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¿Puede la violencia ser positiva?

Sobre el ejercicio de la final

Seguimos con la difusión de algunas de las ideas que han ido saliendo en la pasada Olimpiada Filosófica de Castilla y León. En el ejercicio que se planteó a los finalistas, se podía leer un texto de S.P. Huntington, en el que venía a defender que el odio hacia los demás configura la propia identidad y la violencia es necesaria como herramienta para lograr mantener el orden político internacional. Durante una hora y media pudieron los alumnos seleccionados estrujarse la cabeza para dar lo mejor de sí mismos ante un tema tan actual como complicado: estamos cansados de ver cómo se nos habla de paz y vamos una y otra vez a la guerra. Eso por no hablar de la cantidad de guerras silenciadas o ignoradas que hay en el mundo actual. ¿Vivimos un mundo en paz" Depende de qué ojos sean los que miran. ¿Necesitamos la violencia como garantía" Esta era precisamente la espinosa cuestión a la que hicieron frente los finalistas de la Olimpiada.

Como en ediciones anteriores, tres ensayos fueron seleccionados para su lectura y defensa pública. Y las perspectivas fueron para todos los gustos: el primer ensayo fue una refutación a Huntington en toda regla. Aún reconociendo que la violencia ha estado presente, hemos de esforzarnos para que su presencia y su papel en el panorama internacional se reduzca. Nuestro propio desarrollo histórico apunta en esta dirección, en tanto que los conflictos se han ido reduciendo en las últimas décadas. Quedan aún, por supuesto, muchos pasos que dar y estamos muy lejos de vivir en un mundo en paz, pero hay herramientas que están siendo utilizadas y que están probando sus resultados: el diálogo es la mejor manera de evitar la violencia. De esta manera, la violencia no sería lo que posibilita un mundo relativamente pacífico, sino más bien lo que obstaculiza su realización. La política internacional mejorará en la medida en que dejemos de emplear la violencia, que tan sólo conduce a la creación de más violencia.

Los otros dos ensayos se acercaban más a las tesis de Huntington. En ambos se reconocía que muchos logros históricos son producto de la violencia. Y más aún: las condiciones de vida actuales se pueden mantener en tanto que la violencia es una moneda de cambio habitual, no sólo en la vida diaria, sino también en el orden internacional. Sin embargo, aún reconociendo su función histórica, ambos ensayos rechazaban el uso de la violencia. En opinión de sus autoras, es nuestra obligación introducir un tiempo de cambio, en el que el lenguaje de la violencia deje el paso a otros, como puede ser el de la paz y el diálogo. Como se ve, la argumentación se deslizaba peligrosamente del ser al debe: hasta ahora las cosas han sido así, pero a partir de ahora deberían ser de otra manera. Quizás esta separación entre la realidad y el deseo expresa buena parte de lo que es occidente: en estos días comenzamos a explicar a Nietzsche en clase, y quizás bajo nuestro progreso, y bajo todos los grandes discursos éticos, políticos y filosóficos, esté latiendo una feroz voluntad de poder. Vivimos de la violencia, pero no podemos soportarlo ni aceptarlo. ¿Será esta acaso una posible conclusión del ejercicio de esta Olimpiada"

Quizás el problema radica en intentar dar la misma solución a diferentes problemas.Cada situación, cada realidad histórica, conlleva sus propias soluciones. Intentar dar la misma solución, ya se esté en tiempos paz o en tiempos de guerra, ya se pertenezca a una democracia liberal o a una tiranía, creo que es un profundo error. La verdad, la justicia o el bien, conllevan una componente historico-cultural insoslayable. Pretender que exista una verdad, una justicia o un bien atemporal,es un craso error. Un Saludo