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Sócrates ¿el tramposo?

Una enigmática figura filosófica · Filosofía


Sócrates es posiblemente uno de los filósofos más conocidos, lo cual contrasta muy significativamente con el hecho de que jamás escribiera ni una sola obra. A falta de textos, tenemos su vida como auténtico libro del que leer y aprender a vivir. Siendo uno de los muchos “mártires” de la filosofía, su figura es un referente moral de nuestra civilización. Cuando terminó de beber la cicuta, nació el mito. La expresión no pretende ser literaria: en cierta forma, el “Sócrates” que nos ha llegado es una recreación literariofilosófica de su discípulo Platón, no exenta de ciertos aspectos mitológicos. A partir de sus diálogos, se ha presentado a Sócrates como un auténtico cruzado en favor de la verdad, en permanente lucha con los sofistas, a los que se suele pintar como aprovechados manipuladores. Sólo en las últimas décadas se han ido revisando estos tópicos, devolviendo a los sofistas buena parte del crédito que la posteridad les negó y cuestionando algunas de las prácticas socráticas. ¿Hasta qué punto está justificado este cambio? ¿Se trata de una moda pasajera o de una reinterpretación razonable de una figura enigmática?

No es preciso acudir a textos ajenos a los platónicos para poner en entredicho la “santidad filosófica” de Sócrates. En varios de los diálogos acusa a los sofistas de vender sabiduría aparente y de jugar en el lenguaje. Crítica que bien podría haberse aplicado a sí mismo: si nos fiamos de los textos platónicos, manejaba el lenguaje a las mil maravillas, y con frecuencia con la única finalidad de crear confusión en su interlocutor. Sus razonamientos eran falaces hasta el punto que ha habido autores que han entendido que Sócrates fue uno más de los sofistas: se le puede descubrir en más de una obra platónica defendiendo una tesis y la contraria. A las dudas filosóficas que arroja el filósofo ateniense se le unen las que se pueden deducir de algunas referencias biográficas: por lo que se dice no se le conoció oficio ni beneficio, y debía deambular sin rumbo fijo por Atenas y sus alrededores, dispuesto siempre a embrollar con sus preguntas insidiosas a quien se cruzara en su camino. Su fealdad no le impidió casarse con Jantipa, aunque por lo que se cuenta no debía pasar mucho por casa y en más de una ocasión debía aparecer a altas horas de la noche después de haberse pasado horas y horas de charla acompañada de vino.

Todos estos rasgos han situado a Sócrates en una posición delicada, con la peculiaridad de que ya no está ninguno de sus discípulos para sacar la cara por él. Pero sí que queda una legión de socráticos dispuestos a contrarrestar la crítica que se ha esbozado antes. Que fuera un sofista no es fácil de refutar: reinterpretar el término “sofista” es el primero de sus argumentos. Y es que los sofistas fueron los impulsores de la ilustración y el saber de su tiempo. Con mejor o peor tino entregaron su vida a la educación y promovieron el progreso social y cultural de las ciudades que habitaron. Y dentro del amplio grupo de sofistas (término que con el tiempo terminó utilizándose para designar a los “sabios”) habría que distinguir a aquellos que pensaban sólo en la ganancia y en el éxito económico y político de sus alumnos de aquellos otros que se preocupaban por que estos fueran “virtuosos”. En este segundo grupo tendríamos que situar al protagonista de nuestra anotación. Con todo lo pendenciero, zángano e impertinente que pudiera ser, Sócrates promovió un modo de vida alternativo a quienes están orientados al poder, el dinero y la fama. Si, como se apunta en la actualidad, fuera un degenerado responsable de pervertir a quien le rodeaba ¿acaso hubiera sido atacado con tanta inquina por un filósofo con tanto olfato como Nietzsche?

§ | Miguel | 5/Oct/2010 | 15:03 | Añadir comentario | Añadir trackback

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Un comentario a “Sócrates ¿el tramposo?”

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¿El método o camino que proponía Sócrates, quizás no fue el elemento perturbador necesario para encontrar o hacer parir, la verdad? ¿Tramposo? Tal vez las mentes acusiosas o raudas puedan pensar eso, pero dejan ver los testimonios de su discipulo Platón, en medio de sus diálogos que el pensador griego estaba más allá del bien y del mal. Siempre me ha quedado la duda del por qué de la inquina de Nietzsche con relación a Sócrates. ¿Por moral? De pronto por el uso de la razón de parte del alemán y de la del filósofo antiguo donde el uno la tiene como mera ayuda a la ejecución de lo concreto realizado en el superhombre y Sócrates en la herramiento principal para la búsqueda de la verdad. ¿El eterno retorno? Instinto, razón, instinto, razón…, no lo sé.

§1 | Marco Antonio Paz | 6/10/2010 | 21:29

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