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Lo público y lo privado en el estado del bienestar

Sobre la identificación de una frontera difusa

En mayor o menor medida la mayoría de los países occidentales han ido incorporando paulatinamente el estado social o estado del bienestar. Dejando de lado su viabilidad económica, parece buena idea que servicios básicos como la educación y la sanidad sean públicos, gratuitos y accesibles para todos, o que se garantice un subsidio de desempleo. Sin embargo, no está exento de polémica: se lleva décadas hablando de su crisis, y sin embargo la propia dinámica del sistema democrático parece obligar a aumentar las políticas asistenciales: no hay forma de ganar unas elecciones que no sea prometer (aunque sólo sea prometer) una ampliación o una mejoría de los servicios que presta el estado a los ciudadanos. Esta tendencia genera el fenómeno curioso de que los individuos esperemos siempre la ayuda del estado para las más variopintas situaciones.

Lo descrito arriba afecta claramente a la división entre lo público y lo privado. Antes a nadie se le hubiera ocurrido recurrir al estado ante una estafa de una financiera, la quiebra de otra o aspectos más cotidianos como las circunstancias económicas adversas de los inmigrantes o la enfermedad que pueda inmovilizar a un familiar. La ley de dependencia o las diferentes ayudas sociales son un buen ejemplo. No hace tanto, se trataba de asuntos privados que cada uno debía afrontar como buenamente pudiera. Apenas existía el ámbito propio del Estado, y era cada uno el que debía buscar la mejor manera de solucionar sus propias adversidades. Hoy en día la esfera pública crece y crece, mientras que lo privado va disminuyendo paulatinamente. Esperamos que la mano benefactora del estado interceda por nosotros.

Hay una consecuencia perversa en esta solidaridad social y estatal: la burocratización de la vida privada, de las relaciones humanas que son interpretadas desde un punto de vista administrativo y de gestión. La familia (en un sentido nuclear o más amplio) asumía antes el cuidado de los enfermos y de los ancianos, lo cual era considerado como algo natural. Con la intervención del estado se acentúa la atomización social y el individualismo: Pretenden hacer más llevaderas situaciones duras, mitigar el sufrimiento y las necesidades pero los beneficiarios y su entorno entienden que se han convertido en un asunto público, de todos, y que tienen derecho a la asistencia que reciben. El final del proceso es la despersonalización: lo que era mío y me tocaba muy de cerca es asumido por asistentes sociales, cuidadores… personal especializado, preparado para dar a cada paciente lo que necesita. ¿Provoca esto un cambio de actitud en el beneficiario o en quienes antes le ayudaban" ¿Hasta dónde es deseable que se extienda lo público" ¿Es culpa del estado del bienestar que el sufrimiento y la enfermedad se burocratice y se despersonalice"

No es el lejano Estado de bienestar, éste cayó en el capitalismo, sirve de justificación a las elecciones, donde se requiere a los ancianos , a los enfermos, a los llamados necesitados del estado; pero no pasa de ser la imagen, imagen que se congracia con las mayorías, pero que no responde a su fin. Si fuera real donde quedó la persona, individuo como miembro de la sociedad; si la tendencia nos muestra segregación e instrumentalización hacia los grupos menos favorecidos, donde ellos buscan en el estado esta protección, no como parásito,ya no saben como vivir donde no hay posibilidades, el mercado los ha aislado, no son relevantes en el sistema, que más. Pero a la inversa existen grupos que voluntariamente se separan, buscando en si mismos y generando sus protecciones como individuales, pero no como miembros de la sociedad. Nunca alcanzó el el estado bienestar a logran sus fines, para bien o para mal, pero desde los setentas quebró, no usemos entonces su nombre cuando es otra la realidad; Uno de sus mayores criticos esta en el poder, hablemos de él , el individualismo, con su connotación mas alta, el consumismo, hablemos de él.