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Sin educación en favor de la educación

Día cuasilibre: elecciones sindicales

Los centros públicos castellanoleoneses han celebrado hoy elecciones sindicales. Una cita tan trascendental para el futuro de la educación de la comunidad autónoma requería el respeto escrupuloso de los derechos de los trabajadores. En consecuencia, sindicatos y administración firmaron un acuerdo por el cual los profesores, como el resto de trabajadores, dispondrán de dos horas para elegir al sindicato que ha de representarlos. La casuística de horarios y jornadas de los profesores es tan amplia que algunos centros, para evitar incumplir los acuerdos de la administración, terminen hoy sus clases a cuarta hora, para que nadie pueda decir que no ha podido ejercer su derecho al voto. Una de las conclusiones que se pueden extraer: la imprescindible presencia de los sindicatos en la vida educativa requiere que los alumnos pierdan dos horas lectivas. Algo que, probablemente se podría haber evitado, organizando las cosas de una manera distinta. Paradojas de la vida: acuerdos y sistemas procesales que pretenden ser racionales generan resultados irracionales.

Pongamos un ejemplo: un profesor comienza su jornada lectiva a la tercera hora de la mañana. ¿Acaso no podría votar en las dos primeras horas, en las que no tiene clase directa con los alumnos" O el caso opuesto: aquel que sale pronto los jueves: ¿no puede acudir a las urnas a las 12:45" Se me responderá que las horas de votación no tiene por qué ser las sacrosantas horas complementarias. Esas mismas horas que, llegado el caso, sí pueden utilizarse para asuntos personales de lo más doméstico y banal. Hacer tal o cual gestión en medio de la mañana, entre una clase y otra: ¿quién va a poner alguna pega" Dedicar ese tiempo muerto a una acción tan digna, viva y edificante como elegir a tus representantes sindicales: eso ya no. Se trata sin duda de una lesión en los derechos de los trabajadores. Y ahí estarán los sindicatos para velar atentamente por el cumplimiento del acuerdo firmado por la administración.

Pasarán las elecciones. Volveremos a tener días normales. Algunos liberados podrán respirar tranquilos y volver a respirar tranquilos porque no tienen que pisar ese centro tan alejado de su casa al que les han destinado. Otros, se agobiarán porque su puesto peligra y la amenaza de la piza, la pizarra y los alumnos pende sobre ellos como la espada de Damocles. Y estarán los otros, los que se alegran porque por fin van a pasar a mejor vida. Y mientras el mundillo sindical se reconfigura los alumnos volverán a las aulas y los profesores a sus explicaciones. Normalidad que es la que debería preocupar a los sindicatos: si de verdad quieren que haya calidad educativa, deberían enviar a sus interventores para velar que quien pueda vote en las horas complementarias, y que las elecciones no sean una ocasión para escurrir el bulto o perder dos horas. Miserable es la concepción que parecen tener del profesorado: como si el voto se comprara con dos horas libres, un bolígrafo, una memoria USB o unos claveles. La ética se disuelve en estética. En merchandising. Y en oportunismo.

Desgraciadamente, de acuerdo en la sensación de extraña amargura por el proceder. Lo de las dos horas y los recuerdos dejados estos días me parece un circo de payasos tristes(y yo soy el payaso tonto y otros, quizás ellos, los listos). Bufff... Menos mal que nos queda la filosofía