Público y privado en la red: sobre la libertad
¿Verdaderamente nos libera la red? · Internet
Una de las lineas explicativas de la historia apunta que la modernidad consiste, entre otras cosas, en una creciente extensión de lo que podríamos denominar “espacio privado”. No es que el ser humano descubra su intimidad, sino que se comienza a exigir un respeto y una protección hacia el mismo. La conquista de la privacidad podría ponerse en relación con la clásica definición kantiana de Ilustración: salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. Los procesos sociales, economicos y políticos de los últimos siglos vendrían a ser la expresión de un nuevo modelo de humanidad que pretende librarse de cualquier tutela exterior, comenzando a dirigir su propia vida: a medida que se fortalece la dimensión privada, gana terreno también la libertad.
El enfoque que acabo de resumir es, por supuesto, predominantemente liberal, pero nos guste o no se ajusta bastante a la evolución de los últimos siglos y también a nuestro modo de vida. Desde hace unos años, estamos viviendo en primera persona la implantación y difusión de Internet como una de las mayores revoluciones tecnológicas de la historia. Es este uno de los ejemplos en los que la tecnología traspasa la pura mejora en eficacia, productividad o comodidad, y sus consecuencias llegan hasta la sociedad, incorporándose a la vida diaria de miles de millones de personas. La aldea gobal es más global si cabe gracias a la red, que es interpretada como un instrumento muy poderoso para la libertad humana: gracias a la red vivimos en la sociedad del conocimiento y podemos acceder hoy a más información de la que dispusieron en su día cualquiera de nuestros antepasados y mucha más de la que podremos asimilar a lo largo de una vida humana.
Pero no todo se queda ahí: no faltan quienes confunden los términos y hablan de Internet como la causa (y no el medio) de revueltas como la de Egipto, como si la red por sí sola pudiera cambiar la historia: ¿Por qué triunfan las movilizaciones de Egipto y no otras tantas que se podrían contar por miles que hay en la red? Quizás al movimiento ciudadano se le unan otros intereses menos manifiestos. El asunto es que se crea la ilusión de libertad. Lo cual resulta curioso: hace unos años, los medios alertaban del “peligro” de la red, hoy ensalzan sus poderes liberadores. La imagen predominante ha cambiado sustancialmente. Retomemos ahora la reflexión inicial: ¿gana terreno nuestra privacidad y nuestra intimidad en la red? Es muy dudoso que la respuesta pueda ser afirmativa. Si durante siglos la privacidad ha sido la semilla de la libertad, se podría decir que Internet, el medio de la libertad, es también la herramienta del control: vivir conectado es vivir expuesto a la mirada potencial de millones de personas. Establezcamos dos igualdades. Privacidad es igual a libertad. Internet es igual a libertad. ¿Son ambas compatibles o estamos siendo cómplices involuntarios de una nueva estrategia de control de los ciudadanos?


