Pasar al contenido principal

Sólo para ti

¿Qué sentido tiene robar una obra de arte?

El cuadro robado de Picasso (mayo de 2010)El robo de una obra de arte es una actividad tan antigua como el arte mismo. Para el ladrón robar arte implica una diferencia fundamental: es un tipo de robo muy específico, completamente distinto a atracar un banco o robar una joyería. Robar arte representa, en cierto modo, un desafio a la inteligencia en tanto que obliga a superar complicados sistemas de seguridad. No en vano estos robos suelen calificarse con la expresión "de guante blanco": hay un plus en el delito, una dificultad añadida que convierte al ladrón un "artista" en su oficio. Quien sabe: los mismos guantes que emplean galeristas, transportistas, restauradores o comisarios de exposiciones y museos son los que de ciento en viento se prueban unas manos bien distintas, las de aquellos que pretenden desposeernos de la obra del arte. Se puede llegar a entender, por tanto, el desafío que representa semejante empresa. Pero, ¿es posible comprender a quien adquiere la obra robada"

Y es que es mucho más difícil entender al "contemplador" de arte. El que realiza el robo puede ser un "artista" en lo suyo, pero ¿qué cabe decir de quien se dedica a comprar arte robado" Aquel que compra el cuadro robado y se ve obligado a guardarlo escondido en su casa, por miedo de que cualquiera pueda dar el chivatazo y que se presente la policía en su casa. Se le plantean dos alternativas: o esconderlo o mostrarlo diciendo que es una buena copia del original. ¿Qué sentido tiene cualquiera de las dos" Si lo esconde no disfrutará de ello jamás, y si tiene que ocultar la originalidad y el valor de la tela, estaría anulando uno de los motivos principales por los que las clases adineradas compran obras de arte: la ostentación. Nadie compra joyas de oro de 24 kilates para verse obligado a enseñarlas como si tuvieran un bañado en oro. Y sin embargo, a juzgar por la información que se nos ofrece, el arte robado se termina "colocando" muy fácilmente, y no cuesta tanto encontrar comprador. Quizás el único sentido de comprar arte robado sea, quién sabe, realizar la labor de intermediario: comprar para vender.

No dejamos de oir que el mercado del arte (robado o no) resiste al crisis. Esto equivale a decir que el arte es inversión, pero quien compra arte robado no invierte, pues antes o después se descubrirá su delito. ¿Comprar para mirar en exclusiva, para disfrutar de manera única de la obra" No sé si el onanismo estético esté tipificado entre los trastornos psicológicos, pero parece la única salida que le queda a quien compra las obras robadas. Disfrutar de ellas en la mayor de las soledades, convirtiendo a la obra en el más íntimo de sus secretos cuya revelación le puede suponer un buen disgusto. Esta manera de enfocarlo me sugiere una duda más estética que moral: ¿Acaso no es la experiencia estética algo compartido" Parece perverso gozar de un cuadro del que no podamos hablar, ser conscientes de que hay algo extraordinario a nuestro alrededor y no poder compartirlo, disfrutar de ello con otros seres humanos que nos transmitan sus experiencias, sensaciones, impresiones... O dicho de otra manera: el arte es también social y no una experiencia individual. Es la sociedad de cada tiempo la que elabora el discurso del arte. El comprador de arte robado, ¿se verá obligado a crear un lenguaje privado sobre el mismo"