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Palabras que se lleva el viento

Sobre la utilización (arbitraria) de las bitácoras

El debate sobre el valor de las bitácoras como fuente de información y lugar del conocimiento cuenta ya con cierto recorrido. Proponer temas a través de anotaciones, ampliar los de otras bitácoras, enlazarse entre sí… en fin, todas esas cosas que los grandes defensores de la red consideran las bases del conocimiento digital. En los últimos meses me ha ocurrido algo curioso y llamativo: he encontrado anotaciones en bitácoras (algunas de ellas de profesores) que días después, cuando he pretendido enlazarlas, habían desaparecido. No sé los motivos ni soy quien para juzgarlos, pero esto me ha hecho preguntarme no sólo por la estabilidad, fiabilidad y garantía de todo lo que mueve la red sino también por los que contribuimos a tejerla.

No sé si los que escribimos una bitácora con cierta regularidad somos conscientes de la responsabilidad que implica darle al botón "publicar” de nuestro gestor de contenidos. Escribir no debe ser nunca dar rienda suelta a lo primero que se nos ocurra, ni tampoco abrir espacio a contenidos, alusiones o reflexiones de las que después podamos arrepentirnos. Nadie nos obliga a abrir un blog ni tampoco a publicar varios artículos cada día. La misma libertad que ejercemos cada vez que publicamos debe ser respetada una vez que el texto deja de pertenecernos y se convierte en la propiedad común de todos los que visitan nuestra bitácora con cierta regularidad. Cualquier otra cosa es restar calidad al medio y al autor. Las bitácoras (y más aún las de contenido educativo) pierden valor si sus contenidos están un día sí y otro no.

Como digo el debate es ya antiguo: la ética de las bitácoras se viene discutiendo en múltiples lugares desde hace varios años. Y que conste que nadie está poniendo en duda la capacidad de cualquier usuario anónimo de hacer con los contenidos de su bitácora personal lo que le venga en gana. Sería necesario establecer tipos de bitácoras asociadas a ciertas orientaciones generales que puedan servirnos a todos como referente. Entre otras cosas porque si desde las bitácoras educativas reivindican a menudo un tratamiento diferenciado, también deberían ofrecer o asegurar ciertas condiciones. Porque una cosa es corregir una errata o una falta de ortografía que se nos escape y otra muy distinta eliminar anotaciones enteras. Si no nos tomamos esto en serio, difícilmente podemos defender sus posibilidades educativas.