Más problemas con la ética consecuencialista
Ya hablábamos de eso hace casi [1] un año. Pero por lo visto, los argumentos que desde un punto de vista moral nos parecen perversos, tiene una plena vigencia en política (y es que, al final, habrá que darle la razón a [2] Maquiavelo, con aquello de que el fin justifica los medios). Y es que nuestro gobierno, anteriormente antibelicista, ha decidido hacer [3] negocios relacionados con la industria de la guerra, esta vez con Venezuela. Si nuestra ministra de exteriores (del PP) justificaba la guerra hace un año por sus efectos sobre el petróleo, los [4] socialistas creen que este tipo de contratos garantizan la continuidad de los astilleros españoles. La [5] crítica de la oposición no ha tardado en llegar, y tampoco la [6] respuesta correspondiente. Lo curioso del asunto es, a mi entender, que ninguno de los dos está legitimado para desarrollar plenamente ninguno de sus argumentos.
Veamos: o bien argumentos consecuencialistas del tipo “si decido A (siendo A algo moralmente rechazable, sea una guerra o negocio armamentístico), logro tales beneficios B (siendo B, especialmente, beneficios económicos)” son admisibles, o bien este tipo de argumentos (para algunos perversos desde un punto de vista moral) no son admisibles. Lo que no es de recibo es que sean admisibles en unos casos pero no en otros. Es decir: un partido político no puede haber dicho en su día que una guerra se justifica por sus efectos sobre los precios del petróleo, y decir un año después que el comercio armamentístico no legitima ningún tipo de interés económico. Y, por supuesto, se puede formular al revés: ningún partido político debería poder decir un año que ningún beneficio económico justifica una guerra, y estar dispuesto (al año siguiente) a negociar con armas, buques o aviones militares para conseguir reflotar unos astilleros. Las contradicciones afloran por doquier.
Y este es el gran problema de la ética consecuencialista al que apuntábamos hace un año: hoy puede estar a tu favor, y mañana en tu contra. Todo dependerá de los vientos que soplen. Y también por eso los ciudadanos deberíamos considerar inadmisible que nuestros políticos (de un partido u otro) utilicen argumentos moralmente falaces cuando les conviene. Que sean abanderados de las guerras justas un año, y pacifistas convencidos al siguiente. Que se manifiesten en contra de la guerra continuamente, y al año siguiente logren beneficios económicos a través del comercio de la guerra. Desde luego que un cálculo de consecuencias es necesario en todo razonamiento moral, pero también es preciso algo más, que nuestros políticos suelen ignorar. Se podría llamar coherencia moral, se podría llamar integridad, se podría llamar mantener unos valores propios… Se podría llamar de muchas maneras. Al menos de tantas como adjetivos se me ocurren para calificar los argumentos y posturas morales de los partidos. Pero esos me los callo. Por pudor.
Actualización (30-3-2005, 13:11): como colofón, se nos [7] cuenta que la venta de armas no puede ofender, pues beneficia a los pueblos y sirve a nobles objetivos.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] un año: http://boulesis.com/boule/nota/120_0_1_0_C/
[2] Maquiavelo: http://es.wikipedia.org/wiki/Maquiavelo
[3] negocios: http://www.negocios.com/gaceta/articleview/32053
[4] socialistas: http://deportes.eluniversal.com/2005/03/29/int_ava_29A546089.shtml
[5] crítica: http://www.lavozdegalicia.es/inicio/noticia.jsp?CAT=104&TEXTO=100000066459
[6] respuesta: http://www.europapress.es/europa2003/noticia.aspx?cod=20050329140754&tabID=1
&ch=66
[7] cuenta: http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/30/espana/1112166166.html
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