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Moda y metafísica: ¿Existe la talla 40? ¿Qué es?

Modelo en una pasarelaModelos en una paserelaTodos hemos oído alguna vez hablar de las polémicas tallas de la ropa. Y no sólo se trata de que los diseñadores elijan chicas extremadamente delgadas con aspecto enfermizo (total, el porcentaje de población que vive pendiente de las pasarelas es casi insignificante) sino del tallaje de las tiendas en las que la gente de la calle (esa sí, una inmensa mayoría) compra sus pantalones, faldas, vestidos… El problema no reside en que no existan según qué tallas. Además de esto cada empresa ofrece un tamaño distinto bajo una misma talla. Un problema en el que un profesor de secundaria imaginativo puede encontrar conexiones bien claras con la metafísica que estudian (de momento, hasta que llegue la ciudadanía, se sigue estudiando metafísica) nuestros alumnos de bachillerato. Fijémonos en el pensamiento de cualquier ministro de sanidad: desde su punto de vista, una talla 40 responde a una serie de medidas, expresables matemáticamente y se podría considerar que hay una “esencia” (otro concepto similar podría también servirnos) de la talla 40, que sería un concepto universal. La persona que compra una talla 40 debería comprar una prenda de las mismas dimensiones aquí, en Francia y en Perú, independientemente de la tienda que se visite. La matemática ofrece verdades universales, y aunque es verdad que no todo es “matematizable” (no todo se puede expresar numéricamente), es muy difícil aceptar que no se puedan fijar unos cánones numéricos que establezcan las medidas propias de cada talla. El pensamiento esencialista y la convicción de las verdades universales es puesta en práctica (seguramente sin saberlo) por todos los que defienden la unificación de las tallas (otra cosa sería fijar cómo se establecen esas medidas universales, hay muchos tipos de esencialismo…).

Una postura muy distinta es la de los diseñadores o, mejos dicho, las empresas textiles y cadenas de ropa. No acierto a entender por qué oscuros motivos este colectivo adopta la perspectiva nominalista: para ellos no existe una esencia de cada talla. No hay una medida única y universal que todos deban compartir. Reparten números entre sus prendas (36-38-40-42-44-46… igual da una talla que otra) sin atenerse a un criterio externo. De esta forma, el número de la talla no expresa en realidad nada: personas que en una tienda “esencialista” visten una talla 40 pueden necesitar una 38 en otra tienda, y una 42 en una tercera. Para el nominalista el número que describe el tamaño de la prenda no se correponde con ninguna esencia, es sólo un “signo” que ni siquiera tiene por qué ser compartido por otras empresas o marcas. Se trata de un nominalismo radical: los filósofos que defienden esta postura niegan la existencia de esencias, pero admiten que el acuerdo entre humanos da significado y valor a las palabras. Para la multinacional de la ropa no es necesario tal acuerdo, y no les importa nada que el consumidor se vuelva loco y sea incapaz de “utilizar” el código de tallas que en principio deberían orientar al comprador. La talla 40, para el nominalista, sería sólo un número pintado sobre la etiqueta de la prenda, sin contrapartida real. Designará (si hay coherencia interna a la hora de fijar tallajes) lo que subjetivamente entiende tal o cuál marca por la talla de que se trate. En definitiva, una postura nominalista y subjetivista: no hay esencia de cada talla, y los números se refieren a lo que a cada uno le da la gana.

Como se ve las cuestiones universalismo-subjetivismo esencialismo-nominalismo (se podría hablar también de racionalismo-empirismo) no son oposiciones superadas. Se cuelan en muchos problemas de la vida cotidiana, por mucho que no nos queramos dar cuenta o que consideremos que en realidad no importa lo filosófico (es decir, el problema de fondo) y que lo que hay que hacer es tomar una decisión al respecto. Como si fuera posible resolver el problema sin acercarse (en cualquiera de sus variantes, que no hemos comentado aquí) al nominalismo o al esencialismo. Por supuesto no se pueden dejar de lado los factores económicos (¿implica una reestructuración de la industria textil la unificación de tallas?) o los políticos (¿puede la ley obligar a esta industria a utilizar las mismas medidas?), a los que hemos de añadir las consecuencias de la situación caótica en la que se vive actualmente: problemas a la hora de comprar (no sólo por desajuste de tallas, sino también porque ciertas marcas no comercializan según qué tallas) y sobre todo (según dicen los reponsables sanitarios que encargan estudios antropométricos) problemas de salud, puesto que la “estrechez de miras” de algunos fabricante configura la estrechez de cintura de muchos compradores, que se sienten obligados a entrar por vestidos que con el número 40 o 38 colgado en su etiqueta pueden contar con un tamaño real de un ser humano prácticamente esquelético y desproporcionado. Consumidores agobiados por su tamaño (y el de sus prendas) y que se preguntan confusos: ¿qué es una talla 40?


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