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Se pudrió el tomate

Aquí hay tomateDice mucho de nuestra sociedad que un programa como [1] Aquí hay tomate haya permanecido tanto tiempo en antena. Lo más fácil ante este tipo de programas es sacar el cuchillo e ir a degüello. No dejar vivo ni al apuntador, criticando a todos los implicados, desde el director del programa al chico de los bocadillos. Más difícil es hacer autocrítica y mirarnos un poco a nosotros mismos, a esta sociedad de la que formamos parte y que ha apoyado la emisión de este programa con su presencia diaria detrás de la pantalla. Es verdad que el programa ha sido víctima de su propia medicina: el difamador difamado. Cayeron en su propia trampa cuando un programa de la competencia se dedicó a hacer lo mismo que ellos, pero con un humor algo más irónico. La ley de la televisión es así: el próximo paso es que ese mismo programa traspase la línea del mal gusto (cosa que ya ha ocurrido) y comenzará su debacle. Es el circo de la tele que pone y levanta carpas con la misma facilidad que nosotros decidimos cambiar de canal.

Lo cierto es que esta desaparición podría ser un primer paso para “sanear” los medios de comunicación, dominados por periodistas que se dedican a justificarse a sí mismos, al margen de que sean conscientes de que se ganan la vida con una actividad miserable. Hay audiencia, dicen, y la verdad todo lo justifica. Este periodismo “comprometido”, audaz y valiente, que se convierte a sí mismo en el adalid de la autenticidad chapotea regondeándose en la basura humana de la que ellos mismos podrían participar si fueran los entrevistados y no los entrevistadores. El tomate puso de moda muy malas prácticas que luego se han ido extendiendo a otros programas: insultar y descalificar sin motivos, sacar noticias falsas, hacer de cualquier material audiovisual una noticia (bastaba con ponerle la voz en off adecuada que inventara la historia) o vender una noticia que se va anunciando 4 y 5 veces a lo largo del mismo programa. Despilfarrar minutos de televisión (que por lo visto deben ser muy caros) tratando de fijar al espectador con la intriga y el suspense ante algo completamente insustancial. Por eso es periodismo basura: por la forma y actitudes de abordar los temas.

Pero como decía al principio, algo de nuestra sociedad (o incluso del ser humano) sale retratado en este programa y en todos los de su corte. La curiosidad sobre lo vanal elevada a la enésima potencia: nos interesamos por saber que a los famosos les ocurren las mismas cosas que al resto de los mortales. Si vemos uno de estos programas sería difícil encontrar una sola familia española (en el sentido amplio de la palabra, incluyendo tíos, primos, etc) en la que no haya ocurrido algo de lo que ha salido en el tomate en los últimos años: rupturas sentimentales, bodas, divorcios, defunciones, abortos, infidelidades… Todo esto forma parte de nuestras vidas y todos nosotros conocemos a gentes de nuestro alrededor que han pasado por ello. Elevar lo cotidiano, lo normal, lo de todos a una nueva categoría. Eso es lo que consiguen estos programas, sin que aún acierte a saber muy bien por qué. ¿Tiene más interés que el bautizo sea de un primo tuyo o del hijo de fulanita de tal? ¿Por qué nos sentimos atraidos (en mayor o menor medida) hacia ese tipo de información? ¿Hay reglas tácitas sobre la misma que cuando son traspadas implican la desaprobación de la audiencia? ¿Qué hay de cada uno de nosotros en estos programas de “prensa rosa”?


Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule

Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Aquí hay tomate: http://www.telecinco.es/aquihaytomate/

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