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La libertad y las pasiones

¿Dueños o esclavos de nuestras pasiones?

La opinión más extendida sobre la libertad tiende a identificar este concepto con la realización de nuestros proyectos, deseos y pasiones. Así lo suelen expresar de una manera informal los alumnos de 4º de ESO, cuando en la monohoraria asignatura de Educación ético-cívica se aborda el tema. "Hacer lo que nos da la gana", "no tener ningún tipo de límites", "poder entrar y salir cuando se quiera". Suelen ser las expresiones más utilizadas. Los más audaces llegan a emplear incluso una comparación: "ser como los pájaros". Curiosa imagen que asocia la libertad con algo sobrehumano como el volar, dando por supuesto probablemente que nunca podamos ser completamente libres o que ciertas visiones de la libertad no están hechas a escala humana. De hecho, los propios alumnos son conscientes de que la libertad es tan sólo un sueño, ya que, según ellos, cuentan con serios obstáculos que les impiden realizar sus deseos, como podrían ser sus propios padres, los profesores, la policía o incluso los políticos que apoyan leyes que son interpretadas como represoras.

Les guste o no, vienen a decir, la sociedad tiene mecanismos que les obligan a renunciar a buena parte de sus deseos, encarrilándoles hacia una vida "normalizada". Vivir con los demás, implica en cierta medida renunciar a un yo, no sé si idílico, que está ahí latiendo dentro de cada uno, aspirando a logros imposibles. Es aquí donde puede aportar algo de luz uno de los filósofos que estamos discutiendo estos días: Spinoza. Su concepción de la libertad está en las antípodas de lo que suele pensarse habitualmente: no es libre el que cumple sus deseos y se deja llevar por sus pasiones, sino precisamente aquel que, conociéndolos, es capaz de controlarlos, de dirigirlos. No somos libres de escoger lo que queremos: más bien los deseos están ahí, las pasiones tiran de nosotros llevándonos a actuar de una u otra manera. La libertad es autocontrol, dominio de sí mismo, pues de lo contrario seremos esclavos de deseos y pasiones. De manera que la visión más intuitiva de la libertad termina revelándose de manera inesperada como una nueva forma de servidumbre.

Hay que reconocer que corren malos tiempos para Spinoza. Si alumnos de 4º de ESO contestan espontáneamente que la libertad es "hacer lo que te da la gana", por algo será. Detrás de la respuesta hay patrones educativos y vitales, ideas y formas de vida cultivadas a lo largo de años en la propia sociedad y la cultura. En otras palabras: vivimos tiempos en los que la realización de los deseos y el dejarse llevar por las pasiones es interpretado como un imperativo, como el fin último o el logro particular de cada ser humano. Pero la sombra de Spinoza es alargada y llega hasta nuestros días: ¿Acaso no terminamos siendo esclavos de nuestros deseos, sobre los que no podemos ejercer un control tan rígido como en otros aspectos de nuestra vida" La tesis de Spinoza es sutil: no está a nuestro alcance elegir sobre lo que deseamos, sobre lo que nos apasiona. Podemos, eso sí, apaciguarlo, controlarlo, evitarlo. Conocer la necesidad interna de nuestra psique nos ayuda a ser más libres. La antítesis cuenta también con defensores en la filosofía, como podría ser el mismísimo Nietzsche: si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. A las pasiones se las vence con más pasiones, dándoles rienda suelta, desfondándolas una y otra vez por medio de su satisfacción. De tanto cumplir tus deseos y dejarte llevar por tus pasiones terminarás dominándolas, recreándote en cada una de ellas. ¿Qué relación hay entonces entre estos conceptos" ¿Somos hoy más libres al poder cumplir en mejores condiciones nuestros deseos y pasiones" ¿O somos más esclavos" Ojalá todos lo tuviéramos tan claro como los alumnos de 4º.

El problema sería saber porqué piensan así, aparte de que, y efectivamente, detrás de la respuesta haya patrones educativos y vitales, ideas y formas de vida cultivadas a lo largo de años en propia sociedad y cultura. Bueno, y mejor dicho, piensan así porque así se les está educando. Pero, de dónde nace esa creencia, y ese tratamiento, que se da de la libertad, desde la sociedad. Básicamente considero cuatro posibilidades: 1.- Que sea fruto del desconocimiento del problema de la libertad. 2.- Que aunque se conozca dicho problema se prefiera vivir en el hedonismo. 3.- Porque se niegue la libertad. Y cada vez son más, y especialmente del ámbito de la ciencia, los que niegan la existencia de la libertad. 4.- Porque se niegue a Dios. Todos conocemos la célebre frase que dice: “Si Dios no existe todo está permitido”. Espero que se me entienda bien. No estoy diciendo que los ateos sean unos seres perversos ni que el ateísmo no sea una creencia razonable. Sé que muchos podrán considerar que el punto 2 debe de quedar subsumido dentro del 3 o el 4. El 3 dentro del 4. Pero da igual para lo que trato de decir. El problema radica en si la sociedad enseña los valores que enseña porque la concepción de la libertad que posee es fruto del punto 1, 2, 3 ó 4. He de reconocer que el punto que a mí más preocupa desde el punto estrictamente teórico, si es ello posible, es el punto 3. ¿Llegará la ciencia a demostrar que la libertad no existe? Algunos creen haberlo conseguido a través del denominada experimento de Libet. Pero son muchos los científicos que cuestionan dicho experimento y sus consecuencias. Un Saludo