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Nación y mundo

Un solo planeta, 245 naciones · Actualidad


Bandera de KosovoLo ocurrido en Kosovo en estos últimos días tiene una lectura política, desde luego, pero también cabría dar una interpretación histórica. En unas semanas se abordará en las clases de segundo de bachillerato un texto kantiano en el que se sugiere la posibilidad de que la historia avance hacia una “gran unión cosmopolita de pueblos”. Lo cierto es que desde entonces ha pasado de todo: naciones que se desintegran (entre las cuales cabría citar la del propio Kant) y otras que nacen de la descomposición de aquellas. El concepto de nación y estado han jugado en el pasado papeles muy distintos: a menudo ha servido para integrar y vertebrar distintas regiones geográficas, mientras que otras veces ha sido utilizado para separar territorios y pueblos que habían venido viviendo unidos durante siglos. Habría que entrar a valorar por qué los pueblos deciden unirse o separarse (¿oligarquías políticas? ¿grupos de poder? ¿elección de un pueblo bien formado? ¿manipulación?) pero el caso es que el concepto de frontera inherente al estado y la organización política une y separa a partes iguales.

La reflexión cobra un valor añadido si ponemos en relación la división casi “ad infinitum” de lo que hace 3 décadas era un solo estado (Yugoslavia) con la creación de grandes unidades macropolíticas como la Unión Europea, que va incluyendo un número progresivamente mayor de países. Mientras que parece que la política internacional es asunto de grandes bloques a los que interesa pertenecer por motivos políticos y económicos, no son pocas las fuerzas que tratan de localizar la política, de llevarla a espacios que se presentan más cercanos al ciudadano, y de tener la posibilidad de decidir por sí mismos en todo aquello que les afecta. Combinar esta “autogestión” y “autodeterminación”, con los procesos de globalización económica y política no parece nada fácil y es quizás una de las claves para enteder más de una circunstancia política de nuestro tiempo. La cuadratura del círculo llega cuando los movimientos nacionalistas reivindican su autonomía sin pretender separarse de la unidad macropolítica a la que pertenece. Independientes, sí, pero sólo de respecto a unos, no respecto a todos, y particularmente en los asuntos que nos interesan.

Siendo esto así, la pregunta del millón es cuál de estas tendencias prevalecerá sobre la otra. Parece que viviéramos entre la nación que nos da derechos, identidades… y el mundo, cada vez más cercano, más pequeño. ¿Seguirá aumentando “el club de los 245″, hasta convertir el planeta en un lugar ingobernable y ineficiente? ¿Es el movimiento nacionalista, por el contrario, un camino agotado y terminaremos por eliminar fronteras y dar validez a unidades políticas superiores con las que podamos considerarnos suficientemente representados, protegidos e identificados? ¿Está el futuro en la mundialización política, en su localización o ambas fuerzas van a seguir pugnando entre sí en un proceso sin final? Quizás estemos inmersos en un todo que se mantiene gracias a la lucha entre las fuerzas nacionalistas y las globalizadoras. O puede que ambas convivan entre sí sin molestarse mutuamente. Lo que parece claro es que aún estamos lejos de esa gran unión cosmopolita de pueblos que soñara Kant hace más de doscientos años. Lejos, sí, ¿pero más cerca que cuando Kant escribió? ¿O carece esta pregunta de significado?

§ | Miguel | 18/Feb/2008 | 12:07 | Añadir comentario | Añadir trackback

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6 comentarios a “Nación y mundo”

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Hombre, un poco lírico todo, ¿no?
Es mucho más simple, a los EEUU le conviene que Europa se fragmente y lo de poner un miniestado musulmásn en los Balcanes es una bomba de relojería de la que siempre podrán echar mano para poner en jaque a los europeos.

§1 | Emilio | 18/02/2008 | 15:41

Lo de Un solo Planeta también lo suscribo yo.
http://www.aulablog.com/planeta/node/845

§2 | lbarriocanal | 18/02/2008 | 15:50

Tengo la impresión de que el modelo democrático tiende a generar fragmentación. En efecto:
(i) los criterios de demarcación que definen un espacio comunitario o de convivencia pueden variar con relativa facilidad y rapidez histórica. Conceptos como como región,nación o imperio se redefinen en el terruño con mucha más facilidad (y quizás con menos traumas)de lo parecemos creer.Yo por ejemplo pasé mi infancia sin saber que era castellano-leonés y hoy, de algún modo, me siento tal cosa (bien que de un modo vago — en parte porque no me socializó el término en la infancia). La idea de patria como “empresa común” subraya más aún esa idea.
(ii) Si aceptamos el principio y el mecanismo democrático: ¿cómo imponer una unidad política si un porcentaje amplio de población quiere la separación? Es cuestión de número y de tamaño.Además si toda unidad política es redefinición de otra anterior - somos separatistas del imperio romano - no veo cómo poner límites a la redefinición (salvo los utilitarios:la salud, el dinero y el amor)

(iii) Si aceptamos principios y mecanismos democrático es complicado crear Estados que incluyan diversas naciones emocionales. Se impone la separación, la diferencia (como se impone más la creación de barrios gay, musulmanes, alternativosetc.).Dado el cachondeo que despierta la tan traida y llevada “alianza de civilizaciones” y el euroescepticismo de muchos, la creación de neoimperios(austrohúngaro o romano-germánico) lo dejaremos para otro eón.(Aunque, un poco al modo decadente de Joseph Roth y su cripta de los capuchinos, yo apostaría por el neoimperio: la Europa de Lisboa a los Urales y de Suecia a Costantinopla –o Israel o Egipto. pero es más estética que política.

(iv) Recordando a Kant, digamos que hasta un pueblo de demonios - si son seres inteligentes - sabe que existen problemas globales que exigen procedimientos globales de resolución. ¿Somos diablos inteligentes - descarto la idea de ser ángeles - o por el contrario trol marrulleros? Esa es la cuestión. En cualquier caso, al final, a todo nos habituamos. Lástima que la sangre deba correr tanto para adaptarse, al fin, a casi todo.

§3 | luisgonzalezsantamaria | 18/02/2008 | 18:14

Lo de un solo Planeta, nación o estado, me parece algo absurdo, ya que existen claras diferencias entre los Pueblos que están dentro de ese gran Planeta. Me parece que hay que hacer una distinción entre esos Pueblos(pero no una distinción menospreciativa), porque no somos iguales(con lo referente a la cultura, lengua, tradiciones…). Lo ideal es que cada Pueblo tuviera sus costumbres, leyes, tradiciones, forma de gobierno, pero a la vez que cooperasen entre los Pueblos para evolucionar o sobrevivir, lo que se llama internacionalismo. Hay que dar voto al Pueblo para decidir su futuro, algo que en el Estado Español se priva, siendo una pais en democracia(supuestamente).

Por otra parte estoy deacuerdo en que la democracia defragmenta(claramente se puede ver en el Estado Español).

“La cuadratura del círculo llega cuando los movimientos nacionalistas reivindican su autonomía sin pretender separarse de la unidad macropolítica a la que pertenece”(cita del texto que me gustaría discutir). Los movimientos nacionalistas reivindican su autonomía, cierto, pero también huyen de esa unidad macropolítica a la que pertenecen. Si quieren independizarse es porque dentro de de esa unidad macropolítica se les está marginando o quizás se les esté quitando derechos y libertades(de ahí que existan los separatistas y el separatismo). Un Pueblo puede reivindicar su autonomía, y consiguiendo esta, tiene el apoyo de los demás pueblos(solidarismo e internacionalismo).

§4 | Luis-GSR | 18/02/2008 | 21:54

La cosa es más simple, es una cuestión de geopolítica. A las grandes potencias les interesan los estados pequeños: son más fáciles de controlar, invadir, eliminar (ex-repúblicas soviéticas), manipular, controlar, o lo que se precie. Esto es fácil cuando se puede manipular y exaltar a las masas, tan susceptibles a la ideología y los sentimientos tribales. Los poderosos se valen de ellos para hacer y deshacer conforme les convenga.

El caso de Kosovo obedece también a una maniobra política: crear crisis en Europa y además ponerse la medalla de apoyar a un estado musulmán (cosa que algunas naciones europeas apoyan). El gobierno mundial ya se está creando: globalización. Los gobernantes son los directivos de las multinacionales, las cuales no están sujetas a ninguna ley o se las pueden saltar sin problemas.

Bienvenidos al nuevo gobierno global de las oligarquías de nuevo cuño, en connivencia con los estados.

§5 | Nacho | 18/02/2008 | 23:54

No estoy de acuerdo con la creación de una “supranación” que todo lo maneje y dirija, ya que normalmente tiende a estandarizar prácticas, costumbres… Creo en la independencia de los territorios y en el profundo respeto entre unos y otros. No hace falta que dos países pertenezcan a una unión de índole mayor para evitar problemas entre ellos o para que exista solidaridad.

Un saludo

§6 | Jesús G.G | 19/02/2008 | 10:42

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