Soy un carcamal (tecnológico, claro)
Qué le voy a hacer, si la tecnología me desborda · Internet
Desde los comienzos de esta página se ha mantenido una distancia un tanto crítica respecto a las nuevas tecnologías. Los lectores habituales lo saben, y abundar en enlaces relacionados con el tema no merece la pena. Pero es que de un tiempo a esta parte voy encontrándome frases, datos, hechos… que provocan que esta alergia (por otro lado, tan propia de estos días) se acentúe. Mi pensamiento estornuda más que mi nariz y mi sentido común me pica más que mis ojos. Y no me estoy refiriendo al circo de “expertos” en TIC que subidos al carro de la industria cultural (charlas, conferencias, cursos…) van vendiendo humo de feria en feria, de universidad en universidad. Dejésmosles hoy descansar, y que sigan buscándose en paz sus próximos bolos. Hoy voy a hablar de dos fenómenos que, puestos a acuñar palabras yo también me atrevo, quisiera calificar de “integrismo digital” y de “sentimentalismo digital”. Y todo esto concretado en dos frases: “La pizarra del aula, tal y como la conocemos hoy, desparecerá de aquí a cinco años” y “no sabes cuánto admiro tu trabajo, eres una referencia para mí”. Ninguna de las dos literales, pero muy aproximadas a lo que se puede escuchar y leer por ahí.
La primera está puesta en boca de un experto en pizarras digitales, encargado por otro lado de vender el encerado del mañana. Las conferencias que dan esta nueva casta de sabios a profesores tanto en institutos, como colegios, universidades y demás instituciones educativas, son tan numerosas que probablemente cause algún tipo de mal pasajero y llegue a nublarles un poco el raciocinio. Acompañados siempre de los últimos “gadgets” tecnológicos puede que ignoren la realidad (incluso arquitectónica) de muchos centros educativos. Alejados del aula y de las condiciones reales de muchos centros (¿acaso alguna vez dieron clase? ¿se acuerdan todavía de esa experiencia?) se convencen a sí mismos con este tipo de frases, tan lapidarias como integristas. Si cualquier profesor dice una fran igual de integrista, pero en sentido contrario (del tipo “la pizarra digital no vale para nada”) es defenestrado al momento. Puede que estos mercaderes tecnológicos reciban el apoyo político del MEC o de las Autonomías y que inunden los centros educativos de pizarras (dudo mucho que sea de aquí a cinco años), pero a la vez que sus bolsillos se llenan, los nuevos artilugios recibirán en más de un caso un uso residual e inadecuado. Y lo digo con conocimiento de causa, porque sé de centros que tienen arrinconada en cada aula una pizarra digital sin usar, mientras los profesores siguen agarrando la tiza todas las mañanas. ¿Se puede cambiar esta realidad en cinco años? ¿Cómo es posible que alguien que da una conferencia vendiendo un producto sea tan tremendamente partidista?
La otra frase a la que me refería puede encontrarse en muchísimas bitácoras, de las temáticas más diversas (desde los “edublogs”, como gustan denominarlas ahora, hasta las bitácoras personales, políticas, tecnológicas…). Ya me parece significativo que muchas de ellas tengan una categoría del tipo “bitácoras amigas”. ¿Qué significado tiene en este contexto la palabra “amigo”? Yo siempre me incliné a pensar que a lo largo de la vida se conoce mucha gente, pero el amigo es una rara avis, difícil de encontrar y más aún de conservar. Esa situación real se invierte en el mundo de las bitácoras: los enlaces son una forma de unión y relación que después se hace más profunda y estable con los comentarios. Gentes que jamás se han visto, establecen unos lazos afectivos que después reflejan en sus comentarios: eres un referente para mi, no sabes lo que me ha ayudado leerte, has impulsado muchísimo mi trabajo, me alegro mucho de tu éxito (¿?)… Cuando estas formas de exaltación de la amistad (virtual) se juntan con la frase del iluminado de la pizarra, me veo obligado a asumirlo: soy un carcamal tecnológico. Una persona decrépita y achacosa en lo tocante a la burbuja tecnológica, alguien que piensa que a la pizarra (y por supuesto A LA PALABRA) le quedan más de cinco años de vida y que está convencida de que la amistad y la efusividad sentimental es algo reservado para los amigos. Será que soy un nostálgico…


