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No hay mundo

Sobre el teatro del mundo: su decorado y personajes

La palabra "mundo", sorprendentemente, desempeña una función curiosa en nuestro lenguaje diario: los medios de comunicación nos cuentan cómo va el mundo, y quien más quien menos se atreve a soltar aseveraciones "todo el mundo hace esto o aquello", "todo el mundo es de esta o de otra manera", etc. Ciertamente, se refieren aquí a los seres humanos que habitamos el planeta tierra y que con nuestra presencia ayudamos a "configurar" lo que a ojos vista es "el mundo". Y esto es lo peculiar de la palabra: no sé si por la trampa del lenguaje o por algún otro motivo, todos tendemos a pensar que existe un mundo exterior, que la realidad es estable y permanente. Sin apenas reparar en ello, estamos subidos en la cresta de una ola muy peculiar: la de la historia que se mueve imparablemente sin que ninguno de los que vamos subidos sepamos muy bien hacia dónde. Y mientras todo se mueve, tenemos el atrevimiento de referirnos al "mundo" como si éste fuera a estar siempre ahí fuera, esperando nuestro juicio sobre el mismo o sirviéndonos de "medio natural" en el que desarrollar nuestra vida.

El desarrollo de nuestro pensamiento nos obliga a aceptar el gran mito del mundo: de niños todos nos formamos en el objetivismo. A buen seguro, los niños de nuestros días piensan que Internet es una realidad con la misma entidad que un chorizo de cantimpalo. Ambos "existen desde siempre" y son parte del escenario de la vida. La televisión y los periódicos son constructores de "objetividad": Obama es protagonista de nuestros días, de la misma forma que lo pueden ser Cristiano Ronaldo o Messi. Como si tuvieran más "entidad" que cualquier otra persona u objeto de los que no rodean. Sólo cuando pasa el tiempo el mundo duro de la objetividad empieza a resquebrajarse: los ídolos se suceden, cambian las estructuras y las monedas de cambio. La solidez del mundo se revela extraodinariamente blanda, fofa, moldeable: se aprende de repente que todos esos referentes no formaban parte de una realidad estática y siempre idéntica a sí misma. Por el contrario, eran también personajes de este gran teatro.

Las modas y los iconos de cada tiempo son el mejor testimonio de la inexistencia del mundo: es casi risible hablar de los ochenta, de las series de dibujos animados, los mitos del deporte y los problemas políticos de aquel tiempo. Aquello no es más que polvo para los aspiradores de nostalgia. Por mucha alfombra roja y mucho maquillaje que le queramos poner a una entrega de premios, nada logrará permanecer: las películas que hace años arrasaron en los óscar no aparecen hoy ni en la lista de las que te regalan al comprar tal o cual periódico. No formaban parte de la realidad: simplemente eran elegidas por quienes dominan en tal o cual mercado, por quienes pueden influir en esa toma de decisiones. No eran la realidad sino que otros hacían que aparecieran en nuestra realidad. Exactamente igual que todo lo que nos rodea. Las estrellas de ayer viven hoy apagadas en sus casas y los que triunfan hoy se desvanecerán antes o después. ¿Dónde está entonces "el mundo" eso que quizás se esté grabando ahora en las mentes de millones de niños o adolescentes como la realidad" ¿Cuál es su estructura, quiénes sus principales iconos" Es difícil encontrar una respuesta que nos satisfaga. No existe el mundo. Todos vivimos arrastrados por la vorágine.