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Marx contra Marx

Karl MarxUna de las ideas que se desprenden del marxismo aparece resumida en [1] aquella frase en la que el filósofo alemán nos viene a decir la sociedad determina nuestra forma de pensamiento. El determinismo sociológico ha tenido mucho predicamento y aparece disfrazado de las más diversas maneras en autores de todo pelaje y condición. A quién se le va a ocurrir a estas alturas negar que nuestras ideas y nuestra forma de pensar pueden venir condicionadas por la cultura: la educación nos forma, moldea nuestras conciencias. Las modas y los medios de comunicación, así como las formas de vida son un elemento aún más poderoso. El problema es que el autor de El capital fue un poco más lejos: nuestro ser social determina nuestra conciencia. Dicho en términos más simples: uno piensa según lo que uno es, según la clase social a la que pertenece. El burgués piensa como burgués y el proletario hace lo propio como proletario. Y a este planteamiento se le puede poner un excelente contraejemplo: Marx no pensó como lo que era.

En efecto, basta repasar la biografía de Marx para comprobar que perteneció a una familia burguesa. No tuvo muchos problemas, por lo que se cuenta, para vivir del dinero de sus padres y costear gracias al mismo sus estudios de derecho. En resumidas cuentas: Marx perteneció a la clase burguesa, y es un excelente contraejemplo para rebajar las pretensiones del determinismo sociológico. Si nuestro “ser social” determinara nuestra conciencia sería imposible que uno de los mayores impulsores del movimiento obrero hubiera alumbrado una de las filosofías más críticas respecto al capitalismo y la burguesía. Marx creció en un ambiente burgués y pensó contra la burguesía. ¿Existe un mejor ejemplo de que no estamos determinados en nuestra forma de pensar? Fenómeno que, por otro lado, no es tan extraordinario. no sería difícil encontrar filósofos, científicos o literatos que han crecido en un ambiente “proletario” (si es que esta palabra sigue teniendo sentido) y han desarrollado ideas burguesas o se han instalado en la cómoda vida del burgués.

Quizás no sea tan complejo encontrar una solución intermedia: la sociedad nos influye pero no nos determina. En último término existen seres humanos que escogen pensar distinto y vivir distinto. No voy a decir aquí que todos seamos absolutamente libres y que somos nosotros mismos los capaces de elegirnos, proyectarnos y determinarnos. Frente al absoluto de la sociedad que nos propone el marxismo no se puede oponer un yo absoluto o una autoconciencia exagerada inexistentes. Pero sí una interacción entre ambas: la socieda da pautas, ideas, tradiciones, rituales. Cada individuo es el que recibe toda esa información, la procesa y la incorpora a su vida de los modos más diversos. Eso es lo que posibilita la pluralidad que brilla frente a los pensamientos monolíticos y monocordes. No es el ser social el que determina nuestra conciencia, ni tampoco al revés. Probablemente seamos el resultado de la interacción de ambas. Es un alivio pensar que en el seno de la sociedad burguesa alemana del siglo XIX pudiera surgir un pensamiento tremendamente crítico y original como el marxismo. Aunque en algunas ideas estuviera equivocado.

P.D.: [2] Fuente original de la imagen


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[2] Fuente original de la imagen: http://www.nodo50.org/contrapublicidad/index.php?option=com_content&task=vi
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