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¿Qué harías tú si fueras George Bush?

George Bush, en un gesto típico de su forma de serTodos estamos ya acostumbrados a escuchar críticas contra el presidente de los EEUU. Terulianos, periodistas, presentadores de telediarios… quien más quien menos ya se ha dedicado a dejar bien claro que el señor Bush no les cae simpático. Será por el antiamericanismo que crece en nuestro país o quizás por las polémicas decisiones o intervenciones públicas del mandamás estadounidense. El hecho es que no gusta. Pese a esto, más de una vez me he preguntado qué haríamos cada uno de nosotros si fuéramos el presidente de EEUU. Y es que tengo la sospecha de que en política no valen las buenas intenciones. El “peace and love” del 68 no sirve cuando estamos en un parlamento, ni cuando tenemos que tomar decisiones que afectan a todo el país. La política no se puede hacer desde los buenos deseos o las acciones bienintencionadas. Como dice un compañero, “eso de que cuando deseas algo de una forma muy intensa el mundo conspira para que lo consigas, es una patraña, una mentira”. Y en política más.

No se trata de ser George Bush o de ser cualquier otro político que venga a sucederle. Se trata de ser el presidente de la que, a día de hoy, es la primera potencia económica del mundo. Se trata de ser el presidente de un país que quiere mantener su situación de predominio dentro de la política internacional. Se trata de ser el presidente de un país que quiere seguir moviendo los hilos políticos, económicos, industriales y energéticos de todo el mundo durante las siguientes décadas. Se trata de un país en el que para llegar al gobierno se necesita el apoyo económico de grandes empresas de distintos sectores, a las que después, lógicamente, habrá que compensar de alguna manera. Se trata de un país con varios cientos de millones de habitantes que quieren mantener su ritmo de consumo, su calidad de vida y su bienestar económico. Imagínate ahora que, de repente, te colocan como presidente de este país. Y no en la ya famosa “second life” sino en la tuya, la de verdad, la que todos deberíamos vivir de un modo auténtico e intenso: la “first life”. ¿Qué harías entonces? ¿Cómo te las apañarías para desenvolverte en un contexto como el que, de una forma muy somera, se acaba de describir?

Con este pequeño experimento no quiero decir que George Bush me caiga simpático, o que esté de acuerdo con todas las cosas que ha hecho. Lo que sí quiero decir es que no me gustaría estar en su pellejo. Que tiene que ser muy difícil conjugar las medidas de la política real (”real politik”, se dice en la teoría política) con las de las política ideal (ideal politik, así de originales son los politólogos…). Que puede haber motivos económicos y energéticos para promover una guerra, pero que está feo (y es de mala educación) decir abiertamente que se va a matar a gente por dinero y por petróleo. Que puede haber motivos políticos y económicos para ir por la vida como el “sherif” del mundo, desacatando la legalidad internacional, haciendo y deshaciendo, sin atender a tribunales o acuerdos internacionales, saltándote los derechos humanos y los acuerdos en materia ecológica, pero que quizás la expresión de estos motivos suene demasiado dura para los oídos occidentales. El bienestar de la propia población es un criterio elemental, y demostrar que se sigue siendo el gallito del corral, otro. ¿Acaso tú no lo harías, si tuvieras el poder que te lo permite? Es obvio que el presidente de la primera potencia mundial tiene dos objetivos (no sé si por este orden): que su partido vuelva a ser elegido y que su país mantenga su hegemonía sobre el resto del mundo. ¿Acaso es posible gobernar con estos objetivos y encima ser bien valorado por los ciudadanos del resto de países?


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