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¿Se escribe demasiado?

[1] Fabián es una de las personas que, a través de su blog, ha abordado en numerosas ocasiones un tema singular: ¿para qué escribir una bitácora? ¿por qué hacerlo? ¿Acaso no estaremos “perdiendo el tiempo” al escribir nuestras bitácoras, llenándolas de experiencias, reflexiones, relatos o descripciones que en realidad pueden no aportar demasiado a los ocasionales lectores? Y de Fabián me acordaba yo el pasado verano viendo la enorme sección de novedades de una librería. Allí había de todo: últimas novelas de grandes “best-sellers”, libros de autores aún no conocidos, poesía, libros de temática local o regionalista (muy de moda, por cierto, en los últimos años), ensayos de célebres filósofos recién publicados. Libros de viajes, de gastronomía, de idiomas, libros de autoayuda, manuales para la vida y para la muerte… Remedios caseros y tradiconales para las enfermedades de siempre. Todo el mundo en unas cuantas páginas, todo el saber acumulado en enormes estanterías. Y ante aquel despliegue de “novedades”, me preguntaba: ¿no estaremos escribiendo demasiado?

Me preguntaba, más que nada, por la calidad de todo aquello que trataba de llamar la atención del lector bajo el rótulo de “novedades”. Y me preguntaba, sobre todo, por cuántos lectores pasarán realmente sus ojos por esas líneas, y por qué ocurrirá con esos libros en el futuro. Sé que la mayoría de ellos terminarán condenados al olvido. del que sólo serán rescatados por el interés de eruditos o posibles investigadores. Sólo un pequeño tanto por ciento de ese ruido editorial se desvelará como una melodía mágica, mercedora de perdurar en el tiempo. Ocurrirá, quizás, que unos se salven injustamente, y otros sigan, también injustamente, callados para siempre, como si nunca hubieran sido escritos. El mundo editorial tiene sus reglas, y funciona según diversos criterios. ¿Tiene sentido toda esta industria si nos fijamos en los índices de lectura? Las dudas al respecto están más que justificadas.

Lo más fácil siempre es mirar para fuera y darse cuenta de esto. Pero si aplicamos todo lo anterior a la explosiva difusión de las bitácoras, las cifras son aún más vertiginosas, y dan aún más miedo. Millones de bitácoras, y el número en aumento. Un gran número de ellas se actualizan prácticamente a diario. ¿Realmente tenemos siempre “algo que decir”? ¿Merece la pena “leernos” entre nosotros? Sé que la respuesta de muchos será inmediata: ninguna bitácora aspira a ser “alta literatura” o a tener la suficiente calidad como para ser publicada. No obstante, el interrogante se mantiene: decir que queremos utilizar el lenguaje (=escribir bitácoras) pero no para hacerlo bien (=cuidar el estilo, el contenido, los recursos utilizados) puede ser una contradicción en sí misma. Una crítica contra editoriales, bitácoras, contra todos los que escriben, bendecidos por la industria o guarnecidos en su bitácora. Una reflexión que debe comenzar por esta misma bitácora: ¿qué escribir? ¿Para qué escribir? ¿Acaso no estaremos escribiendo demasiado?


Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule

Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Fabián: http://bloc.balearweb.net/187

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