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Posibles soluciones al dilema del prisionero

¿Qué podemos hacer si nos enfretamos al dilema del prisionero?
Hace unas semanas, dejábamos a Pepa y Pepe en su celda, meditando qué actitud tomar ante la propuesta del comisario. El caso es que los dos delincuentes saben que a ambos se les ha hecho la misma oferta, y saben que la otra persona actuará de un modo racional. Tan racional como ellos mismos. Recordemos las opciones esenciales:
  1. Confesar el delito: es una forma de traicionar al compañer@, qué duda cabe, pero es la única forma de intentar salir libre. Claro que si la otra persona también confiesa los dos delincuentes cumplirán la máxima pena (10 años de prisión)
  2. No confesar: es la forma de colaborar, encubrir el delito. En caso de que la otra persona también colabore la pena será la mínima (3 años), pero si somos traicionados, cumpliremos 10 años en la trena.
Veamos a continuación cuál es el posible razonamiento de cada uno de los presos. ¿Cuál es la solución racional para este dilema"

"Está claro que lo que más me conviene es confesar. La traición es la única manera de tener la posibilidad de salir libre, que es lo mejor que me puede pasar. Con su propuesta, el inspector me está animando a confesar. Todo esto tiene una pega: lo que me ocurra depende de lo que elijan los demás. Si para mí lo más razonable es traicionar, también lo es para mi compañer@ de correrías. Si confesamos los dos, terminamos consiguiendo el peor resultado posible: ambos pringamos 10 años. Quizás lo más razonable sea entonces no confesar, ayudar con mi silencio a que ambos consigamos el mejor resultado posible para todos (sólo 3 años de cárcel). Lo razonable es no traicionar, colaborar y ayudar. Debemos ayudarnos entre nosotros y conseguir así lo mejor para los dos. Pero si yo no confieso, lo más razonable para la otra persona es confesar: me traiciona, se aprovecha de mi buena disposición, pero consigue salir libre, mientras yo me pudro diez años en la cárcel. Este inspector es un indeseable. Con su propuesta me hace depender de terceros, no sé lo que ellos van a hacer y no consigo encontrar una solución...¿Puede ser que no exista una solución razonable a la endemoniada propuesta""

Algo parecido a lo anterior les podría pasar por la cabeza a cada uno de los participantes en una situación estratégica como la que aparece en el dilema del prisionero. Como vemos, las cosas varían mucho si enfocamos el asunto desde un punto de vista puramente individual o desde el punto de vista "social", común. Si pienso sólo en mí, interesa traicionar, pero si todos lo hacemos salimos muy mal parados. Por el bien de todos es mejor no traicionar, pero entonces el interés individual me aconseja traicionar. El círculo vicioso nos tortura y no parece posible encontrar una opción sobre la que pueda sentarse la razón. Una opción estable y equilibrada. Esta fue precisamente una de las aportaciones de J.F. Nash: hay una solución en equilibrio, en la que todos consiguen su mejor resultado, no individualmente, sino como colectivo. Esta solución es, evidentemente, guardar silencio, renunciar a la mejor solución individual para que todos puedan disfrutar de una situación de equlibrio, favorable para todos. Gracias a la colaboración con los demás, podemos conseguir el 2º mejor resultado, lo cual no está nada mal. Estas son las soluciones del dilema, y esta la solución sugerida desde la economía. En próximas anotaciones comentaremos las consecuencias filosóficas de todo esto.