Los otros profesores
Sobre la pizarra televisiva y la deserción educativa · Enseñanza
Seguro que más de una vez hemos asistido (directa o indirectamente) a escenas cotidianas que parecen normales pero que esconden un significado un tanto siniestro. Más de una vez, yendo por la calle, he visto a algún niño haciendo alguna trastada. Su padre o su madre, quizás distraídos mirando algún escaparate o conversando con algún amigo se dan cuenta, y al momento ponen en práctica una amenaza efectiva: ?Como no dejes de hacer eso, te quedas sin televisión?. Cuantas veces lo he oído, he pensado que es un castigo triste, que en cierta forma refleja unos cuantos fracasos, entre otros el del sistema educativo. ¿Qué tipo de educación es esa, que castiga a un niño prohibiéndole ver la tele? Si algún padre al menos dijera: ?Si no te paras quieto, te prohibo leer, no voy a jugar contigo, te prohibo bajar a jugar con los vecinos, o esta noche no te leo tal cuento…? Pero no. Lo efectivo, lo que realmente atenaza la vitalidad infantil, es el quedarse sin televisión. Y es que ya no tenemos niños, sino máquinas embrujadas por la tele o atadas a los mandos de una videoconsola.
Lo peor del caso es que las consecuencias no son previstas ni por los propios padres. Segunda escena para comentar. Una tarde cualquier, estando en casa, se oye al niño soltar un exabrupto. El padre o la madre dudan. ¿Habrá pasado algún camionero? (es un tópico, ya lo sé, que me perdonen los camioneros…) La pregunta y la alarma es inmediata: ?Hijo, ¿qué has dicho?? Y el retoño, contento por acaparar al menos una vez en su vida la atención de sus padres, repite la palabrota o el insulto de turno. Los padres horrorizados preguntan: ¿Dónde has aprendido eso? No te lo habrán enseñado en el colegio… Pues no, señores, no. En los colegios, institutos y demás centros educativos, no nos dedicamos a enseñar esas cosas. Sus hijos aprenden eso y cosas peores, con el otro profesor al que ustedes le mandan. El profesor particular más barato de la ciudad: la televisión.
Nos quejamos de que los niños ven demasiado la tele. ¿Están dispuestos sus padres a pasar el tiempo necesario con sus hijos? Sé que en muchos casos es así, pero en otros… La tarea de ser padre no es nada fácil, en eso estamos de acuerdo, pero de ahí a dejar a nuestro hijo en manos de culebrones, famoseo, violencia gratuita y petardeo va un abismo. Luego que nadie se queje, y que no pretendan que arregle el instituto lo que la televisión ha destrozado. Los hijos de la telebasura disfrutarán de una cultura basura, levantada sobre el papel ?couché? y los cotilleos, y demostrarán allá donde vayan que son el producto de una educación basura: la que nos impone esa pizarra de 625 líneas. Hoy los niños pasan las mismas horas semanales en un aula que delante de la televisión. ¿Quién está educando a nuestros niños? ¿Tiene más fuerza una institución educativa o un medio audiovisual? ¿Tenemos que hacer algo para cambiar esta situación? Al menos, que no nos culpen de lo que ya nos llega estropeado, porque se nota mucho, desde el primer día de clase, qué alumnos han sido educados por sus padres, y cuáles saben más de todo lo que sufren y ríen los famosos que de lo que ocurre en su familia.


