir: no se trata de despreciar a las personas que carecen de formación o que por las circunstancias que sea no tiene acceso a la cultura. Lo que sí haría es deslindar unos conceptos morales de otros: la persona “libre” no necesariamente tiene que ser “buena persona”.

Se podría enfocar el asunto desde un punto de vista económico: una de las conclusiones de los estudios de Amartya Sen es que la libertad es un valor que depende de un modo vital de la economía: decir a quien carece de recursos que es completamente libre en una sociedad capitalista y de mercado es un rodeo y un sarcasmo brutal. La libertad requiere circunstancias económicas, sociales, culturales, educativas…

¡Salud!

§2 | Miguel | 30/11/2009 | 19:52

Lo que quiero decir es:

a) la libertad es una experiencia de enriquecimiento vital. Es la experiencia de la creación de sí o de la constatación del destino (al modo Spinoza)

b) Esa experiencia puede - sin duda - forjarse o provocarse desde la formación (desde la cultura) y un poco de dinero no viene mal, pero puede producirse sin dinero y sin cultura. Por eso la libertad de los miserables, en ese sentido, no es un sarcasmo. Tampoco es cinismo. Es la constatación de que las experiencias enriquecedoras (de amor y muerte) están - gracias a Dios o a la naturaleza o al proceso fluido de los astros - al alcance de todos.No hablo de bondad ni maldad. Hago un planteamiento ¿metafísico? ¿esteticista? ¿antropológico? Se puede ser libre y mala persona (aunque, creo - me puede la ternura, Miguel - que la libertad aplicada a la bondad, a la reducción de la crueldad, del dolor y al cuidado del desamparado es más rica en matices).

c) Con eso no reniego de la cultura - como formación (yo soy producto de ella y la “amo”) pero creo que debe colocarse en su sitio (sea, tras la experiencia común de la humanidad que nos habla de amor y de muerte). Tampoco reniego de la necesidad de bienestar material. Muerto de hambre quizás es difíci llegar a una experiencia enriquecedora del amor ni la de la muerte.

¡Salud!

§3 | Luis G | 30/11/2009 | 21:28

Me perece que hay muchas cosas valiosas en este artículo. La primera, y me parece muy relevante, la facultad de la cooperación humana, de la “compasión” que ejerces conmigo. Te pido que me prestes un poco de la formación que me falta y ahí estás, dándomela. Me parece emocionante y tengo la intuición de que promete un camino nuevo.
Con respecto a lo que escribes, ¿tendré que decir que también me ha encantado, incluida la remisión a nuestra conversación original? Allí decías una frase espactacular: “El muro cayó para que ahora estemos todos dentro del mismo muro”. Así que creo que los dos artículos se complementan y es una gran idea que en el de hoy se nos remita a aquél.
¿Es la libertad la capacidad para ver la verdad? Si fuera así, solamente podría accederse a ella desde nuestro interior, independientemente de las circunstancias externas. Lo importante sería poder llegar a ser libres frente a nosotros mismos. Tal vez poder elegir si reaccionar o no o cómo reaccionar ante cualquier estímulo externo, sería ser libre. Y más libre aún, si entre esos estímulos externos incluyéramos a nuestros instintos. Siempre me ofendieron las pulsiones, a veces absolutas, zanahorias que la naturaleza nos pone en los ojos, que nuestro ser tiene que sufrir. ¿Ella al menos las elige libremente?
Para terminar, ¿me permites que, completando el círculo, copie textualmente el artículo en mi blog, si acaso con una breve presentación y un enlace?

La palabra gracias se me queda corta hoy, así que tendría que inventar una nueva que pudiera reflejar lo que siento.
Un abrazo.

§4 | Animal de Fondo | 1/12/2009 | 10:32

¡Saludos!
Gracias por tu comentario, Animal de Fondo. Vas a conseguir sacarme los colores. Tienes permiso para copiar el texto, modificarlo y hacer con él lo que te parezca oportuno, faltaría más. En realidad, el agradecido soy yo hacia tu visita y tu animada lectura del artículo. Si algo de sentido tiene esto de las bitácoras es que aprendamos entre todos, unos de otros y me alegro de que el texto te haya podido servir.
En cuanto a lo que comentas, Luis, me temo que utilizamos diferentes conceptos de libertad. Si no te malinterpreto, entiendes la libertad como una experiencia personal, de carácter emocional que puede estar al alcance de todos. Acepto que pueda ser uno de los sentidos de la palabra, pero ya que citas a Spinoza es este, precisamente, uno de los autores que niega su existencia. La libertad “psicológica” ha tenido grandes detractores: no sólo Spinoza sino también Schopenhauer y otros tantos.

El sentido que estaba dando a la palabra en el texto es el político. No sé si ambos enfoques son complementarios o contradictorios, lo que sí me parece es que habitualmente la palabra libertad se asocia más a este segundo sentido. Desde luego, una de las tareas posibles sería tratar de articularlos, prestando atención a sus consecuencias morales y políticas. Ahí te dejo ese desafío, seguro que alguna idea ingeniosa se te ocurre para atar ambos sentidos…
¡Saludos!

§5 | Miguel | 1/12/2009 | 15:23

Ya lo publiqué. Si no te gusta algo, me lo dices.
¡Saludos!

§6 | Animal de Fondo | 2/12/2009 | 19:49

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