La red y el lenguaje: ¿qué hay más allá de Internet?
A medio camino entre la red y el lenguaje · Internet
Como si de la realización de un sueño pitagórico se tratara, últimamente da la sensación de que todo fuera digitalizable. La necesidad de digitalizar el conocimiento y la enseñanza se ha convertido casi en dogma: como si no hubiera otros problemas en el sistema educativo, da la sensación de que la prioridad fuera la incursión en el mundo TIC de todos los procesos involucrados en la educación. Las imágnes y los vídeos han pasado también por el aro: la fotografía digital ha “democratizado” (verbo de difuso significado) la creación y la edición de imágenes y hoy en día quien más quien menos ha navegado alguna vez por youtube. Nuestro propio yo termina también volcado en la red: proliferan los “tuíteres” y “tuenties”; las redes sociales (desde Orkut a Facebook) nos recuerdan que es esencial tener una “identidad” en la red y establecer vínculos con otras personas en un medio en el que hacer amigos es tan sencillo como hacer un click: nunca fue tan sencillo vivir la amistad en carne propia.
Cualquiera de los habitantes del “mundo digital” (curiosa expresión que parece anular al vetusto mundo anterior al dominio de los ordenadores) asume que este nos mejora la vida, y que las nuevas aplicaciones nos permiten hacer cada vez más cosas y de una forma más sencilla. En realidad, la digitalización no deja de seguir la marcada senda del progreso tecnológico. Estar en la red, vivir en ella, se ha convertido en una de las maneras de ser humano, y no hemos extrañarnos de que haya quien considere que el mundo virtual resulta más interesante que el real. A la digitalización progresiva del “mundo de la vida” (valga la expresión) cabría ponerle un pero de ascendencia filosófica: todo lenguaje lleva implícitos sus propios límites, aunque no sean detectables de una forma inmediata o evidente. Sería muy interesante prolongar la reflexión de la filosofía del lenguaje a la red, es decir, elaborar una filosofía del lenguaje digital o informático.
Toda filosofía del lenguaje es una filosofía de límites. Cualquier teoría del significado es conscientes de sus propias dificultades, de aquellas dimensiones del lenguaje que no es capaz de expresar. O lo que es lo mismo: toda filosofía es consciente de sus límites y de sus puntos débiles. Y si no lo es, debería serlo. En realidad el límite o la frontera son una categoría antropológica (Eugenio Trías ha desarrrolado mucho esta línea de pensamiento): lo inefable es lo que escapa al lenguaje, lo que está más allá del mismo, y todo lenguaje, incluso el científico, ha de afrontar su propio imposible, es decir, ha de saberse condicionado. ¿Por qué no extender esto a la red, a las TIC, al mundo de los ordenadores? La vida virtual no puede ser equiparable a la vida real. Las calles mi barrio no pueden compararse a las de second life. Y sin embargo el cuestionamiento de las TIC se va desdibujando: en la red apenas tiene presencia y fuera de ella se canaliza a menudo en una “tecnofobia” de dudoso valor. ¿Cuáles son los límites de este nuevo “lenguaje” que se va extendiendo día a día? No estaría de más fomentar una reflexión filosófica al respecto.


