¿Una educación sin filosofía?
Andamos en tiempos de reforma educativa. Como si alguno de los últimos quince años no lo hubiera sido. Y una vez más, se van afilando espadas y argumentarios. La filosofía no puede permanecer ajena: está ya acostumbrada a estar en el punto de mira. En esta ocasión, lo hace desde una doble perspectiva: la controvertida Educación para la ciudadanía y la presencia de la filosofía en el bachillerato. Sobre la primera, poco más se puede decir aquí que no se haya dicho en su día, mientras el engendro se estaba gestando: ya sabíamos que era una asignatura polémica, con algunos epígrafes cuestionables, que sin embargo se ha impartido con una normalidad absoluta. Ahora le cambian el nombre y elminan algún contenido: ¿de verdad era tan necesario? A excepción de sucesos muy puntuales, no ha generado ningún tipo de problema educativo. Y la razón es sencilla: la asignatura de 4º de E.S.O. ha conservado el enfoque filosófico que ya aparecía en aquella otra asignatura, la Ética, que fue sustituida por el invento de la L.O.E. Dicho en otras palabras: los profeores de filosofía hemos seguido haciendo lo que ya hacíamos. Formar ciudadanos a partir de las ideas. De poco o nada servirá cambiar el nombre y el temario sin modificar la asignación horaria: las asignaturas de una hora semanales sirven de muy poco.



El infierno es el otro. Bien podría servirnos esta frase para esbozar el inicio de
Real Madrid y Barcelona se necesitan mutuamente: el uno es impensable sin el otro. Desde hace décadas mantienen una relación de oposición. Los años de gloria del Madrid coinciden, por lo general, con las horas bajas del Barcelona, y a la vicecontra. Representan a la perfección el teatro dramático, trágico y épico en el que las televisiones y los millones de euros han convertido al mal llamado deporte rey. Si los originales guionistas de los informativos pasan todo el año buscando películas y pesonajes de ficción con los que comparar a ambos equipos y sus principales figuras, por algo será. En la actualidad, ambos clubes aparecen representados por sur respectivos entrenadores: Mourinho y Guardiola son “marcas” de sus equipos, auténticos iconos. Ambos simbolizan dos maneras de entender el fútbol: dos filosofías, en un sentido que nada tiene que ver con el académico. No se trata sólo de dos concepciones distintas del juego, sino que habría que hablar de dos ethos distintos, dos caracteres que se expresan no sólo en el terreno de juego, sino también fuera del mismo.
Desde hace ya un tiempo viene circulando por la red una versión tecnológica de una propuesta de la primera mitad del siglo XX: me estoy refiriendo a la 
¿Qué ocurre cuando la única manera de seguir vivo es romper con tus propios principios morales y colaborar con tu enemigo? La película que quisiera comentar hoy habla de la supervivencia. Sin más adjetivos. La situación que plantea es contradictoria y cruel: supongamos que unos prisioneros de los nazis son recluidos en un campo de concentración y se les pide que falsifiquen moneda (libras y dólares) como única vía de salvación. Conservar la propia vida a través de la técnica y al precio de traicionar a los seres más cercanos y queridos y también las propias convicciones morales. Más de una vez hemos hablado por aquí de los dilemas morales: para algunos compañeros distorsionan la enseñanza de la ética, pues presentan circunstancias extraordinarias. El caso es que hubo periodos históricos, como el nazismo, en los que lo extraordinario se volvió cotidiano, y en los que la categoría de ser humano, con todas sus letras, debía ser demostrada en cada una de las acciones y decisiones. La película de hoy nos habla precisamente de esto.