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Nacionalidad: Facebook

Hace ya semanas que se ha empezado a hablar de la salida a bolsa de Facebook. Las cifras son realmente asombrosas: miles de millones de dólares en valoración, mucho más que otras grandes compañías y supera al P.I.B. de no pocos países de este desigual mundo nuestro. Otra cifra realmente impresionante: más de ochocientos millones de usuarios. Algo que traspasa el campo de la economía o la tecnología. Facebook, y otras tantes redes sociales, implican hoy una forma diferente de entender la sociedad. No vale la comparación con la vida social tal y como la hemos entendido hasta ahora. No es sólo una ampliación geográfica de los contactos que podamos tener. Es un micromundo, en el que convivimos millones de seres humanos, con perspectivas de que sean cada vez más los que se suben al carro. Viendo los datos y la tendencia generalizada, ¿es posible calcular el impacto económico y político de este tipo de plataformas?

La situación es hasta cierto punto novedosa: estamos ante una de esas empresas virtuales que despiertan grandes expectativas. Cualquier decisión que tomen respecto a su política de privacidad, la gestión de información de usuarios o la manera de relacionarse entre sí puede provocar una desbandada general de internautas, con la consiguiente caída en ingresos de publicidad o de cualquier otra índole. La propia red social se puede aprovechar para criticarla. Facebook es una empresa muy poderosa, pero depende de sus usuarios de una manera mucho más directa que las tradicionales, volcadas en los consumidores. No es difícil que la decepción de quien compra un producto quede apagada por el poder de una empresa: el recursos al pataleo no pasa de una carta en un periódico o del boca a boca. En el mayor de los casos, de la intervención de las asociaciones de consumidores, si es que se está asociado. No es así en el caso de Facebook: en pocas horas un mensaje puede expandirse como la pólvora, de manera que ni siquiera el propio sistema lo podría parar a tiempo. Más que en ningún otro momento, las redes sociales son empresas cuyo mayor capital son sus usuarios, por lo que estos tienen un papel activo en las decisiones de la misma. ¿Cómo afectará esto a la economía, a su facturación o su cotización?

Las consecuencias en el terreno político son similares. No es de extrañar que en algunos países aún esté vetado: no son pocas las movilizaciones sociales que han utilizado las redes sociales para su difusión. Hoy la red es otra de las formas de hacer política, y por eso esl poder de Facebook es tremendo. No es que la primavera árabe o el 15M nacieran en Facebook. Pero sí que se extendieron y se dieron a conocer a través de esta red, o de Twitter. Una vez más, son plataformas que permiten a los usuarios dar rienda suelta a sus ideas y propuestas. Por qué unas prosperan y otras no es un asunto complejo, y en muchos casos habrá que buscar las causas en el mundo físico, no en el virtual. Pero ello no le resta valor a las redes sociales. Al contrario, se lo concede al convertirlas en vehículos de las reivindicaciones de los ciudadanos. Las identidades sociales y políticas se construyen hoy en la red social tanto como fuera de la misma. No son pocos los que pasan más tiempo “conectados” a la red de redes que al mundo material. Y necesitamos todavía tiempo para ir digiriendo estos cambios, que afectarán a la economía, la sociedad y la cultura. Hasta que llegue un día, dentro de cientos de años, en el que el pasaporte de un chino, un peruano y un noruega tengan un dato común. Nacionalidad: Facebook.


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