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Maus

La supervivencia en los campos de concentración llevada al comic

Portada del segundo volumen de MausSeguramente habrá quienes consideren un tanto improcedente traer cómics a una categoría de la bitácora en la que se habla de leer filosofía. Una traición imperdonable al mundo del pensamiento. Tan imperdonable, a mi entender, como dejar de atender a otras manifestaciones literarias, artísticas y culturales que nos obligan irremediablemente a replantearnos este mundo en que vivimos, a indagar en el mismo. En definitiva, que nos hacen un poco más filósofos. Este es el caso de Maus, uno de los cómics más laureados y reconocidos de la historia. En sus páginas encontramos un relato de la supervivencia en los campos de concentración. Una vivencia que aparece en otras manifestaciones artísticas y literarias: los libros de Primo Levi son un clásico en el género. Sin embargo, adquiere en el cómic de Art Spiegelman nuevas resonancias y significados, que merecen sin duda la atención de quien se dedica a enseñar filosofía.

A lo largo del cómic se van ajustando muchas cuentas pendientes. La primera de ellas, y quizás la más importante, la que tienen los judíos con la historia. Salvar del olvido el sufrimiento de tantos millones de seres humanos es una tarea noble y necesaria, y este es uno de los motivos que llevan a Spiegelman a rescatar la historia de sus padres, a tratar de reflejarla de la forma más objetiva posible. Y es esta una de las virtudes del cómic: no hay buenos y malos. Todos los personajes tienen sus propias aristas: desde judíos colaboracionistas hasta las traiciones de los campos de concentración sin dejar de lado las secuelas de la experiencia más inhumana de la historia reciente de occidente. Secuelas como la desconfianza como actitud vital, la obsesión por el gasto y la tacañería llevados a su más alto grado, o el racismo hacia quienes son distintos, en un olvido imperdonable e inaceptable de las consecuencias que estas formas de vida trajeron a Europa. En el cómic de Spiegelman no se salva nadie: las víctimas no tardan en intentar ser verdugos.

El cómic juega a mayores con diferentes recursos narrativos entre los que destaca que cada una de las nacionalidades aparezca representada por una diferente especie animal. Es una manera excelente de reflejar el racismo y de marcar diferencias que quizás sean insuperables no tanto porque estén fundadas en la naturaleza (como en el caso de los animales) pero sí porque al final configuran nuestra identidad. Somos lo que somos, somos como somos. Y en la historia de Spiegelman los alemanes son gatos y los judíos ratas. No hace falta esforzarse demasiado para imaginar cuántas veces fueron calificados de esta manera los judíos de los campos de concentración, lugares por excelencia de la inmoralidad. Porque esta es una de las enseñanzas del cómic: en ciertas circunstancias la moral del ser humano queda totalmente anulada, para vivir en nuevo des-orden social, en el que todo está permitido. Algo que marcará de por vida a quienes hayan vivido en primera persona esta experiencia, pero también a sus descendientes. Porque otra cuenta pendiente de Spiegelman es la que contrae con su madre, que terminó suicidándose tras sobrevivir al holocausto, y con su hermano pequeño, asesinado por los nazis. Justificarse a sí mismo, liberarse de la culpa de haber nacido después de la persecución. El cómic como terapia y liberación, como forma de expresar un cúmulo de relaciones viciadas por el sufrimiento humano. Todo esto y mucho más lo encontramos en Maus. ¿Acaso no merece una lectura desde la filosofía"

¡HOla Eduideas! Muchas gracias por la referencia de Sacco, no lo conocía y voy a ver si entre las próximas lecturas consigo poner alguno de sus títulos. Un saludo: Miguel.