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La ventana indiscreta

Modernidad e individualismo: ¿quién es tu vecino? · Películas y filosofí­a


La ventana indiscreta, de Alfred HitchcockHace unos días volvían a poner en la televisión uno de los clásicos del cine: La ventana indiscreta. Lo más habitual es quedarse con la trama principal: se trata de una película de intriga en la que se van descubriendo las pistas de un asesinato. Es lo que tiene el aburrimiento y la convalecencia obligada: da tiempo para muchas cosas. Esto es lo que le ocurre al protagonista de la película: tras un accidente no tiene más entretenimiento que mirar por la ventana. Opción que marca ya una distancia respecto a nuestro tiempo: es difícil imaginar que alguien encontrara hoy divertimento en mirar por la ventana, estando a nuestra mano el amplio abanico de “ocio” que nos ofrecen televisiones, radios, y maquinitas de la más diversa índole. Posibilidades técnicas que son, en realidad, otra forma de mirar, más sofisticada y aparentemente moderna. Entrometimiento al fin y al cabo. Porque el ser humano es el animal curioso, que siente el deseo de saber de los demás. Sea a través de una ventana, por medio del correo electrónico o con la llamada telebasura. Vivimos enganchados al resto.

El problema de querer mirar es ver lo que no se quiere ver. Queremos mirar, pero no ver ciertas cosas. Y así le ocurre al protagonista de la película, que va encontrando indicios de que uno de sus vecinos podría ser un asesino. Este es uno de los mensajes encubiertos de la película: no es sólo una historia detectivesca, es también un retrato de ciudades, barrios y bloques caracterizados por sustantivos que nos resultan familiares: anonimato, privacidad, aislamiento, individualismo. ¿Alguna vez has pensado que tu vecino podría ser un asesino? Ni se nos pasa por la cabeza. Y la mejor confirmación son las tragedias cotidianas. A todo asesinato le sigue la declaración mediática del vecino: “parecía una personal normal”. Este es el miedo con el que juega Hitchcock en la película: el peligro podría estar al otro lado de la pared. Las tareas de la vida nos tienen demasiado ocupados como para saber quién vive ahí al lado, sus preocupaciones, sus problemas. Bastante tenemos con lo nuestro como para estar al tanto de lo de los demás.

Hacia el final de la película hay una escena muy significativa: el perro de una vecina muere al caer desde el balcón. La dueña entona un discurso reprobatorio: a quién le importa la muerte de un perro en un edificio en el que nadie se preocupa de los demás, nadie sabe de la existencia del otro. Los bloques de hormigón pobladas por humanos terminan tornándose inhumanos. Individuos aislados que creen tener bastante con ir tirando se funden en una comunidad por accidente: compartir escalera y ascensor es un mal menor, una carga necesaria que hay que asumir si se quiere vivir en ciertas condiciones. La comunidad, los demás, el grupo importa bien poco cuando es la vida de cada uno la que está en juego. A partir de esta lectura es prácticamente irrelevante que el crimen se resuelva y que el protagonista logre conservar su vida: lo esencial es que es la vida continúa en el vecindario. Y en esta ocasión con dos piernas rotas. Más tiempo para observar a los congéneres, a los semejantes que no se preocupan por sus semejantes.

§ | Miguel | 8/Jun/2011 | 17:52 | Añadir comentario | Añadir trackback

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Un comentario a “La ventana indiscreta”

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¿Y de quién es la culpa?

Sí, efectivamente, he hablado de culpa, y no, de responsabilidad. Yo puedo aceptar, y entender, que el concepto de culpa, nació en una tradición judeo- cristiana, y bla, bla, bla. Todo esto yo lo puedo entender.

Pero lo que me irrita profundamente es que ahora todo el mundo (y no sólo los políticos) empiezan por utilizar el concepto de responsabilidad, pero no, para huir de una determinada tradición judeo-cristina, sino simple y llanamente, para, y en el fondo, evitar cualquier tipo de responsabilidad (por muy paradójico que nos pueda resultar).
Sí, hay muchas personas que creen que diciendo que ellos no son culpables, sino tan sólo responsables, pues ya está, asunto zanjado. Y las consecuencias que las asuma Rita la cantaora.
Que iba conduciendo borracho y maté a tres personas, pues nada, no soy culpable, sino tan sólo responsable (porque, y al parecer, tomar libremente alcohol hasta emborracharse, puede que parar muchos pueda ser considerado un atenuante).
Y espero que se entienda el ejemplo. No estoy diciendo que se ajuste a la realidad. Lo que digo es que las personas empiezan, y cada vez más, a intentar justificarse a sí mismos. Empiezan, y cada vez más, a no aceptar ningún tipo de responsabilidad. A no culparse de nada. Ahora, la culpa la tienen todos menos el que ejecuta la acción.
Que maté a mi madre de 80 puñaladas, pues nada, simplemente el acusado dirá: “Entiéndalo Señoría, pero es que no me compró la video-consola que yo quería, y qué esperaba que hiciese Señoría, si todos la tienen”.
No sé lo que dirá el Juez, pero casi seguro, que no lo considerará ensañamiento.

Y porqué esta larga introducción. Pues para decir que en la vida actual ya no nos preocupamos por el vecino de “arriba” que lleva 30 años viviendo con nosotros ( bueno, en realidad ya no existe el con-nosotros, sino, el al lado de nosotros). Y esto es preocupante, pero con serlo, no es lo más preocupante.
No es que no asumamos una responsabilidad para con los demás, sino que no la asumimos, porque consideramos que ya no somos responsables de nada, ni siquiera, de los demás. Pero es que ni siquiera de nuestros ancianos.

Vivimos en una sociedad en la que ya no nos consideramos ni culpables ni responsables de nada. Nada nos “ata” a los demás. Ni culpas ni responsabilidades.

§1 | elias | 9/06/2011 | 10:00

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