Ni contigo ni sin ti
Sobre los grandes medios de comunicación y su actitud ante la economía · Actualidad
En apenas doce meses, nuestros medios de comunicación nos han inducido cierta esquizofrenia colectiva. Cualquier lector/oyente/telespectador que preste un poco de atención a lo que se denomina “noticias” o “informativos” se habrá visto necesariamente afectado por las dos personalidades que se nos han transmitido. Allá por el 2007 la crisis de las hipotecas basura de EEUU no iba a afectar a nuestro país. Se debía de pensar, por lo visto, que por primera vez en las últimas décadas, la economía europea y la española no iban a ir a remolque de la norteamericana. En medio de aquella euforia y autoconfianza se desató una gran fiesta, que giraba en torno al pinchazo del globo ladrillero.
No fueron pocos los medios de comunicación que saludaron con entusiasmo el ladrillazo. Prácticamente se brindaba en directo por la excelente noticia del frenazo en el precio de los pisos. En un país en el que hay varios millones de familias hipotecadas era una noticia inmejorable el tomar conciencia de que aquello que se estaba pagando, casi como una inversión vital ahora que las hipotecas duran varias décadas, comenzaba a valer menos de lo que se estaba pagando. Por algún tipo de eclipse o estupidez pasajera, todos nos alegrábamos al saber que estábamos pagando una hipoteca sobrevalorada. El parón del ladrillo era lo mejor que le podía ocurrir a un país como el nuestro, cuyo crecimiento económico se había basado en la construcción en los últimos quince años. El odio al ladrillo era un imperativo social. El “progre” debía destrozar el ladrillo y acusar de especulador a todo el que se dedicara a vender pisos.
La rueda de la fortuna nos ha llevado a añorar ese ladrillo, a llorar por él y echarlo de menos. Ahora que se puede llamar crisis a la crisis, los mismos medios que proclamaron la muerte del ladrillo se preocupan por los cientos de miles de parados, por la inflación y por el euribor. Y por los que más lo sufren, faltaría más: los inmigrantes. Como todos los medios son hoy, excepto excepciones no muy honrosas, muy modernos y progresistas, se lamenta que sean las clases más bajas las que se vean más afectadas por la situación que antes se festejaba. Si no hay amor al ladrillo, parece que sí cierta añoranza a los tiempos de poca inflación y creación de empleo. Estas son las maldades de la economía, y más aún de la nuestra que le canta al ladrillo aquello de “ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio…” Los males económicos se curarán con el tiempo, o eso se nos dice. La hipocresía y el partidismo de los grandes medios de comunicación parecen no tener cura: los que gritaron a los cuatro vientos el final de la especulación pasan piadosamente la mano por la espalda de los más perjudicados. Qué le vamos a hacer.


