Profesores: ¿funcionarios y funcionales?
Ir por la vida siendo profesor tiene, como todo, sus ventajas y sus inconvenientes. Como he hablado más de una vez con uno de mis mejores amigos, el mejor trabajo siempre es el de los demás: cada uno encuentra que su trabajo es horrible, mientras que los demás no dan palo al agua, y se dedican a vaguear durante todo el día. Y más aún si son profesores. No hay vacaciones que estén peor vistas que las de los docentes, y a todo esto se le une un pecado aún mayor en el caso de los que trabajamos para la enseñanza pública: el “estatus” de funcionarios. Si profesor es ya sinónimo de “dos meses de vacaciones”, a esto hay que sumarle que funcionario es, en nuestro país, sinónimo de “poco eficiente”. Parece que no se distingue, en general, que hay muchas clases y grupos de funcionarios, y que la falta de eficiencia es algo que se deriva, a veces, de la complejidad del servicio que se tiene que realizar. Pero que nadie piense que estoy escribiendo todo esto en defensa de los funcionarios docentes.
Al contrario. Desde que aprobé las oposiciones (o incluso antes…) he conocido casos concretos que suelen ser excepciones en cada centro, pero que no se merecen el nombre de “profesor”. El problema es que a menudo nada puede hacerse en contra de este tipo de elementos que distorsionan la marcha normal de un centro. Su situación de “funcionarios” blinda acciones que en cualquier otra empresa se tomarían sin ninguna duda. Siempre he pensado que una enseñanza “funcionaral” puede terminar siendo una enseñanza muy poco funcional, y a menudo, ineficiente. Pero eso no es culpa siempre de los docentes. Seguro que esto no resulta muy popular entre mis colegas, pero quizás sería necesario reforzar las capacidades del servicio de inspección o habilitar medidas que permitan perder, en casos determinados, la “sagrada” condición de funcionarios, que parece permitir a algunos campar a sus anchas, sin atenerse a normas o a los más elementales criterios de profesionalidad.
Lo peor del caso es que por este tipo de profesores se juzga a menudo a todo un colectivo. Creo que el nivel medio del profesorado (al menos del que yo he conocido en estos años de experiencia) es más que adecuado al puesto que ocupan, y que lo desempeñan con profesionalidad, a menudo con un compromiso con su trabajo que no se encuentra en otro tipo de trabajos. Los alumnos y padres que sean objetivos sabrán reconocerlo así. La labor de estos docentes no debe empañarse por la falta de responsabilidad o por la ineficacia de lo que representa una minoría. Pocos trabajos son más vocacionales que éste, y muchos de los que están en él no se sienten, ni mucho menos, funcionarios, sino sencillamente profesores. Quizás si comenzáramos a valorar más esta labor, y no estuviéramos siempre acusados por el dedo de las vacaciones y el ser funcionarios algo comenzaría a cambiar en la educación española.
P.D: he cogido la foto de [1] este enlace.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] este enlace: http://www.flickr.com/photos/slark/25983731/
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